Astillero
Julio Hernández López
A falta de ingredientes más sustanciosos en la muy rebajada reforma electoral, llamada plan B, los ánimos controversiales se están enfocando en el tema de la revocación de mandato y el rol que en busca del voto a su favor (en su defensa, en estricto sentido) podría desempeñar la persona susceptible de tal revocación, en este caso la presidenta de la República si es que se aprueba la iniciativa en sus términos originales y si se decide que esa forma de consulta se realice al mismo tiempo que las elecciones intermedias de 2027.
Es conveniente tener en cuenta que el proceso de revocación de mandato presidencial es una facultad (opcional, no obligatoria) a disposición de ciudadanos que deseen la remoción de quien ocupe la titularidad del Poder Ejecutivo federal y que, con un porcentaje de voluntades ciudadanas comprobables, activen tal opción. El sentido de esa posibilidad, y la lógica política, apuntan a que tal ejercicio debe ser promovido y solicitado por quienes están contra un servidor público, no por quienes desean sostenerlo y confirmarlo.
Se pervierte, pues, la intención natural del mencionado ejercicio cuando es impulsado desde el poder, más aún si la propia persona poderosa, supuestamente sujeta a análisis, aprovecha espacios públicos (la mañanera, giras de trabajo, cámaras y micrófonos en actos oficiales) para promover ese ejercicio inverso y para “defenderse” de una consulta que la oposición no está activando (probablemente porque sabe que sería ampliamente derrotada) y, por tanto, incluso por consideraciones de ahorro, de congruencia con la austeridad proclamada, ni siquiera debería efectuarse.
A ese cuadro del surrealismo electoral mexicano debe sumarse la nada extraña, sino muy indicativa probabilidad de que el ejercicio revocatorio sea colocado en la misma fecha en que se elegirán 17 gubernaturas, la totalidad de la Cámara de Diputados, varios congresos estatales y un buen número de poderes municipales. La presidenta Sheinbaum, ciertamente, estaría en una de las boletas, y habría desarrollado hasta dos meses antes de los comicios una defensa activa de su gobierno para buscar el voto que la confirmara.
Falta ver si se consigue la mayoría calificada en el Senado para aprobar este plan B (en el PT ayer mismo se expresó reticencia en cuanto al punto revocatorio), si se mantiene el transitorio que permitiría escoger la fecha del susodicho ejercicio (en el tercero o el cuarto año de gobierno) y si la presidenta Sheinbaum decide que sea en 2027. Ya se había dicho aquí, y ahora se reitera: el plan B en realidad es el plan E(lectoral).
El coordinador de los senadores del partido Verde, Manuel Velasco Coello, dio a conocer una lista de precandidatos a gobiernos estatales que consideran deben ser incluidas en las encuestas que realizará Morena rumbo a 2027. Destaca la insistencia en proponer a Ruth González, esposa del actual gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, aunque con la advertencia de que el PVEM irá por su lado si el partido guinda no desea ir en alianza electoral en esa entidad. Otra carta notable es el diputado federal Manuel Cota Cárdenas para Baja California Sur, donde su padre, Leonel, ya fue gobernador. De negociarse esta postulación, el Verde sumaría a sus negocios habituales otro destino de muy redituable desarrollo turístico.
El deshielo diplomático se va convirtiendo en aguas de calidez irrigadoras de “disculpas” balompédicas, con la presidenta Sheinbaum invitando al rey Felipe VI a venir a México en alguna fecha del Mundial de Futbol. Recuérdese que la selección hispana jugará contra Uruguay el 26 de junio en Guadalajara, en el último partido de la fase inicial de grupos. A la vez, la mandataria de México podría acudir a Madrid a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que se realizará el 4 y 5 de noviembre de este año. ¡Hasta mañana!
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