Héctor A. Gil Müller
El péndulo que mueve la sociedad entre lo institucional y lo individual es real. Generaciones exaltando al individuo son contrastadas por otras generaciones que someten al individuo a la institución. Quizá el individualismo traiga rapidez a la vida, pero el institucionalismo le da forma. Cada cabeza es una barbacoa afirman los que saben, no sólo de gastronomía, sino de interacciones humanas, expresa el anterior dicho que cada pensamiento encierra en sí mismo una compleja interpretación de la realidad. La institución no puede contener los candados suficientes si no existe la intención primaria de apegarse a las reglas del juegos. No existe contrato perfecto que obvie el principio que debe regir entre las partes y dicta que los contratos se hacen para cumplirse.
En México hemos visto la génesis de un partido político; MORENA, a partir de un fenómeno individual, López Obrador. Bastaba el solo nombre del individuo para modificar cualquier rasgo de la institución. Tal fue el caso que la suerte, expresada mediante una tómbola, servía para repartir las posiciones públicas que, aunque pasaban por la elección pública, esta se suponia ganada. Muchos candidatos y posteriores funcionarios tuvieron su genesis en la suerte que despues fue validada por la institución y reconocida por la elección. Ese mismo partido que se ha transformado en régimen de gobierno hoy empieza a consolidarse, aun ritmo extraño, como institución sobre los individuos.
Dos estampas: La detencion del alcalde de Tequila Diego Rivera, homónimo del muralista mexicano cuya obra estuvo siempre cargada de un fuerte mensaje político y humanista, expresa un avance de la institución sobre el individuo. El ejercicio institucional no debe estar sujeto al potencial individual. Un caso interesante será la conformación de las y los candidatos de MORENA que llegan al poder, ya que seguramente el caso del funcionario jalisciense que cambió de un pasado criminal a un cargo de autoridad no es el único. Sin embargo, a pesar de la desordenada selección, la nula alineación ideológica de un partido que parece ser un botanero de visiones de lo público, el gobierno pudo presentarse como una institución sobre el individuo.
La remoción de Max Arriaga Navarro como Director General de Materiales Educativos de la Secretaria de Educación Pública generó un lamentable zafarrancho, el hoy exdirector se mantuvo atrincherado en su oficina por 80 horas desconociendo la remoción a su cargo. Arriaga, durante el sexenio de Lopez Obrador, encabezó la construcción de los nuevos libros de texto gratuitos en la corriente de la Nueva Escuela Mexicana, sus decisiones de incorporar ideología, restar conocimientos científicos y modificar contenidos, resultó en un atraso significativo en la impartición escolar básica. Organizaciones civiles, oposición política y algunos gobiernos estatales emprendieron acciones legales para frenar la distribución de los libros. La propia presidenta Sheinbaum dijo, a raiz de esta situación; “los materiales siempre son perfectibles, …los libros de texto no son patrimonio de una persona”. Aunque la acción resulta aplaudible, por responder a situaciones institucionales y no personales, el discurso se cayó al reconocer que se habia negociado con Arriaga darle un consulado para permanecer en gobierno. Un rasgo más de las instituciones bajo el individuo y no al revés. Aun falta, pero las instituciones tienden, por su propia supervivencia, a mantenerse sobre el individuo.
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