Por Zitamar Arellano Trueba
Saltillo, Coahuila 24/03/26 (Más).- Carlitos, un pequeño bebé de dos meses de edad, llegó al curul de diputada María del Mar Treviño Garza, presidencia de la Mesa Directiva del Congreso del Estado durante una sesión oficial generando, primero, extrañeza entre los diputados, aunque después ternura y simpatía, en uno de los escenarios más serios y formales del poder público.
La escena tuvo como coprotagonista a la diputada Treviño Garza, quien apareció en su lugar de conducción legislativa con su hijo en brazos en una imagen poco común, y probablemente inédita, dentro de la vida parlamentaria local.
El momento rompió por unos minutos la rigidez habitual del salón de sesiones y dio paso a sonrisas, miradas curiosas y comentarios afectuosos entre legisladores y asistentes.
Más que un gesto simbólico planeado con el objetivo de dar un mensaje “especial o distinto” desde el Congreso, la presencia del bebé fue resultado de una jornada resuelta sobre la marcha.
Según relató la propia legisladora, su esposo tuvo que salir a Monterrey por motivos de trabajo y ella debía encabezar la sesión, por lo que optó por llevar consigo al pequeño. Para atenderlo, contó también con el apoyo de un hermano suyo, que acudió al Congreso para hacerse cargo del niño mientras ella continuaba con sus responsabilidades.

La imagen de la presidenta del Congreso despachando asuntos legislativos con su hijo en brazos dejó ver una faceta tan doméstica como inusual del poder público: la de una madre que no suspendió su función institucional, sino que la acomodó a la nueva rutina que le impone la maternidad.
Apenas convertida en mamá por primera vez el pasado 15 de enero, Treviño Garza enfrentó así una mañana de trabajo legislativo y crianza simultánea, en un ejercicio de auténtico multitasking femenino.
La propia diputada contó que antes del arranque de la sesión alimentó al bebé para mantenerlo tranquilo, y que más tarde incluso se ausentó por unos minutos para amamantarlo en el nuevo lactario del Congreso del Estado, un espacio recientemente habilitado dentro del recinto legislativo.
Ese detalle añadió otra capa al episodio: no sólo la presencia del bebé en el pleno llamó la atención, sino también el uso práctico de una infraestructura pensada justamente para conciliar maternidad y trabajo y que la diputada estrenó, pues no había sido utilizado desde su apertura el mes pasado.
Lejos de alterar el desarrollo de la sesión, Carlitos se mantuvo sereno y sólo, según dijo su madre, suele llorar cuando tiene hambre. Esa calma permitió que el pequeño compartiera con naturalidad una mañana legislativa que terminó por convertirse en anécdota política y familiar a la vez.
El episodio dejó una postal poco habitual en la vida pública de Coahuila: la de una presidenta del Congreso conduciendo la sesión con un bebé de dos meses cerca de sí alternando el deber institucional con la lactancia y los cuidados maternos.
Entre la sorpresa inicial y la simpatía posterior, la escena terminó por leerse como una muestra de osadía y pericia de madre trabajadora en uno de los espacios más formales del poder estatal.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
