Ciudad de México. Agosto 21.- El Tren Maya, considerado el proyecto insignia de la administración de Andrés Manuel López Obrador, enfrenta una creciente lista de problemas que cuestionan su seguridad y calidad constructiva. El percance más reciente ocurrió en Izamal, Yucatán, cuando dos vagones se descarrilaron a causa de lo que las autoridades describieron como “un error en los cambios de vía automatizados”. El hecho reavivó las críticas sobre la prisa con la que se ejecutó la obra y la falta de pruebas suficientes antes de su puesta en marcha.
De acuerdo con una nota publicada por El País en México, no es la primera vez que el Tren Maya registra incidentes de este tipo. En marzo pasado, en la estación de Tixkokob, otro descarrilamiento se produjo en condiciones similares, también a baja velocidad y con una falla atribuida a la operación manual de un sistema que debía ser automático. A estos episodios se suman decenas de reportes de fallas técnicas desde la primera inauguración: retrasos, vagones sin aire acondicionado y parones durante los recorridos. La oposición ha contabilizado al menos 45 fallas operativas hasta agosto de 2025 y ha exigido suspender de inmediato el servicio.
El megaproyecto, que abarca más de 1,500 kilómetros y terminó costando cerca de 500,000 millones de pesos —más del triple de lo presupuestado—, fue construido en un tiempo récord de tres años y medio, pese a que las principales constructoras advertían que cada tramo requería entre 36 y 48 meses para concluirse. Para académicos como José Gasca Zamora, de la UNAM, la premura por inaugurar la obra antes de que concluyera el sexenio derivó en un proyecto con deficiencias en pruebas de funcionamiento y con estándares de calidad insuficientes.
Los problemas no se limitan a la operación ferroviaria. Durante la construcción se registraron 64 muertes de trabajadores, de acuerdo con un informe de Cohesión Comunitaria e Innovación Social. La mayoría de los decesos ocurrieron en los años de mayor presión por inaugurar el tren, cuando también se reportaron colapsos de muros y accidentes laborales graves.
Además, los cambios de trazado han sido constantes y polémicos. El tramo 5, que conecta Cancún con Tulum, sufrió múltiples modificaciones: primero sobre la carretera federal, luego con tramos elevados en Playa del Carmen y finalmente con un recorrido hacia el interior de la selva. La decisión de construir 67 kilómetros en medio de la Selva Maya derivó en impactos ambientales severos, pese a los intentos de mitigación como levantar 42 kilómetros de vía elevada. Ambientalistas señalan que los más de 10,000 pilotes instalados han perforado ecosistemas frágiles de cavernas, cenotes y ríos subterráneos, además de haberse ejecutado sin los permisos ambientales correspondientes.
Las sospechas de corrupción también rodean al proyecto. En 2024, Latinus difundió audios en los que un empresario presumía haber vendido basalto de baja calidad a través de sobornos a laboratorios para aprobar el material, lo que incrementa las dudas sobre la seguridad de la infraestructura.
En suma, lo que debía ser el emblema ferroviario del sureste mexicano se enfrenta a un historial de fallas, muertes, sobrecostos y acusaciones de corrupción, un escenario que mantiene en entredicho su viabilidad y seguridad a largo plazo.
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