Las dos caras de la guerra de las Malvinas

Gerardo Domínguez

EFE REPORTAJES

Hace cuarenta años el enfrentamiento militar entre Argentina y el Reino Unido colocó el nombre de las Malvinas en las portadas de los medios de comunicación. El escenario de la guerra era un remoto lugar en el Atlántico sur, muy cerca de la Antártida, del que muy pocas personas ajenas a estos dos países habían tenido noticia hasta entonces.

Sin embargo, tanto para argentinos como británicos, las islas eran parte de su historia. Una crónica de usurpación para los primeros y bravura y tradición para los segundos. Una apreciación opuesta que comienza con los diferentes topónimos que utilizan los dos países para referirse al archipiélago: islas Malvinas para Argentina y Falkland Islands para británicos.

Estas diferencias se extendían además al liderazgo político durante 1982. Por un lado, fríos y ceñudos generales. Frente a ellos una mujer de aspecto frágil que pasaría a la historia como la Dama de Hierro, Margaret Thatcher.

LA DISPUTADA SOBERANÍA DEL ARCHIPIÉLAGO.

Para las autoridades de Argentina, las Islas Malvinas formaron parte del área bajo jurisdicción de España desde la entrada en vigor de los primeros instrumentos internacionales, como las Bulas Pontificias y el Tratado de Tordesillas de 1494, que delimitaron el Nuevo Mundo poco después del descubrimiento en 1492. Cuatro años después de declarar la independencia de España, la bandera de Argentina fue izada por primera vez en las islas en 1820.

Una versión alejada de la esgrimida por el Reino Unido que argumenta que el primer desembarco de europeos en las islas fue el de John Strong, capitán de la Royal Navy, en el año 1690. Él fue el encargado de darles el nombre por el que son conocidas en su país en honor de su empleador, el aristócrata Lord Falkland. 

Además, el Reino Unido esgrime el derecho a la autodeterminación de sus habitantes, que actualmente son en su mayoría de origen británico. Un argumento discutido por Argentina, que denuncia que en 1833 se produjo la que consideran usurpación británica de las islas y la expulsión por la fuerza de la población local. 

SITUACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL DE LOS DOS PAÍSES EN 1982

En el momento de comenzar el conflicto, Argentina estaba regida por un gobierno militar de métodos dictatoriales, que no había impedido el nacimiento de una oposición, todavía incipiente, que exigía un cambio democrático y el esclarecimiento de las desapariciones de miles de personas durante la represión. Tampoco la economía ayudaba a los militares, que no habían conseguido enderezarla y se enfrentaban a la caída del PIB y al alarmante aumento de la inflación.

Tampoco el Reino Unido pasaba por su mejor momento. La popularidad de la primera ministra Margaret Thatcher había caído en picado desde que comenzase una revolución conservadora que había minado muchos servicios públicos. Además, el país enfrentaba una mala situación económica, con un descenso de la producción industrial, el aumento del desempleo y la depreciación de la libra esterlina.

Al igual que para los militares argentinos, el conflicto fue una oportunidad para Thatcher de poner por delante los valores patrióticos frente a las estrecheces económicas. Al mismo tiempo construía una imagen de fortaleza y liderazgo, tanto desde el punto de vista doméstico como internacional, en un mundo que todavía se debatía entre los bloques occidental y soviético.

DE LA EUFORIA ARGENTINA A LA HUMILLACIÓN BRITÁNICA

Nada más conocerse la noticia del desembarco argentino, la euforia se apoderó de los ciudadanos, que en Buenos Aires y otras ciudades recibieron con júbilo el anuncio de la recuperación de las islas y celebraron la victoria sobre el país que consideraban había usurpado su derecho sobre las islas 150 años atrás.

En Londres la recepción fue muy diferente. En el plano político los ataques de la oposición al Gobierno provocaron la dimisión del ministro de Exteriores Lord Carrington. Entre los ciudadanos se extendió un sentimiento de furia y humillación, que veían la invasión argentina como un nuevo golpe a su orgullo y le ponía frente al espejo de la decadencia y caída de su antiguo imperio. 

74 DÍAS DE GUERRA, LAS CIFRAS DEL CONFLICTO

Este fue el tiempo que duró la guerra que se inició el 2 de abril de 1982, 74 días en los que los episodios bélicos se mezclaron con las negociaciones diplomáticas, sin que la paz se abriera un hueco entre el fuego de los misiles y los ataques aéreos.

En el bando argentino se dieron alrededor de 650 bajas. Entre ellos pilotos de aviones de combate, que protagonizaron momentos de gran heroísmo como el hundimiento del destructor británico Sheffield. Como nota negra resaltar el comportamiento poco ejemplar del teniente de navío Alfredo Astiz quien rindió las islas Georgias sin disparar una sola bala. En 2017 Astiz fue condenado a cadena perpetua por torturas durante los años de represión militar.

En el otro bando, el Reino Unido movilizó una extraordinaria maquinaria militar, con casi 30 mil soldados y más de un centenar de navíos, incluidos dos portaviones y submarinos nucleares. Los británicos sufrieron 255 bajas. Por parte británica la acción más espectacular fue el hundimiento del crucero argentino General Belgrano por los disparos de un submarino nuclear. 

Un episodio con partes oscuras ya que las investigaciones posteriores han demostrado que el buque había tomado rumbo a puerto y no era una amenaza. Lo que pone en duda las razones militares de la operación de hundimiento.

CAPITULACIÓN Y CONSECUENCIAS

El júbilo que había inundado a los argentinos el 2 de abril se mudó en lágrimas el 14 de junio cuando se consumó la capitulación. Finalmente, la potencia militar británica se había impuesto a un ejército mucho más humilde. La derrota tuvo como consecuencia la dimisión del jefe de la junta militar durante el conflicto, el general Leopoldo Galtieri. Además, se abrió un nuevo tiempo en Argentina que desembocó en la celebración de elecciones democráticas un año después.

Todo lo contrario, en el Reino Unido. Para la primera ministra Margaret Thatcher la victoria militar fue la oportunidad de hacer frente a sus bajos índices de popularidad. En las elecciones de 1983 revalidó el cargo, que no abandonó hasta el año 1990. Al mismo tiempo los británicos recuperaban el orgullo perdido y conjuraban el fantasma de ser “una nación en retirada”, en palabras de Thatcher.

A pesar del revés sufrido, Argentina no ha perdido la esperanza de recuperar las islas y mantiene viva su reivindicación, centrada ahora en los esfuerzos diplomáticos. Un objetivo que se antoja muy lejano por la preferencia de la nacionalidad británica por parte de los isleños y la negativa del Reino Unido a renunciar a su importancia estratégica y su potencial como fuente de recursos naturales. 


Descubre más desde Más Información

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Más Información

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo