por Horacio Cárdenas Zardoni
Cómo nos consta a prácticamente todos los coahuilenses, el sexenio pasado fue uno de astringencia económica a niveles solo comparables con el sexenio precedente. En efecto, durante la administración de Miguel Ángel Riquelme Solís los coahuilenses pudimos ver muy poca obra pública y la poca que había recibió niveles de inversión apenas dignos de ese nombre, pero algo era, sobre todo comparado con el sexenio de Rubén Moreira Valdez en el que nomás nada de nada.
O bueno sí había algo, en los dos sexenios anteriores se avanzó en aquellas cosas que tuvieran lucimiento pero no costaran demasiado dinero, de preferencia ningún dinero. así Coahuila pudo acceder a algunas de las reformas jurídicas más interesantes en México durante las últimas décadas, entre ellas la relativa al aborto, la relativa a las parejas del mismo sexo unidas en santo matrimonio legal, y por supuesto el espinoso tema del narcomenudeo.
Como no le es difícil reconocer a nadie, el narcomenudeo, una versión casi casi a nivel de empresa familiar del narcotráfico a gran escala, surgió y creció al amparo de la absoluta falta de legislación civil, penal y administrativa al respecto. el narcotráfico es desde hace mucho tiempo un delito del orden federal, algo de lo que solo se pueden ocupar las fiscalías y las policías del nivel federal, las fuerzas del orden estatales y municipales, siempre despreciadas y vilipendiadas, eran incapaces, por ley, de siquiera voltear a ver el delito que tenían allí a ojos vistas, y como suele ocurrir en estos y muchos casos, es la oportunidad la que hace al delincuente. No son pocas las bandas de narcomenudistas que tienen protección, padrinazgo o incluso cuentan con un mecenas incrustado en las estructuras policiacas y de poder municipales y estatales.
Entre las cosas que promovió Miguel Riquelme Solís estuvo la creación de los juzgados contra el narco menudeo, instancias que pretenden tapar con concreto hidráulico y hormigón armado una laguna legal más grande que la de Mayrán, que ha contribuido al deterioro de la tranquilidad, la seguridad y la estabilidad, hasta podríamos decir que la gobernabilidad de la nación mexicana. Nadie quería entrarle al tema del narcomenudeo porque era poca cosa, o porque era un negocio demasiado interesante y ahora al menos en el papel, en el papel legislativo, en Coahuila habrá un principio de solución al respecto.
Donde las cosas tienden a complicarse es en el nivel de aplicación. a nivel de ciudadanos de buenas conciencias pensamos y dijimos se acabará con este flagelo de las colonias los barrios y los ejidos no quedará una sola tiendita que venda droga que envenena y pudre, sin exagerar, las posibilidades de una generación de niños y jóvenes de llegar a convertirse en gente de bien.
Dice un refrán un tanto poético que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, y el de acabar con el narcomenudeo a través de la creación, la existencia y la operación de juzgados especializados corre el riesgo de caer precisamente en eso ser un buen deseo que en vez de solucionar la importante problemática social y de seguridad, termine comprometiéndola, como comprometido está buena parte del aparato de procuración y administración de justicia en nuestro país.
la nota apareció hace algunos días el magistrado presidente del tribunal superior de justicia en el estado de Coahuila, Miguel Mery Ayup, manifestó en su optimismo que, probablemente para el próximo mes de febrero ya podría Coahuila estar contando con los primeros casos penalizados de narcomenudeo en la entidad. dejando la puerta abierta, una del tamaño del puente internacional por donde decían los chiveros de antes y los de todavía que, mientras quepa en el puente cualquier cosa pasa, a que sean más los que logren evadir la justicia que los que sean sometidos a ella en calidad de culpables probados.
La puerta a la que nos referimos es que habrá personal en los juzgados contra el narcomenudeo que realizarán evaluación de las personas que lleguen a caer en ellos respecto de si deban recibir terapia o deban purgar una pena corporal en prisión. los primeros serían personas a las cuales se identifica como víctimas de la actividad del narcotráfico en su modalidad de menudeo y los segundos serían considerados como parte de la estructura del tráfico de enervantes en el país, una parte particularmente importante y que constituye una gran base de distribución de las drogas, dado que se aprecia en algunos documentos oficiales que son una enorme proporción de las tienditas de barrio que sobreviven y muy bien, comerciando con drogas ilícitas.
Imagínese que lo detiene la policía la municipal, o la estatal, o la investigadora y qué producto de esa detención va a dar con su osamenta ante el juez, o el secretario, o el psicólogo, o vaya usted a saber qué empleado o funcionario del nuevo sistema judicial anti menudeo, que pueda sentirse tentado a tomar la justicia en sus propias manos… y por esto nos referimos a que como cualquier hijo de vecino enfrente los delitos que se le lleguen a presentar, sino que teniendo la obligación de cumplir y hacer cumplir la ley, por unos cuantos centavos, o miles de pesos, la inclinen a favor del cliente, perdón del acusado.
Corremos el riesgo de que las cárceles se nos llenen de narcomenudistas pobres, no de narcomenudistas culpables, de narcomenudistas que no pudieron echar a andar todos los recursos que a su favor permite el sistema judicial, siempre y cuando haya dinero para aceitarlos, y en cambio sigan libres y haciendo de las suyas, como verdaderos narcotraficantes que son.
Ni remotamente estamos sugiriendo que a todos se los trate por igual, lo que sí nos interesa es que no haya, como dijimos, las puertas, pero que no ni siquiera resquicios por los cuales un culpable pueda hacerse pasar por inocente, además contando con la documentación legal que lo haga pasar por víctima en vez de por criminal.
A lo mejor nos estamos adelantando demasiado a la cuestión, pero es que hemos visto demasiados de estos fracasos y siendo este tan importante tema y un momento crítico en el que está viviendo la nación mexicana, y la sociedad coahuilense, que no podemos nosotros, ni ustedes, ni nadie darnos el lujo de perder otros cinco diez o más años encontrándole la cuadratura al círculo del narcomenudeo.
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