El asesinato del alcalde Carlos Manzo desató una ola de protestas violentas e indignación popular en Michoacán. Acusan al Estado de negligencia o complicidad
Morelia, Michoacán, 04/11/25 (Más).- El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ha detonado una ola de protestas violentas e indignación popular en Michoacán, donde los ciudadanos han tomado las calles con gritos de justicia y reclamos directos contra el gobierno estatal.
Desde el domingo por la tarde, el Palacio de Gobierno en Morelia se ha convertido en el epicentro de una revuelta social que no cesa, entre barricadas, vidrios rotos, enfrentamientos con la policía y gritos como “¡Manzo no murió, lo mató el Estado!”.
De acuerdo con la cobertura periodística de El País, cientos de manifestantes irrumpieron en el edificio gubernamental la noche del domingo, causando destrozos y obligando a las autoridades a blindar el recinto con cinco líneas de vallas y una estructura metálica.
Las protestas continuaron el lunes, con choques entre estudiantes y cuerpos policiales, y se extendieron a otras ciudades del estado como Uruapan y Apatzingán, donde incluso fueron incendiados monumentos y oficinas municipales.
La figura de Carlos Manzo, asesinado el pasado sábado en plena plaza pública durante las celebraciones del Día de Muertos, ha cobrado una dimensión simbólica. Era un alcalde independiente, cercano a la ciudadanía, que denunciaba sin reservas la presencia del crimen organizado en la región y la falta de apoyo de las autoridades. Su muerte ha sido percibida por muchos como el reflejo de un Estado ausente e ineficaz frente a la violencia.



Ese mismo día, en otro hecho violento, fue asesinado en su domicilio el sobrino del exlíder de autodefensas Hipólito Mora. Semanas antes, el productor de limón Bernardo Bravo también fue ejecutado por denunciar extorsiones en Tierra Caliente. Con tres alcaldes asesinados en lo que va del año, Michoacán vive una grave crisis de seguridad que ha superado los límites de la institucionalidad local.
El gobernador morenista Alfredo Ramírez Bedolla, blanco de las protestas y señalado por supuesta “desatención” por fuentes federales, no estuvo en la capital durante los disturbios del domingo. Acudió al funeral de Manzo en Uruapan, pero debió salir escoltado entre gritos de “¡Fuera asesino!”.
Manzo, quien llevaba poco más de un año en el cargo, había solicitado ayuda reiteradamente a los gobiernos estatal y federal, alertando sobre los riesgos a su seguridad.
La investigación del asesinato señala como responsable a Osvaldo Gutiérrez, alias ‘El Cuate’, presunto integrante del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), grupo que mantiene una violenta disputa territorial en Michoacán contra Los Viagras y Cárteles Unidos. Dos atacantes fueron detenidos y uno más abatido por escoltas del alcalde. Las organizaciones criminales involucradas han sido incluidas recientemente en la lista de grupos terroristas elaborada por Estados Unidos.
En Uruapan, el domingo se realizó una marcha en memoria de Manzo, donde jóvenes vistieron camisetas blancas y sombreros, distintivos del movimiento independiente que él fundó. “No marchamos solo con rabia, marchamos con miedo, porque levantar la voz en este estado es peligroso”, declaró una estudiante a medios locales.
Como parte del homenaje, los manifestantes colocaron un altar frente al Palacio de Gobierno de Morelia, con flores de cempasúchil y mensajes como “¿Para qué quieres los monumentos limpios en un país lleno de sangre?” o “El legado del Sombrero vive”. Mientras tanto, la tensión persiste en las calles, al tiempo que la ciudadanía exige respuestas a un crimen que, para muchos, simboliza la descomposición del poder frente al crimen organizado.
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