REDACCIÓN MÁS / IA
En 2021, Delia Quiroga hizo algo inédito en la historia de México: mandó un comunicado en redes sociales a nueve cárteles del narcotráfico para buscar el cuerpo de su hermano y de otros familiares desaparecidos en el Estado de Tamaulipas. A esta petición se sumaron decenas de los más de 240 colectivos de familiares de México, que acumula más de 110 mil desaparecidos. Un año después, Ceci Flores se inspiró en Quiroga y público un vídeo pidiendo lo mismo para recuperar los cuerpos de sus dos hijos en Sonora y Sinaloa. Pero la decisión de exponerse que tomó Flores tuvo consecuencias: tiene permitido buscar, recibe información de los carteles para hacerlo, pero vive amenazada por esos mismos narcotraficantes, que también le han puesto precio a su cabeza, relata Almudena Barragán, periodista de EL PAÍS México especializada en género.

Ceci Flores recuerda con precisión las horas desde que Alejandro desapareció en 2015. En México, donde las personas rara vez desaparecen por decisión propia, comandos armados del narcotráfico o incluso policías y militares vinculados al crimen organizado son los responsables de estas desapariciones. Ceci no sabe qué cártel se llevó a su hijo mediano, pero sí sabe por qué lo hicieron. En mayo de 2019, su hijo mayor, Marco Antonio, salió de su casa en Bahía de Kino, Sonora, junto con su hermano pequeño, Jesús. Minutos después, se desató una balacera y la mafia se llevó a Marco Antonio. Seis días después, Jesús llamó a su madre, pero Marco Antonio nunca volvió.
Delia Quiroga, de Tamaulipas, uno de los estados más peligrosos de México, perdió a su hermano Roberto porque no quiso pagar la extorsión que le exigían al restaurante de su madre. En 2021, Quiroga fundó un colectivo de familiares y envió un comunicado en redes sociales. Muchas mujeres de otros colectivos comenzaron a comunicarse con ella, incluyendo a Ceci Flores. A falta de apoyo institucional, los familiares decidieron tomar picos, palas y varillas para buscar a sus seres queridos. El comunicado de Delia no solo fue excepcional, sino también muy osado, ya que pidió un pacto de paz a los grupos del crimen organizado.
Después del comunicado, el narco permitió al colectivo de Quiroga excavar en un terreno de Tamaulipas conocido como La Bartolina, de donde extrajeron 500 kg de huesos calcinados. Quiroga no buscaba justicia ni encarcelar a nadie, solo quería encontrar a su hermano. Aprendieron a buscar siguiendo las pistas que les llegaban por redes sociales, como Facebook y Twitter.
Ceci Flores y Delia Quiroga viven desplazadas bajo el mecanismo de protección para familiares de desaparecidos. Sin embargo, este mecanismo a menudo se reduce a un botón de pánico y una casa lejos de sus hogares. La mayoría de las madres se quejan de la insuficiencia del apoyo.
En abril de 2023, Ceci Flores recibió una llamada anónima que la llevó a Sinaloa para desenterrar unos cuerpos. Durante la búsqueda, su camioneta se estropeó y estuvo 19 horas perdida en el desierto. Aunque esa vez no encontró a su hijo, la madre buscadora se convirtió en el rostro de miles de mujeres que buscan a sus hijos desaparecidos.
En México, la solidaridad entre las madres buscadoras es absoluta. Ceci Flores, por ejemplo, ha ayudado a encontrar los cuerpos de los probables asesinos de sus hijos, mostrando que la lucha es por la verdad y la dignidad. Desde que empezó la guerra contra el narco hace casi 20 años, se ha insinuado que las personas desaparecidas estaban en malos pasos, lo que justificaba la falta de investigaciones. Sin embargo, la realidad es que entre los más de 110 mil desaparecidos hay estudiantes, profesionistas y migrantes, además de personas que trabajaban para el narco.
Los colectivos de familiares de desaparecidos conviven con todo tipo de personas, y en esa contradicción radica su importancia. Delia Quiroga y Ceci Flores, negociando con el narco y ayudando a otras familias, buscan encontrar a sus seres queridos y pacificar todo un país. La violencia en este contexto puede alcanzarnos a todos, y como Ceci Flores dijo una vez: «Si nos matan a las madres, desaparece la posibilidad de que ellos un día vuelvan a casa, porque cuando ellos desaparezcan, la única que los va a buscar es la mamá». Las familias tienen derecho a encontrar y enterrar a sus muertos, fueran quienes fueran.
Este texto es una extracción del episodio forma parte de una selección de podcast para el verano de EL PAÍS.