LOS 15 DÍAS MÁS LARGOS


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Pese a que vivimos en la dizque era de la información, en que las noticias que antes corrían como incendio en pastizal ahora parece que viajan a la velocidad de la luz, y aun cuando que en las redacciones de los medios de comunicación se ha hecho costumbre cómodamente abusar de los boletines de prensa de las dependencias gubernamentales, a veces salta la liebre de una nota contradictoria.


Este fue el caso de la información dada a conocer los días posteriores al 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes, y el día último del año, en que los que eran, dejaron de serlo, y puntualizando que el anterior presidente municipal José María Fraustro Siller se había comprometido en lo personal, y con su larga experiencia como burócrata de bajos, medianos y altos vuelos, a concluir los trabajos de remodelación de la calle General Cepeda, en el centro de la ciudad de Saltillo el día 29. Sobra decir que el día, con sus largas veinticuatro horas, vino y se fue, y la mentada obra ni se acabó, ni se entregó, ni se explicó nada, pues los funcionarios municipales andaban en otras cosas, cualesquiera que estas fueran, pero no en cumplir con su obligación ante los ciudadanos, a la que ellos y no otros, le habían puesto fecha.


La primera nota de entuerto vino supuestamente del propio ayuntamiento, del saliente, no del entrante, e iba en el sentido de que no había nada que preocuparse, pues lo que le falta a los trabajos en General Cepeda es cualquier cosilla, en máximo 15 días estaría todo terminado, en forma, ya que no en tiempo, y se daría el cerrojazo a esa vergüencilla y mancha de la pasada administración, ya la actual decidiría si la inaugura con platillo, bombo y desfile como si fuera propia, o la deja correr como lo que es, cosa pendiente de los que se fuero, y con quitar los tambos esos naranjas con los que impiden el tránsito, ya se abre la vialidad, sin ninguna mención de nada, después de todo, el que quiera confeti, que se lo compre y se lo eche solo.


Quince días para algunos y para algunas cosas es mucho, para otras es poco, como siempre es un asunto de percepción, lo que sí es que… si algo debió estar terminado, limpio, revisado, evaluado y entregado un mes o más antes del fin de la administración, algo a lo que se le extendió plazo perentorio hasta dos días antes del fin del trienio, así fueran quince minutos sería mucho, quince días es demasiado.


Peor lo podemos poner si pensamos en el tiempo de trabajo de una o varias cuadrillas de trabajadores, con el equipo de construcción liviano y semipesado que se estuvo utilizando, a lo mejor no todo lo intensivamente que debieron. Entonces ya estamos hablando de que lo pendiente no es cualquier cosita, sino algo gordo. Así como se planeó, o se dijo que se había planeado de origen, se suponía que para cada tramo de la calle de General Cepeda se llevarían un mes y medio, cuarenta y cinco días naturales desde que se iniciaran los trabajos hasta que se concluyeran, los citados quince días es una tercera parte del plazo, una gracia de un tercio es mucho, en una empresa privada esa clase de tardanzas no estarían permitidas, o sí, pero penalizadas con mucho dinero.


Todavía cuando estaban en los plazos planteados, los ingenieros burócratas, o los burócratas ingenieros debieron hacer un replantemiento… oiga señor alcalde, no nos estamos tardando mes y medio, sino dos meses y medio tirándole a tres, ¿cómo le hacemos?, ¿qué decimos si nos preguntan?, porque como lo constataron varios reporteros que cubrieron los avances, o su falta, hubo semanas enteras en las que había allí cinco trabajadores, no más, y las máquinas estaban allí sin moverse. Sus razones habrían, no lo vamos a negar, pero no estamos hablando de la falta de dinero, ese es otro departamento, pero el retraso es el retraso, y si no se dan las explicaciones debidas, queda en incumplimiento.


La otra nota, la de la contradicción, la dio el nuevo director de Obras Públicas municipales, Antonio Nerio, a quien los reporteros con la grabadora desenvainada fueron a preguntarle sobre el pendiente, y sobre la promesa de los quince días que le habían dejado en calidad de endoso. Poniendo las ies bajo los puntos, Nerio, que no es nuevo ni en las grillas ni en las burocracias respondió pintando su raya, él no podía fijar un plazo para concluir los trabajos, y háganle como quieran.


Claro, si el ayuntamiento encabezado por Javier Díaz así lo quiere y lo decide, le aplica los pocos o muchos recursos disponibles a sacarle la espina que se llevó clavada Chema Fraustro, lo cual retrasaría el arranque de sus propios proyectos en la época más importante del trienio, los primeros cien días, conocidos como la luna de miel con los gobernados.


Sí, la obra importa, pero no más que lo que trae el nuevo alcalde en el morral, algo con lo que quiere dejar bien fincado en la mente de los saltillenses, que no le saca a la chamba, que ‘por amor a Saltillo’ va a marcar una diferencia, y sacar los pendientes que le dejaron, no es precisamente su prioridad, al menos no hasta que los vecinos y sus exigencias lo conviertan en problema político.


En fin que allí está el problema, el planteamiento y el plazo, ya estaremos viendo qué tan sólida es la línea de continuidad o el desmarcaje entre el alcalde entrante y el que se fue, y en esto tiene mucho que ver lo que desde Palacio Rosa den como instrucción.


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