Las comunidades afrodescendientes, fundamentales en la formación de América Latina, siguen siendo marginadas en los relatos oficiales y las políticas públicas. Desde el afroturismo en Salvador de Bahía hasta las luchas por justicia y reparaciones en el Caribe, un reportaje de El País expone una memoria borrada y una resistencia que persiste
Redacción Más
A pesar de que más de 150 millones de personas en América Latina y el Caribe se identifican como afrodescendientes, su papel en la historia, la cultura, la política y la economía de la región ha sido sistemáticamente invisibilizado o tergiversado.
La serie multimedia ‘La historia invisibilizada de América Latina’, publicada por El País a través de su plataforma América Futura y en alianza con CAF –banco de desarrollo de América Latina y el Caribe–, plantea una mirada crítica sobre la deuda histórica que arrastra la región con sus poblaciones negras, y propone una relectura de las contribuciones que estas comunidades han hecho y siguen haciendo al continente.
La historia borrada que construyó América
Desde el siglo XVI hasta el XIX, entre 10 y 12.5 millones de africanos fueron traídos por la fuerza al continente americano. Muchos de ellos eran sabios, científicos, músicos, líderes espirituales, agricultores e incluso miembros de linajes reales. Arrancados de sus territorios y esclavizados, sentaron las bases de las estructuras económicas, sociales y culturales del Nuevo Mundo. No obstante, esa memoria ha sido en gran parte desplazada por un relato hegemónico que los redujo a fuerza de trabajo y negó su humanidad y su legado.
El medio explica que el especial recorre la región desde Estados Unidos hasta Brasil, Colombia, Bolivia, México y Argentina, entre otros países, en busca de las voces afro que han sido ignoradas en la narrativa dominante. El equipo de producción –periodistas, editoras, videoperiodistas, ilustradores, escritoras y fotógrafas– dedicó dos años a documentar esta historia soterrada. La narrativa abarca desde los procesos de reparación por la esclavitud, el afroturismo, los liderazgos políticos, hasta la compleja autoaceptación en contextos que niegan la negritud.
Salvador de Bahía: la capital afro que se cuenta a sí misma
En Salvador de Bahía, Brasil, donde más del 80% de la población se identifica como negra, se ha puesto en marcha el proyecto “Salvador Capital Afro”. Esta iniciativa busca resignificar el turismo desde una óptica reparadora, en la que sean las propias comunidades afro las que narren su historia y capitalicen su herencia cultural.

En el barrio de Pelourinho, símbolo de la herencia colonial y el dolor esclavista, hoy renace una economía basada en el orgullo identitario.
Valdemira Telma, conocida como la negra Jhô, es referente de esta transformación. Víctima del racismo desde la infancia, convirtió su dolor en una apuesta estética y política: trenzar el cabello afro como forma de memoria y reivindicación. Su salón de belleza es hoy parada obligatoria en las rutas de afroturismo diseñadas por mujeres como Sueli Conceição, que desde el proyecto Rolê Afro crea recorridos temáticos centrados en las heroínas negras que lucharon por la libertad. “Es la primera vez que la ciudad asume la herencia africana como lo más importante. No es la playa, ni el carnaval; es la cultura”, afirma Conceição.
Reparar lo irreparable: las muchas formas de justicia histórica
Pero la recuperación de la memoria no se limita a las rutas turísticas. La región avanza, con desigualdades y obstáculos, en el camino de las reparaciones. Desde la devolución del lagarto Celestus occiduus a Jamaica por parte del Museo Hunterian de Escocia como gesto simbólico, hasta la creación del Centro Glasgow/Caribe para el Desarrollo, los gestos de restitución van ganando terreno, aunque aún están lejos de una justicia efectiva.

