por Horacio Cárdenas Zardoni
Una cosa nos quedó clara cuando la protesta de los alumnos del Instituto Tecnológico de Saltillo en el mes de septiembre del año pasado, los ciudadanos pueden organizarse de tal manera que aun las situaciones más complicadas, nos afecten lo menos posible.
Le llamamos complicada porque involucraba a jóvenes, integrantes de una de las principales instituciones públicas de educación superior de Saltillo, tenía una motivación bastante clara, de orden político, la cual fue presenciada en vivo y en directo por algunos miles, y comprobable por todo aquel que quisiera verlas en las benditas redes sociales, pero que con todo y que se trataba de una simpleza, era difícil articular una solución en la que no saliera manchado el orgullo de los poderes públicos, el estatal, el municipal, y de pasada también el federal, de allí que algo a lo que nadie debió dedicarle más de diez segundos y un par de memes, se convirtió en una de las tomas más largas del bulevar Venustiano Carranza, si no la que más, en la vía de mayor importancia de la capital de Coahuila.
La toma duró, si no recordamos mal, diez días, mismos en los que el tráfico en ambas direcciones, de sur a norte y de norte a sur sobre Carranza, tuvo que ser desviado por las escasas vías que existen para ello, tomando calles de la colonia República, para acceder a Isidro López de un lado, Hidalgo o Abasolo, por el otro. Ya los muy aventurados o quienes conocen bien la zona, se iban por callecitas de normalmente poco tráfico, para evitar los semáforos y los cuellos de botella.
Con todo, la percepción de los conductores, que por las razones dadas más arriba, criticaron poco, toleraron y respaldaron mucho el movimiento de los estudiantes del Tecnológico Nacional, fue que sí, se perdía tiempo, se daba mucha vuelta, pero en general, la afectación fue sorprendentemente limitada, todos esperábamos un caos, que afortunadamente no llegó. El caos normal regresó cuando se levantó el plantón luego de la instalación de una mesa de diálogo que todavía se reúne de vez en cuando, y lo más importante y difícil, la disculpa pública del gobernador de entonces Miguel Riquelme y del todavía alcalde José María Fraustro, además de la remoción de la directora que autorizó lo que fue interpretado por los educandos como que habían convertido su institución educativa en una cantina.
Los momentos críticos nos muestran que podemos portarnos a la altura, para minimizar los efectos perniciosos. Malo cuando se normaliza la situación… y regresamos a como estábamos, si no es que peor. Todo saltillero sabe que los viernes el tráfico en la ciudad es caótico. Ya no importa la temporada, ni el clima, parece que todo el mundo tiene qué o quiere salir en su carro, los trayectos se hacen lentísimos en cualquier zona y dirección, eso es lo que temíamos en aquel septiembre, un atascamiento en el tráfico y nos dio gusto corroborar que no ocurrió, ni siquiera los viernes.
Hasta donde recordamos, en aquellos días que se fueron sucediendo, el transporte de personal no varió sus rutas, siguió circulando por Venustiano Carranza en los horarios acostumbrados, en la mañana, la tarde y la noche. Con todo lo atrabancados que suelen ser los choferes, se adaptaron bien a la situación, compartiendo las desviaciones obligadas, respetando el derecho de paso de unos, cediendo espacios, lo que fue necesario. Todos estábamos atorados en el tráfico, y se portaron mucho mejor de lo que su conducta cotidiana permitía esperar. Todo se solucionó, y alguna enseñanza hubo, pero no la aprendimos pareja.
Ahora con la bizarra manifestación que pretendía impedir la elección de nuevo rector de la Universidad Autónoma de Coahuila, se vivió el mismo fenómeno que con la de cuatro meses atrás, la toma de bulevar Carranza casi en el mismo punto de la ocasión anterior, en lo que pone de manifiesto lo vulnerable que es Saltillo en materia de comunicaciones terrestres, y el uso político que quienes abanderen cualquier causa, pueden hacer de él.
Desde el primer momento fue notorio que la gente que transita por Carranza se lo tomó menos solidariamente que la vez pasada. Sea que no había la misma motivación, sea que no hubo suficiente difusión del asunto o que no le concedieron la misma importancia, el caso es que la opinión más generalizada es que ahora sí estorbaba el plantón, como la vez anterior no estorbó de la misma forma.
Y ni modo, a sacarle la vuelta a la manifestación, ¿pues qué otra?, ni modo de bajarse a reclamarles, aunque hubo quien sí tenía ganas de hacerlo. Además que los agentes de tránsito estaban desviando el tráfico desde una calle antes, con lo que el tramo a recorrer habiendo dejado el carro tirado, era bastante.
Otra cosa que notamos es que el transporte de personal brilló por su ausencia. Vaya a saber si recibieron una notificación de las autoridades municipales, específicamente de tránsito, o si tienen a alguien pendiente de las redes sociales o de lo que pasa en la ciudad, el caso es que se pusieron al alba, y durante las cuatro o cinco veces que recorrimos el trayendo en los horarios de siempre, no vimos sus camiones. Tampoco es que los extrañáramos, no somos precisamente sus amigos, y siempre estamos con el temor de convertirnos en sus víctimas, pero sí fue algo de llamar la atención, el no compartir las largas y lentas filas.
¿Qué pasó?, no creo que haya funcionado el publicitado programa antiembotellamiento que dijo el ayuntamiento que iba a implementar ya por estos días, más bien sospecho que tienen una estrategia para lidiar con esta clase de situaciones, de la cual no enteran al respetable público, y no tienen porqué hacerlo. Pero se nota.
Esto nos da pie a nosotros a comentar que… lo hemos dicho muchas veces, de ellos y de otros grupos de interés, que se aprovechan de lo que hay, infraestructura, leyes, fallas en la autoridad y en la reglamentación, para sacar la mayor tajada posible en los tiempos buenos, y en los tiempos malos echan mano de sus recursos para que les afecte lo menos posible.
Visto que hay manera de que las empresas transportistas de personal usen vías alternas en situaciones de emergencia, ¿porqué ha fallado el llamado a dejar de usarlas en condiciones normales?, esto que notamos nosotros a ras de suelo, ¿cómo es posible que no lo vean en el Instituto Municipal del Transporte, si es que se encarga de eso, o quien sea, el alcalde, el secretario del ayuntamiento, su montón de asesores, técnicos y demás? Enseñanza hay, cosa que quieran verla y aplicarla.
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