Por Horacio Cárdenas Zardoni
Dice la conseja popular que México es el país donde nunca pasa nada, y cuando pasa, tampoco pasa nada. En este país han ocurrido cosas verdaderamente horribles, y así como que las cosas hallan cambiado radicalmente luego de algún acontecimiento de gran magnitud, pues no, no lo hemos visto.
Cuando el temblor del 85, hubo gente, funcionarios públicos que se dedicaron a querer hacer negocio con la tragedia, y sobre todo con los terrenos de los edificios que se cayeron. Que sepamos, solo a un delegado del entonces Distrito Federal le costó el puesto, quería apropiarse predios que ya tenían interesados, gente de más arriba, y pues no lo perdonaron. Era para que hubiera caído el presidente De la Madrid, y efectivamente no sucedió nada. Siguió gobernando tan campante.
En 1994 brotó el enésimo movimiento guerrillero en el país, con la diferencia de que coincidió con el inicio del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, y allí tiene a los mugrosos zapatistas aguándole la fiesta con la que Carlos Salinas de Gortari quería entrar al primer mundo por la puerta grande, y nada. De aquel 1994 a la fecha lo único que ha cambiado allá en las cañadas es que a Marcos ya lo ascendieron de subcomandante a capitán, y si nos permite el comentario, ya está en edad de jubilarse, en cualquier ejército ya lo hubieran pasado a retiro.
También en 1994 ocurrió lo que se dio en llamar los Errores de Diciembre, que pusieron al gobierno entrante de Ernesto Zedillo Ponce de León en una situación crítica. La economía mexicana andaba por los suelos y no se hubiera levantado si William Clinton no hubiera prestado 20 mil millones de dólares a México, que dejó en garantía la renta petrolera, si tampoco fue así nomás de buena gente. Comentaban que con eso, la economía del país había retrocedido más o menos veinte años, y no sucedió tampoco nada.
En el año 2000 hubo la primera alternancia en la presidencia de la república, llegó Vicente Fox, con la esperanza de millones de mexicanos de un cambio significativo en cómo se hacían las cosas en México, y nada, al rato nos hartamos del panismo light de Fox y el rudo de Calderón, y de vuelta al PRI, que resultó una decepción lastimosa.
La historia decidirá si todo lo que reborujó Andrés Manuel López Obrador realmente contó como una cuarta transformación, o si fue una confirmación de que efectivamente en este país nunca pasa nada, y cuando pasa, ya sabe.
Viene a cuento esto porque la gente está muy preocupada por qué va a pasar con México ahora con la aprobación de la reforma al Poder Judicial, sobre todo por la manera tan poco elegante en que se dio todo el proceso, desde el Plan B al Plan C, desde la sobrerepresentación hasta las amenazas a los senadores que más larga y gorda cola tenían que les pisaran, el objetivo del gobierno, o más bien del presidente era que le cumplieran los diputados y senadores su venganza de Norma Piña, que cometió el imperdonable desacato a su altísima y Macuspana majestad, de no levantarse en su presencia. Hombre, tanta bronca por eso… si la ministra se hubiera parado… quizá nada de esto hubiera sucedido, pero eso ya no importa.
Lo que sí importa es: bueno ¿se va a acabar el mundo, el mundo mexicano por lo que ocurra con el poder judicial?, ¿se va a acabar la democracia mexicana, como dicen?, la verdad creemos que no.
A ver solo para comparar con algunas cosas que tienen bastantes años de haberse promulgado y que no han logrado cambiar al país mayormente: en el artículo tercero constitucional se dice que la educación será universal, gratuita, laica y otras cosas, bueno, pues a 107 años de existir ese ordenamiento… sigue habiendo unos seis o siete millones de mexicanos que no saben leer ni escribir, nunca han pasado por una escuela, también dice que la educación básica, de la que no se debe salvar nadie, es de diez años, y no, hay muchos mexicanos que se quedaron en cualquier año de primaria o secundaria, y que no cursaron preescolar, ¿entonces qué?, nada.
Podemos hablar de salud, la Constitución también ordena salud para todos, y nomás nada. Hay otros derechos de los ciudadanos y obligaciones del estado, en derechos humanos, en agua, en justicia, en trabajo, en lo que guste, y no pasa nada, nadie las exige y el gobierno tampoco se ocupa de resolver la situación de una vez por todas.
Ni siquiera para los programas sociales y las becas. Las pensiones para los viejitos y discapacitados, que se “elevaron” a rango constitucional, no alcanzan a todos los que tienen derecho, y así podemos seguirnos.
Bueno, ante un país que ahorita tiene un índice de impunidad para toda la amplia gama de delitos del 99%, ¿de veras cree alguien que cambiando a jueces y ministros estudiados por jueces y ministros llegados de la calle las cosas van a cambiar?, lo dudamos muchísimo. Aquel viejo principio que adorna los juzgados de todo el país, de que con dinero baila el perro… ¿cree de veras que el perro dejará de bailar o que morderá al que le quiera poner una correa de billetes alrededor del cuello? Tampoco lo creemos.
Vale la pena concluir recordando cuantas veces hemos oído que México tiene la legislación más moderna y más humanista del mundo, lo ha dicho todo presidente y todo ministro, y sin embargo la impunidad no baja. La letra es perfecta, el espíritu más… pero no se aplican, yo no creo que haya mayor cambio ni en el corto ni en el mediano plazos, porque en México no pasa nada, y ya se encargarán ellos mismos de que con estos cambios tampoco pase nada.
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