El Caribe ha sido punta de lanza en esta agenda. La Comisión de Reparaciones del Caribe (Caricom), nacida en 2013, ha presentado un plan de diez pasos a Europa que incluye una disculpa formal, compensación económica, restauración de la memoria histórica, atención sanitaria, reforma educativa, rehabilitación psicológica y hasta la condonación de deudas externas. Haití, país que pagó a Francia durante más de un siglo por su independencia, es el símbolo trágico de una región a la que se le sigue negando justicia económica.
En paralelo, diversas iniciativas de autorreparación se están desarrollando desde dentro de las propias comunidades. En Barbados, por ejemplo, la abogada Tempu Nefertari ha impulsado programas escolares que rescatan la autoestima y la historia africana desde la infancia. Para ella, la reparación empieza en el capital humano. Otros, como Aldair Sky Sobers, defienden el acceso a la tierra como base para la soberanía alimentaria y el empoderamiento juvenil. “Si las personas jóvenes tienen acceso a la tierra, tienen también libertad”, afirma.
Estados Unidos: la lucha por ser negros y latinos a la vez
En ciudades como Boston, la afrolatinidad es una identidad en disputa. A pesar de ser el área metropolitana con mayor proporción de afrolatinos del país –88,000 personas, en su mayoría dominicanos y puertorriqueños–, estos siguen siendo el grupo más invisibilizado y marginado. Julia Mejía, concejala dominicana-afrolatina, cuenta que durante años ocultó sus raíces para poder encajar. Hoy, desde su puesto en el gobierno local, lucha por que otros jóvenes no tengan que hacer lo mismo.

Yvette Modestin, activista afropanameña radicada en Boston, denuncia el racismo dentro de la propia comunidad latina: “No les cabía en la cabeza que yo pudiese ser negra y latina”. La exclusión no es solo simbólica: los afrolatinos en Boston tienen los ingresos más bajos, menor acceso a vivienda y escasas oportunidades de emprendimiento. Frente a esto, organizaciones como Hyde Square Task Force trabajan desde la cultura para fomentar el orgullo y el reconocimiento en las nuevas generaciones.
Liderazgos afros que reescriben la historia
El ascenso de liderazgos como el de Francia Márquez en Colombia representa un hito en una región que por siglos ha marginado a sus ciudadanos afrodescendientes. La hoy vicepresidenta juró su cargo en 2022 “hasta que la dignidad se haga costumbre”, marcando una ruptura histórica. Antes de ella, mujeres como Paula Moreno en Colombia, Epsy Campbell en Costa Rica y Anielle Franco en Brasil abrieron camino para una nueva generación de mujeres negras que entienden el poder como una acción colectiva.
En Colombia, un grupo de afrocolombianos hizo historia al presionar en el Capitolio de Washington para lograr representación en el Gobierno nacional, vinculando las negociaciones del TLC con Estados Unidos a la inclusión política. Así, en 2007, se logró el nombramiento de Luis Alberto Moore como primer general afro y de Paula Moreno como ministra de Cultura, desafiando la exclusión estructural.
Repararse desde la palabra: vivir y crear sin amo
El especial también incorpora la mirada crítica y poética de voces afrodescendientes que escriben desde contextos marcados por la violencia, como el caso de Ecuador. En su columna Servir sin un amo, la escritora Yuliana Ortiz reflexiona sobre el dolor, la diáspora, la migración forzada, la precariedad laboral, la criminalización de los cuerpos negros y el papel del arte como forma de sobrevivencia.
Ortiz plantea una apuesta por una ética del cuidado que no responde al Estado ni al capital, sino al deseo colectivo y comunitario: “Servir a la comunidad, a la vida, sin rendir cuentas a patrones visibles o invisibles”. En un país donde jóvenes afro son asesinados y estigmatizados, escribir se convierte en acto de resistencia y de memoria.
Un futuro común o una nueva exclusión
El informe cierra con una pregunta clave: ¿cómo evitar que las poblaciones afrodescendientes queden otra vez al margen en los futuros digitales y sostenibles que se diseñan hoy? La brecha digital también es racial y amenaza con profundizar la exclusión si no se integran de forma activa las voces afro desde el inicio del proceso.

La transformación es posible. El avance educativo, la innovación tecnológica, los emprendimientos afrocentrados, la consolidación de liderazgos comunitarios y el desarrollo del afroturismo muestran que hay caminos para revertir siglos de marginación. El estudio de CAF y Feira Preta sobre emprendimiento afro señala que es posible generar ingresos, construir memoria y fomentar el orgullo negro al mismo tiempo.
América Latina y el Caribe se enfrentan a una encrucijada: seguir perpetuando un modelo que excluye a una cuarta parte de su población o abrir paso a una verdadera emancipación económica, social y política. La historia invisibilizada de América Latina no solo documenta el pasado negado, sino que traza las coordenadas de un futuro donde todos cuenten. Porque, como afirma la académica Zaira Simone-Thompson, “reparar es acabar con la nostalgia colonial”.
Desde América Futura, el llamado es claro: es tiempo de escuchar a la América negra que se niegan a ver.
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