Los problemas nacionales no esperan

Urge que el país reflexione el rumbo más allá de quien ocupe los cargos públicos que se eligen este domingo. Vienen décadas complicadas y será tiempo de tener discusiones serias del rumbo del país, cuando una o varias crisis comiencen a explotar en maneras predecibles y preocupantes.

Por: Raúl Zepeda Gil

En unos días el país votará por Congreso, Presidencia, y numerosas posiciones en todo el país. Contrario a la idea de que lo único que hoy importa es tomar posiciones con respecto a las candidaturas, creo que justo este es el momento de hablar de los problemas públicos del país. Seré breve.

Los temas puestos sobre la mesa por las personas moderadoras de los debates presidenciales muestran claramente que los retos del país siguen ahí, y se están agudizando más. La reducción de la pobreza y las desigualdades es insuficiente, la crisis climática pondrá en peligro a millones de personas mexicanas viviendo en vulnerabilidad y pobreza, la violencia sigue en altos históricos, la violación de derechos humanos continúa sin freno, las finanzas públicas están en riesgo por el cambio demográfico, y Donald Trump puede ser reelecto presidente en noviembre.

Desafortunadamente, no vi en todas las candidaturas y partidos un ánimo de mover la aguja en la dirección que creo conveniente para el país. Más allá de mi impresión, me preocupa el triunfalismo o el alarmismo de los dos lados de la discusión. Los problemas del país están más allá de los polos políticos, y no parecen muy interesados en resolverlos. Mi pesimismo mora en esta circunstancia.

La actitud de actores políticos y ciudadanes cercanos a los proyectos políticos del país ha sido decepcionante. Dedicaron semanas, si no meses, en regañarnos a los no simpatizantes en lugar de atender las preocupaciones de quienes no comparten su proyecto. Nuestra distancia está fundada en pesimismo, escepticismo, o decepción,. Las campañas están supuestamente diseñadas para disuadirnos, pero en mi caso y creo de muchos, nos alejaron más.

A diferencia de muchos, yo creo que las personas votantes en México sí pueden discutir y saber de propuestas sobre los problemas nacionales complejos, más allá de ofrecer soluciones cortoplacistas. Contrario a la idea de que hablar de problemas y soluciones estructurales es electoralmente costoso, he visto campañas en México y el mundo en ese tono que funcionan. La falta de audacia ante el reto nacional va en detrimento de todes.

En particular, los movimientos sociales siguen siendo el corazón de la justicia y la razón en México. Admiro profundamente la tenacidad de las madres buscadoras y las víctimas de la violencia, de les activistas atendiendo la crisis demográfica, de finanzas, desigualdad y climática que se avecina, y de los pueblos indígenas resistiendo al desarrollo ecocida. Mi optimismo está aquí, no en las élites.

Urge que el país reflexione el rumbo más allá de quien ocupe los cargos públicos que se eligen este domingo. Vienen décadas complicadas, y será tiempo de tener discusiones serias del rumbo del país cuando una o varias crisis comiencen a explotar en maneras predecibles y preocupantes. Si no, las crisis y otros actores tomarán las decisiones que deberíamos tomar todes, pero sobre todo las poblaciones más vulnerables. Dialoguemos quienes nos ocupen los problemas y no los cargos. Y quienes ocuparán los cargos deberían atender este diálogo con seriedad.


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