Kundera, más allá de la memoria

El autor de tantos libros imprescindibles lo habrá olvidado todo al borde del final, pero el legado brillante del arte que cultivó permitirá que sus lectores no lo olvidemos jamás.

Por: Eduardo Limón

/Animal Político

Resulta una idea poco viable, pero si a estas horas Milan Kundera hubiese -desde alguna suerte de paraíso improbable- leído ya la inmensa cauda de notas y artículos dedicados a remarcar tanto su estatura literaria como la herencia cultural que implica su obra para la humanidad, seguramente se sentiría un tanto desconcertado pues para un hombre que propugnó la sencillez y el individualismo como componentes fundamentales de la libertad, quizá no exista mayor turbación que saberse tan célebre. Es materia conocida pero ahora que el autor ya no se encuentra entre nosotros conviene remarcar que a Kundera jamás le llamaron mayormente la atención ni los reflectores ni las declaraciones incendiarias pues lo suyo, pero lo suyo en verdad, era escribir.

En una de las últimas entrevistas que, medio a regañadientes y con extrema brevedad, Kundera concedió a algún medio (en este caso al colega Sergio Vila-Sanjuán, del diario La Vanguardia, nada menos que en 1982), el hombre que entrometió a la literatura contemporánea temas como la sexualidad, el erotismo, la soledad y la franja que divide a los movimientos sociales de las luchas personales, declaró respecto a una de las pulsiones que rigieron la conducta de algunos de sus personajes “La memoria es lo mismo que el ridículo: una categoría existencial complicada. Intente escribir sobre un amor que vivió hace diez años y comprobará lo poco que recuerda. Constatar eso invita a la reflexión, la memoria es la suma de todo lo que se recuerda, de todo lo vivido…pero es un tema difícil…mejor dejarlo”.

Leyendo la gran cantidad de notas dedicadas a las múltiples aportaciones artísticas de Kundera, quien esto escribe se sorprendió al constatar hasta qué punto la memoria -precisamente la memoria- del autor se había disipado totalmente con el paso de los años. Quizá fue El País el periódico que publicó la más resonante nota en este sentido, al compartir la anécdota que llevó a la crítica literaria y escritora Florence Noiville a titular su recién publicado ensayo sobre Milan Kundera -su amigo personal- como “Escribir ¡qué idea más curiosa!” luego de escuchar precisamente esa frase de boca del autor una vez que este, envejecido, amigable, preguntó a su interlocutora a qué se dedicaba.

Una especie de broma muy oscura del destino resolvió llevarse durante los años finales de su vida todos los recuerdos de Kundera, el entramado de su memoria misma. El autor de tantos libros imprescindibles lo habrá olvidado todo al borde del final, pero el legado brillante del arte que cultivó permitirá que sus lectores no lo olvidemos jamás.


Descubre más desde Más Información

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Más Información

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo