¿La casa o el barrio?

Por Enrique Abasolo

Vivir solo, como en mi caso, es una enorme dicha… Especialmente para mi familia, que no tiene que aguantar los cambios de humor que manifiesto a lo largo del día (es como si pasara de la menarquia a la menopausia entre el almuerzo y la hora de cenar).

Lo malo es tener que administrar la casa que, por pequeña que sea, siempre nos está demandando algo de atención, mantenimiento y cuidados.

Esto es tan cierto como que nomás ahorita tengo pendientes trabajos de albañilería, plomería y cerrajería para tener la casa funcionando sin inconvenientes, ya no hablemos de hermosearla.

Las casas además huelen tu dinero, porque más se tarda uno en cobrar el aguinaldo, algún bono o compensación, que el inmueble en presentar un nuevo desperfecto que requiere urgente compostura. Y eso en un golpe de suerte, porque el otro escenario es tener que afrontar la emergencia sin contar con un pequeño Fonden doméstico.

Ahora, si me permite una analogía, nuestra patria chica, nuestra comarca, nuestra entidad es como nuestra casa, la cual no podemos descuidar o dejar desatendida.

En su comunidad o municipio, su provincia o Estado, seguramente hay muchas cosas por atender y resolverse, ya sean investigaciones que no han llegado a una conclusión satisfactoria, causas pendientes, legislaciones por actualizar y a no dudar, un montón de corruptazos que no han sido presentados todavía con la Justicia.

Así en mi tierra (el Estade Libre y Soberane de Coahuile de Zaragoze) donde tenemos un montón de asuntos sin atender: Una macro mega deuda pública ilícitamente contraída y sospechosamente gestionada, que pese a ser un boquete financiero, ha servido para que desde el gobierno local se sigan sangrando las arcas estatales; una cartera de hampones de cuello blanco responsables de lo anterior que prácticamente se salieron con la suya, que jamás respondieron ante la Ley, que hoy gozan de libertad e incluso siguen instalados en el privilegio y que incluso ya están en una decidida batalla por redimir su nefasto nombre.

Pero hay más: La Universidad Autónoma coahuilense ha sido reiteradamente saqueada; como lo fue también el Poder Judicial en el Estado y cuyo ex titular anda tan orondo por la vida, gozando de total impunidad. 

Tenemos nuestra buena cuota de desaparecidos y crímenes horrendos sin resolver como la Masacre de Allende; hay poblaciones devastadas por la drogadicción y la relativa tranquilidad de que gozamos… bueno… no creo que sea resultado de una estrategia ejemplar contra el crimen organizado; es más bien una calma tensa producto de sabrá Dios qué contubernios.

Así nuestra casa. Es una casa con goteras, cuarteaduras, vidrios rotos en las ventanas, maleza en donde debería haber un jardín y con todos los recibos vencidos.

Como verá, necesitamos discutir mucho para coincidir en que, con una casa en esas condiciones tenemos mucho por hacer en carácter de urgente, tan sólo para que el espacio siga siendo algo más o menos habitable. Y tenga por seguro que tan sólo en lo que subsanamos lo más apremiante, aparecerán otros tantos problemas para resolver.

Uno con gusto atendería todos los problemas domésticos que surgieran, después de todo, nuestro hábitat lo merece. Pero es realmente difícil concentrarse en mejorar la casa cuando allá afuera se escucha la alerta sísmica, a la vez que se propaga una nube de químicos tóxicos y se desarrolla una plaga zombi que ya se cargó con todos en el vecindario.

Y ahora sí, -igual que Peña Nieto- yo le pregunto: “¿Qué habría hecho usted?”.

¿Es más urgente atender los desperfectos de la casa o, es más sensato responder al apocalipsis que se está gestando de la puerta hacia afuera?

No se ponga demasiado filosófico. Sea pragmático y respóndase de manera estratégica: ¿A qué diablos hay que atender primero?

¿Va acaso a intentar pagar los recibos vencidos, resanar las paredes y deshierbar el jardín antes que tratar de ponerse a salvo del sismo, aislarse de la nube tóxica y protegerse de la plaga zombi?

No sé, pero me parece un poco más apremiante lo que está ocurriendo extramuros. Como que demanda con mayor apremio nuestra acción inmediata, porque, si no hay mundo en dónde vivir, como que no tiene mucho sentido tener una casa qué habitar.

Fin de la analogía: El exterior es el País, es México (por si acaso no había caído en cuenta). La casa es el terruño, como ya le decía y en cada zona, población, municipio y estado hay mucho que hacer.

Pero a una escala mayor, en el plano nacional, se está desarrollando una catástrofe de mayores proporciones, mucho más letal y capaz de arrasar con cada una de las comunidades que la conforman con todo y sus provincianos problemas.

Sí, el priato y los gobiernos albiazules costaron vidas y décadas de rezago en muchos rubros, pero también -como sociedad- les ganamos algunas conquistas que hasta antes del 2018 constituían toda la diferencia entre ser un país de incipiente democracia y esa dictadura perfecta bajo la cual crecimos y vivimos muchos de nosotros.

Hoy, el Gobierno morenista busca desarticular los institutos autónomos o anularlos (cuando no los puede ocupar). La CNDH le estorba lo mismo que el INAI y el INE (a pesar de que éste último garantizó su triunfo electoral). 

El JEfe del Ejecutivo  pretende además coptar a los otros dos poderes de una manera que no se veía desde los mejores tiempos del Presidencialismo más totalitario.

Además, el otorgamiento de poder irrestricto al Ejército es muy poco aconsejable según la experiencia internacional, resulta peligroso para las garantías individuales y constituye una oligarquía que no le responde absolutamente a nadie, ni siquiera al supuesto Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

Las condiciones para la demolición del sistema democrático están dadas, así como para que se lleve a cabo una elección de estado. Y revertir esto, arrebatarle al nuevo partido oficial el privilegio de tener comicios legales y sancionados por un instituto ciudadano nos costaría quizás décadas, cuando es una conquista que ya habíamos obtenido.

La política paternalista de otorgar asistencia social en vez de instituciones que garanticen salud y desarrollo social, también es una receta para el desastre.

Y si bien, la educación, la seguridad, y el sistema de salud tampoco fueron un éxito durante los sexenios anteriores, en este nuevo régimen todos los indicadores acusan una situación alarmantemente agravada.

Sí, en Coahuila tenemos un desmadre que arreglar, demasiado que sanear, entuertos por arreglar, infiernillos e infiernotes que sofocar, cuentas por revisar, orden que poner y sin duda, mucho mucho pinche maleante que poner tras las rejas.

Pero nada de eso tendrá sentido si la 4T arrasa con el País que una vez conocimos y que, pese a todo, era una nación próspera que no había necesidad de reinventar con los delirios de un septuagenario poco ilustrado.

Nuevamente le pregunto: ¿En qué orden considera que debemos de atender hoy nuestros problemas? ¿Empezamos por la casa o por el barrio?


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