LA INDIGNIDAD QUE VIENE

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Saltillo tiene una fama un tanto desagradable, hecha vale decir, por los saltillenses, porque la gente de fuera, alguna por lo menos, suele diferir de la opinión. Dice el que no es refrán ni dicho, pero que se repite como tales, que casi seguramente habrá escuchado una o varias ocasiones, que el que la hace en Saltillo, la hace en cualquier lado, hasta en China y sin saber chino.

La esencia de la frase es que Saltillo fue durante mucho tiempo un sitio difícil para progresar económicamente. Especialmente durante el siglo pasado, las empresas eran pocas como para absorber la cantidad de personas que entraban, o más bien que querían entrar al mercado laboral, sin lograrlo, o si lo conseguían, con remuneraciones muy por debajo de sus expectativas, con posibilidades de progresar muy limitadas, y con una carga de trabajo exagerada. Mucha gente tuvo que emigrar de Saltillo en busca de mejores oportunidades, y vale decir que efectivamente muchos “la hicieron”, ¿y cómo no?, si iban acostumbrados a las sobas de acá y a la escasa paga, cualquier cosa les quedaba sencilla.

En descargo del pueblo, muchísimas ciudades en México y en todo el mundo son iguales o quizá todavía peores, la única diferencia es que aquí alguien hizo un análisis de la realidad, la platicó, y fue aceptada como cierta, al grado que años después, permanece, ya más como una referencia que como una certeza, pues ahora es al revés, hay montones de ofertas de empleo que se quedan sin cubrir durante meses o años.

Viena a colación el comentario por un par de notas que aparecieron la semana pasada en los medios de comunicación, cada una con su peso específico importante, pero que a la hora que las conjuntamos, nos hacen temer lo feo que se pueden poner las cosas.

La primera nota decía que, según opinión de una organización no gubernamental, apoyada en datos oficiales del INEGI y del Seguro Social, apenas un 23% de los asalariados en ’éxico, percibe una remuneración que pueda considerarse digna. Esta información es como para ponerse no a pensar, sino a llorar. El trabajo, para bien o para mal, en esta sociedad, es el medio que se nos ofrece a todos los individuos para obtener todos los satisfactores que requerimos para nuestro sustento y el de quienes dependen económicamente de nosotros, si el salario que nos pagan por nuestro trabajo no alcanza, cabría preguntar ¿para qué estamos laborando, si de todos modos nos quedamos por debajo de una línea de dignidad?

Quien ofrece los datos es Acción Ciudadana frente a la Pobreza, entidad que la verdad, es la primera vez que escuchamos hablar de ella, pero que definitivamente pone el dedo en el renglón. Normalmente las instituciones públicas se concretan a dar los datos, dejándole a cada quien que interprete lo que pueda o quiera. Y sí, por lo general el INEGI divide a la población en deciles en cuanto a su nivel de ingreso, y luego les planta un porcentaje, tantos están en el decil de menor ingreso, tantos en el segundo, y así hasta llegar al más envidiado de todos, el décimo, el más alto, donde todo ha de ser felicidad. Ya cuando se ponen muy monos, hacen una comparación con el costo de la canasta básica, diciendo que el decil uno de plano no puede adquirir una canasta, que el dos le alcanza para una, y así se sigue. Allí ya entran los asegunes, porque ¿qué incluye la canasta básica?, lo que los funcionarios del gobierno opinaron que era lo indispensable para la vida de una familia de cuatro personas y que debe de durar del momento en el que le pagan el sueldo hasta que percibe su siguiente ingreso.

Trabajar ocho horas al día, 40 o 48 horas a la semana para el mismo patrón, y no recibir un ingreso que alcance para la consabida canasta básica, es una indignidad. Eso es lo que trata de hacer notar la ONG, ante la disyuntiva de que la gente diga: o me pagas un salario digno, en pesos y centavos, no en otras cosas intangibles, o de plano no jalo. Que sí, hay mucha gente así, todos los que llaman ninis se hallan en esta situación, lo que les ofrecen no les parece suficiente como para salir de su zona de confort, si es que la hallan confortable. ¿Se imagina si el 77% de los trabajadores dijera no muevo un dedo hasta que el salario que me pagas alcance el nivel de digno?, el país se pararía.

La verdad no nos explicamos cómo o porqué aceptamos ese estado de cosas, pero ese mal pago es lo que hace que funcione la economía mexicana y México entero.

Ahora vamos a la otra nota. Esta hace referencia a la llegada de Maxi China, una “megatienda” a la ciudad de Saltillo. Nada más para dar una idea, se supone que se ubicará en el local que ocupaba Lowe’s sobre Nazario Ortiz Garza, un espacio enorme. Bueno, pues se supone que allí se instalará una gran empresa que venderá lo que conocemos popularmente como “cosas chinas”, con las características que suelen tener estos artículos: novedosos, atractivos, muy baratos, y algunos que son duraderos y otros que no lo son.

La nota comenta que ya hay varios de estos negocios, sobre todo en el centro de la ciudad y en alguna que otra plaza comercial, que ofrecen de todo a precios muy económicos, la diferencia con la Megatienda será, obvio, el tamaño, también probablemente la variedad de artículos ofrecidos, pero lo que no se espera que cambie es el precio.

Artículos baratos… de los cuales habrá que vender muchos, para que le salgan los costos de operación y la utilidad a la compañía, entre los cuales va incluido el salario de los trabajadores. Aquí viene la pregunta clave ¿en qué categoría cree que se ubiquen los salarios de la empresa Maxi China, en la de los salarios dignos, o en la de los indignos? Por lo que sabemos, los patrones chinos suelen ser bastante exigentes, del tamaño de la empresa coreana que hacía usar pañales a sus obreros para que no dejaran la línea de producción o peores, ese nivel de exigencia a cambio de un salario digno, bueno, pues acepta uno lo que sea, ¿pero a cambio de un salario que o alcanza para cubrir la canasta básica?, la respuesta de los trabajadores mexicanos, de los saltillenses será seguramente no, gracias.

Los saltillenses estamos hechos, como dice el dicho, a hacerla donde sea, hasta en China, ¿pero qué vamos a hacer cuando nos traen China a saltillo?, habría que recordar que para poder comprar “cosas chinas”, que son mucho de antojo no algo que uno necesite, se necesita tener dinero, y para tener dinero hay que recibir un salario que sea decoroso, con el que se pueda pagar primero lo indispensable y después, lo que sobra, comprar esas cositas tan simpáticas. Bueno, pues así pintan las cosas en el muy corto plazo en Saltillo, nada que no hayamos vivido y sobrevivido antes, pero ahora aquí mismo.


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