Washington D.C., 07/07/25 (Más).- La estrategia internacional del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha generado un debate creciente en torno a su llamado estilo de impredecibilidad, también conocido como la “Teoría del loco”. Bajo esta doctrina, Trump ha conducido políticas exteriores que rompen con los patrones establecidos, dejando a aliados y adversarios en un constante estado de incertidumbre.
Hace unas semanas, cuando se le preguntó sobre un posible ataque coordinado con Israel contra Irán, Trump respondió: “Tal vez lo haga. Tal vez no. Nadie sabe lo que voy a hacer”. Poco después, ordenó un bombardeo pese a haber hecho creer que daría espacio para reanudar negociaciones. Este comportamiento, caracterizado por la inconsistencia y contradicción, ha sido central en su política exterior.
Peter Trubowitz, profesor de Relaciones Internacionales en la London School of Economics, comentó que Trump ha estructurado una operación de diseño de políticas altamente centralizada, discutiblemente la más centralizada, por lo menos en el área de política exterior, desde Richard Nixon. Esto, dijo, hace que las decisiones dependan de su temperamento y preferencias personales.
Los analistas políticos consideran que Trump ha hecho de su volatilidad una herramienta. La “Teoría del loco” busca persuadir a los adversarios de que el líder es capaz de tomar decisiones extremas, con el objetivo de obtener concesiones. El profesor Michael Desch, de la Universidad de Notre Dame, recordó que Nixon ya había empleado esta táctica durante la guerra de Vietnam.
Durante su segundo mandato, Trump atacó verbalmente a aliados tradicionales como Canadá y sugirió la anexión de Groenlandia. También cuestionó la vigencia del artículo 5 de la OTAN. “Creo que el artículo 5 está en cuidados intensivos”, señaló Ben Wallace, exsecretario de Defensa del Reino Unido. Por su parte, Dominic Grieve, fiscal general conservador británico, afirmó que la alianza transatlántica estaba terminada.

Una serie de mensajes de texto filtrados revelaron desdén en la Casa Blanca hacia los aliados europeos. “Comparto completamente su asco de los europeos gorrones”, escribió el entonces secretario de Defensa Pete Hegseth. Estas actitudes sembraron dudas sobre los compromisos internacionales de Estados Unidos.
Pese a la tensión, la estrategia de Trump ha generado resultados. En una reciente cumbre de la OTAN, bajo su presión, los países miembros, salvo España, elevaron su presupuesto de defensa al 5% del PIB. Keir Starmer, primer ministro británico, y Mark Rutte, secretario general de la OTAN, expresaron su respaldo al liderazgo estadounidense, con Rutte enviando mensajes de apoyo directamente a Trump.
Sin embargo, esta misma impredecibilidad puede debilitar su efectividad. Anthony Scaramucci, exdirector de comunicaciones de Trump, afirmó que el expresidente busca constantemente adulación. Esta necesidad de reconocimiento podría ser interpretada por sus adversarios como una debilidad predecible.
La reacción de los adversarios ha sido variada. Vladimir Putin ha mantenido su postura frente a Trump, y, tras una conversación reciente, este último expresó su “desilusión” por la falta de avances en el conflicto con Ucrania. En contraste, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, tras recibir una reprimenda, accedió a otorgar derechos de explotación mineral a Estados Unidos.
En el caso de Irán, los analistas prevén consecuencias contrarias a las esperadas por Trump. El exsecretario británico de Asuntos Exteriores, William Hague, indicó que los ataques podrían motivar a Irán a desarrollar armas nucleares. Michael Desch coincidió, señalando que Teherán buscaría el máximo disuasivo, tomando como ejemplo a Corea del Norte.
Julie Norman, profesora del University College London, advirtió que esta estrategia podría afectar la confiabilidad de Estados Unidos. “Las personas no querrán entrar en negocios con Estados Unidos si no confían en sus compromisos de defensa y seguridad”, dijo.
Ante esta situación, algunos países europeos han comenzado a considerar la necesidad de independencia operativa. El canciller alemán, Friedrich Merz, sostuvo que Europa debe prepararse para una arquitectura de seguridad que no dependa de Estados Unidos. Esto requeriría el desarrollo de capacidades militares y de inteligencia propias.
Trubowitz apuntó que el cambio no se debe solo a Trump. “La política en Estados Unidos ha cambiado. Las prioridades han cambiado. Para la coalición MAGA, China es un problema más grande que Rusia”, señaló. Mohsen Milani, experto en política internacional, añadió que Trump busca consolidar el poderío estadounidense frente al ascenso chino. Aunque los líderes europeos han procurado mantener a Trump de su lado, su impredecibilidad ha alterado profundamente la dinámica de la seguridad internacional. Si bien algunos resultados han favorecido los objetivos estadounidenses, la incertidumbre sobre el compromiso de Washington con sus aliados permanece, marcando una nueva etapa en las relaciones globales.