Horacio Cárdenas Zardoni
¿Alguna vez escucho hablar, vio fotos o leyó historias en las que se mencionaba el Blackbird SR-71? Si viene usted de los años locos de la Guerra Fría, seguramente sabrá más de este, catalogado como el avión espía más avanzado del mundo, que un servidor. Para quienes gustábamos de armar aviones a escala, conseguir, armar, pintar y exhibir el modelo de este aparato era un orgullo, y es que, pintado todo de negro y con una silueta muy característica, el tal avión era lo máximo para la imaginación… Y para los servicios de espionaje militar del bloque occidental.
Leyendo un poco las especificaciones de este avión fabricado por Lockheed Martin, que estuvo en servicio desde los años sesenta del siglo pasado, tenía un fuselaje de titanio y polímeros que impedía ser localizado por los radares enemigos. En el terreno de lo mitológico, presumían que sus cámaras y lentes podían ubicar una pelota en un campo de golf, mientras volaba a alturas y velocidaded que ningún avión comercial soñaría siquiera. Muchos de los movimientos de tropas en países enemigos fueron descubiertos y luego neutralizados gracias a las acciones de este aparato, que por lo demás, costaba muchos millones de dólares, y solo lo tenía el ejército de los Estados Unidos.
Todavía hace pocos días, las autoridades liberaron el dato de que durante sus años de servicio, la flotilla de SR-71 fue atacada con calonesy, misiles y cohetes no menos de cuatro mil veces… Y no lograron tumbar uno solo.
Bueno, pues ese avión espía que hizo época en la Guerra Fría y en la imaginación de millones de escuincla, se fue quedando obsoleto. Cosas del avance de la tecnología. Hoy hay aviones y satélites en órbita mucho más eficientes, más precisos, más baratos de producir y operar. Sí antes podían localizar la citada pelota de golf en un campo de lo mismo, hoy han de ser capaces de encontrar la cochinilla que se escondió abajo de la tal pelota, por si fuera poco, en tiempo real, descubrir la línea del tiempo y otros datos relevantes, o no tanto.
Todo esto viene a cuento por lo del derrame de petróleo crudo en el Golfo de México, asunto sobre el que ha corrido tanta o más tinta que hidrocarburos contaminando las costas desde Tabasco y Veracruz hasta Tamaulipas y probablemente Texas, Louisiana y Florida.
Todo ha sido desinformación en torno al incidente, de parte del gobierno mexicano, considerando sus dependencias: La Secretaria de Energía, la Secretaria de Marina, la de Gobernación, el gobierno de Veracruz, Petróleos Mexicanos, Peoteccon Civil, el área que tenga a su cargo Ecología, la de Pesca. Para todas ellas no pasó nada o nada importante.
Para la sociedad civil, las bastante aguerridas organizaciones ecologistas es al revés, se trata de una catástrofe en toda la línea… Del litoral del Golfo de México o de América, al gusto de cada quien, con daños en aguas someras y mar adentro hasta quien sabe cuántos kilómetros.
Lo más escandaloso del asunto es que se dice que ocurrió desde febrero, y el gobierno se lo guardó, como todo lo que no le conviene que se difunda, incluyendo además del derrame, el fracaso en las acciones de contención.
¿Realmente no tuvieron ‘inteligencia’, dejémoslo en información sobre el problema, no hablemos de los satélites mexicanos, que no hay, vuelos de la Marina, reportes de PEMEX, etc.?
Pero que eso ¿No les pasó datos el Centro de Control de Huracanes, la NOAA, la NASA, Google Earth, Elon Musk, todo el mundo que tiene satélites en órbita? ¿O se los pasaron y no les hicieron caso?
Lo último que supimos es que no había un barco, un narcobuque, sino dos… Y nadie sabe ni el nombre, ni la bandera, ni el registro internacional… Nada…
¡Que falta nos hace un SR-71 para enterarnos de algo de verdad en este pais de mentiritas…
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