Un video escolar protagonizado por una adolescente que imita a la presidenta de México se volvió viral en TikTok, impulsando la imagen de la presidenta entre los jóvenes y dando origen al llamado “trend del bienestar”. La mandataria se posiciona como una figura política “memeable”
Redacción Más
Una adolescente con banda presidencial baila reggaetón en TikTok mientras suena la voz de Claudia Sheinbaum prometiendo más preparatorias cerca de la casa. El video, que comenzó como una simple actividad escolar, desató un fenómeno viral que ha convertido a la presidenta de México no solo en una figura política con alta aprobación, sino también en un ícono digital entre la juventud mexicana.
De acuerdo con la última encuesta de Enkroll para El País y W Radio, Sheinbaum goza de un respaldo del 78%, una cifra que ha encontrado reflejo también en las plataformas sociales.
La pieza viral surgió en Guadalajara, donde Silvana Pardo, estudiante de 17 años, se caracterizó como Sheinbaum para una dinámica escolar. El video, protagonizado por Silvana y un par de amigas disfrazadas de próceres nacionales, ya supera los 33 millones de reproducciones y cuatro millones de “me gusta”.
En entrevista con El País, Silvana recuerda que pensó que solo lo verían su papá y su abuela. Sin embargo, se convirtió en tendencia nacional y popularizó lo que ahora se conoce como el “trend del bienestar”, en alusión a los programas sociales impulsados por el gobierno de Morena.

La propia presidenta celebró el gesto. En su primer informe de gobierno, desde el Zócalo capitalino, hizo referencia al video y más tarde lo proyectó durante una conferencia matutina. También reconoció a Silvana personalmente en un evento público en Jalisco. “Me dijo: ‘Ay, eres la del video’. Es superbuena onda”, relató la joven, quien ha visto multiplicarse sus seguidores y solicitudes de fotos desde entonces.
A diferencia de otras estrategias políticas que han intentado conectar con los jóvenes desde la artificialidad –como el exministro Arturo Zaldívar declarándose fan de Taylor Swift o las incursiones digitales del PRI llenas de contenido irónico–, el caso Sheinbaum ha funcionado precisamente por su espontaneidad.
Según la analista Andrea Samaniego, citada por El País, en redes sociales fingir simpatía se nota y se castiga. En cambio, un gesto espontáneo, aunque sea un baile o una parodia, puede tener más impacto que una campaña millonaria.
Durante su campaña, Sheinbaum fue percibida por algunos sectores como una figura seria, rígida e incluso “gris”. Pero el fenómeno en redes ha contribuido a redibujar su imagen como una figura “memeable”, cercana, incluso admirada por su autenticidad.

Jorge Pérez Gómez, profesor en la FES Acatlán de la UNAM, asegura que su estética sobria y estilo profesoral contrastan con los estereotipos masculinos tradicionales de la política, y que eso ha favorecido su identificación entre sectores jóvenes, especialmente entre mujeres.
No obstante, esta representación también viene con matices. Aunque muchas jóvenes entrevistadas por El País valoran el liderazgo femenino que representa Sheinbaum, también existen voces más críticas que rechazan asociarse con partidos y expresan inquietudes sobre medidas como el impuesto del 8% a los videojuegos violentos. “Solo lo está haciendo para tener más dinero y no va a acabar con la violencia”, comentó José María, de 15 años.
Aun así, expertos coinciden en que la presidenta ha conseguido una importante victoria comunicativa. La población de entre 18 y 29 años representa casi un tercio del padrón electoral mexicano. Insertarse orgánicamente en su cultura digital significa, más allá de la popularidad momentánea, una oportunidad de conexión con una generación clave. “Lo más difícil en comunicación política es la credibilidad”, señala Samaniego. “Y Sheinbaum la mantiene, al menos por ahora”.
A lo largo de su primer año de gestión, Sheinbaum ha enfrentado retos en materia económica y diplomática, sin que su imagen se haya visto comprometida por escándalos de corrupción, un factor que refuerza la legitimidad de su liderazgo. Sin embargo, los analistas advierten que la viralidad no garantiza permanencia. “Esta generación castiga la incongruencia más que ninguna otra”, concluye Samaniego.
Mientras tanto, el audio de “más preparatorias cerca de la casa” sigue sonando en miles de pantallas. El meme presidencial continúa circulando como símbolo de una nueva forma de representación política: una que se reproduce, se baila y se transforma en disfraces y trends. Al menos por ahora, la presidenta ha logrado algo inédito: convertirse en parte del lenguaje juvenil sin provocarlo ni planearlo.
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