Horacio Cárdenas Zardoni
Todavía nos acordamos de la administración municipal de Jericó Abramo Masso en Saltillo. Tanto había anhelado la nominación primero y el cargo después, que llegó con todas las ganas a la que si no nos equivocamos iba a ser el primero gobierno de cuatro años en el nivel municipal, y lo ponemos en pasado porque luego se modificó para dejarlo como estaba, en tres años. El caso es que Jericó, bisoño en el ejercicio del poder ejecutivo, hizo su arribo tumbando caña, él mismo se planteó un ambicioso programa de trabajo, al que dio un inicio vertiginoso, lo cual, es necesario decirlo, lo congració con el electorado y en general con la población de la capital, acostumbrados como estaban a gestiones más o menos pasguatas, que allí se llevaban los tres años pateando un bote.
Si la memoria no nos falla demasiado, no habían pasado ni cuatro meses, cuando Jericó se dio cuenta, y además lo dijo ufanándose de ello, que había dado cumplimiento al noventa y tantos por ciento de sus compromisos de campaña… y fue entonces que las cosas comenzaron a venirse abajo. Inquieto como siempre ha sido, más bien tirándole a hiperactivo, Jericó comenzó a aburrirse. Ahí medio que se entretenía con sus GROMs, que decíamos que se parecía a Felipe Calderón, porque a los dos les gustaba jugar a los soldaditos, peor luego ya ni eso, y ya el último año de administración le costaba hasta ir a su oficina y a los eventos, realmente descansó cuando entregó el municipio, eso le pasó por atrabancado…
La administración de Javier Díaz González es diferente, nada de prisas, todo se lo llevan con calma, con demasiada calma. La palabra más utilizada por el alcalde, pero todavía más por sus directores, es la de analizar… van a analizar esto, están analizando aquello. Cosas que a otros burócratas le llevarían un mes cuando mucho, a estos les llevan años, les encanta haces estudios y piloteos, para luego seguir analizando, y solo entonces hacen algo, eso sí, por etapas, que tampoco se trata de luego quedarse sin cosas que hacer, o más bien, sin cosas que poder presumir, no vaya a ser que luego la ciudadanía les reclame que están cobrando sin hacer nada, si de algo se puede acusar a la actual administración municipal de la capital coahuilense, es haber perfeccionado a su máxima expresión aquella viaja filosofía de hacer como que hacen.
La semana pasada el presidente municipal Javier Díaz González lanzó su programa Impulsa PyMES Saltillo, el cual, según el discurso de presentación, busca fortalecer la competitividad, la productividad y la sostenibilidad de las pequeñas y medianas empresas instaladas en el municipio. También presumieron que el programa reafirma el rumbo de una ciudad con visión clara y consolidada, que la ubica como una de las más competitivas del país, si no es que la número uno. Hasta allí la retórica, nosotros nos atreveríamos a sugerir que más que de fortalecer, el programa debería orientarse a la garantía de mera supervivencia de las unidades productivas, y por eso, consideramos que llega tarde.
Según datos oficiales del Instituto Mexicano del Seguro Social, al cierre del año 2025 había en el país un millón 29 mil 280 patrones, lo que representa una pérdida de 25 mil 667 menos que los que había a finales del año anterior. Esto a nivel nacional, en Coahuila la tendencia es similar, no a un aumento en el número de empresas, sino a una reducción. Si a esto se asocia el pobrísimo desempeño del indicador de creación de empleos, que durante el primer año de gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum apenas logró algo más de 250 mil plazas laborales, queda de manifiesto que la estrategia económica actual, que es continuación de la del sexenio pasado, es un fracaso monumental.
Con su formación de economista, empresario, Javier Díaz González debió plantear este su programa para impulsar las pequeñas y medianas empresas, a lo que yo agregaría las de nivel micro, y el autoempleo, para redondear un proyecto económico que, este sí, consolidara la ubicación de Saltillo y la región sureste como altamente competitiva y dinámica. No, por en asunto de política, de ir dosificando el trabajo y los programas a lo largo de los tres años del mandato, dejaron este hasta el comienzo del segundo año, en lo que un servidor ve como una oportunidad desperdiciada.
Imagínese que Coahuila, que Saltillo, marcaran una tendencia contraria a la nacional, en lo que toca al cierre de unidades productivas, que aquí no cerraran, y es más, que se fueran creando, si quiere de a poquitas o no tan poquitas, pero que se notara un crecimiento… ahí sí que se podría hablar de lo que a los políticos les encanta ‘El Modelo Coahuila”, ‘Coahuila como referente’, en algo tan concreto como que, mientras en todos lados cierran las empresas, aquí permanecen y hasta nacen más… suena bonito ¿no?
En fin, ya lo anunciaron, confiemos en que funciona, que no es el puro evento para las fotos y codearse con los empresarios, y que le echen ganas para revertir lo que está en el aire, les quedan dos años de trabajo, y ni llorar porque pudieron muy bien haber sido tres.
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