Ciudad de México, 28/11/25 (Más).- La caída de Alejandro Gertz Manero no ocurrió en un solo instante: se fue tejiendo el jueves a lo largo de una jornada tensa, casi teatral, entre pasillos del Senado, rumores que se colaban como susurros en las bancadas y una carta que, aunque breve, cargaba con el peso de nueve años de mandato interrumpido.
Ocho horas de especulaciones bastaron para cerrar el ciclo del fiscal que durante años operó con la firmeza de quien se sabe intocable, hasta que dejó de serlo.
El inicio del derrumbe comenzó la noche del miércoles, cuando Adán Augusto López Hernández, senador de Morena y operador político de confianza del oficialismo, acudió discretamente a Palacio Nacional. Llevaba consigo un documento: presuntas faltas administrativas de Gertz Manero que podrían justificar su salida. No hizo falta más.
Para la presidenta Claudia Sheinbaum, ese papel representaba una salida elegante al desgaste acumulado entre su gobierno y la Fiscalía: lentitud en casos clave, falta de alineación, e incluso tensiones en torno a investigaciones sensibles como la de Raúl Rocha, dueño de Miss Universo.
La mañana siguiente, la del jueves, Sheinbaum soltó la bomba con una sonrisa contenida durante su conferencia: “Lo estoy analizando con los abogados… mañana les informamos”. Esa frase bastó. La noticia se desató como pólvora.
En el Senado, el ambiente se tensó. Morena convocó a su bancada. La Junta de Coordinación Política (Jucopo) improvisó un desayuno. Adentro, los coordinadores de oposición exigían ver el famoso documento. Adán Augusto prometió compartirlo. Nunca lo hizo. Algunos dudan incluso de su existencia. “Puede que esa carta fuera más bien una amenaza envuelta en papel institucional”, soltó uno de los asistentes, bajo anonimato.
Para antes del mediodía, todo era un juego de sombras. La sesión del pleno arrancó con dos horas de retraso, sin que nadie supiera con certeza qué ocurriría. La orden del día parecía redactada para disimular: efemérides y licencias temporales. Nada que anunciara lo que estaba a punto de suceder.
A esa hora, Gertz Manero seguía en su oficina, rodeado de asesores, probablemente midiendo las opciones: resistir y enfrentar una posible destitución, o irse con algo de dignidad política.
El momento decisivo llegó en silencio, casi con sigilo. Pasadas las 17:00 horas, un enviado de la Fiscalía entregó la carta al Senado. Tres párrafos bastaron: Gertz renunciaba, y aceptaba el ofrecimiento presidencial de encabezar una embajada en “un país amigo”.

La noticia corrió por los pasillos mientras algunos senadores apenas prestaban atención al partido de futbol americano que se transmitía en la sala. En ese mismo instante, la maquinaria legislativa ya estaba lista.
Laura Itzel Castillo, presidenta de la Mesa Directiva, reanudó la sesión a las 18:00 horas con un gesto ceremonioso. Leyó el contenido de la carta y solicitó la dispensa de trámites para votar de inmediato la renuncia. El argumento: “Causas graves”. Una figura constitucional que debería usarse en situaciones excepcionales, no para embellecer salidas pactadas.
La oposición no se quedó callada. Clemente Castañeda (MC), Raymundo Bolaños (PAN) y Manuel Añorve (PRI) cuestionaron con dureza la legalidad del proceso. “Una embajada no es una causa grave”, dijo Añorve. “Esto no es una renuncia, es una instrucción. Es un manotazo autoritario para hacerse con el control de la FGR”, advirtió, aludiendo a casos de corrupción como Birmex, el huachicol fiscal y el grupo criminal La Barredora.
Pero todo estaba ya decidido. Con 74 votos a favor –incluyendo a los de PAN y MC– se aprobó la salida de Alejandro Gertz Manero. El PRI fue el único grupo que intentó resistir el trámite exprés. En esa misma sesión, se convocó formalmente al proceso para elegir a un nuevo fiscal general. El calendario oficialista apunta a resolverlo en un par de semanas.
Detrás de la renuncia, sin embargo, ya se había movido una pieza clave. Horas antes, Gertz Manero había firmado el nombramiento de Ernestina Godoy como nueva titular de la Fiscalía Especializada en Control Competencial. Ese cargo, según la ley, es el llamado a sustituir de forma interina al fiscal en caso de ausencia definitiva. Godoy, exfiscal capitalina y aliada cercana de Sheinbaum, asumió así el mando operativo de la FGR, mientras el Senado define al próximo titular. Su interinato no le impide postularse al cargo permanente.

Ya con el desenlace consumado, Adán Augusto apareció frente a la prensa. Sonriente, como quien termina una partida de ajedrez con jaque mate, negó haber presionado a Gertz Manero o haber tenido contacto con él ese día. “Hace como mes y medio fue la última vez que hablé con él”, dijo, como quien se retira del escenario, sabiendo que su jugada fue efectiva.
La caída de Gertz Manero no fue estruendosa, sino quirúrgica. Se ejecutó con silencios, reuniones privadas, y una carta de tres párrafos. Un final calculado para un fiscal que alguna vez tuvo todo el poder, y que ahora se despide entre aplausos contenidos y sospechas abiertas.
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