Durante la marcha que realizaron el jueves, jóvenes expusieron casos de explotación, acoso y condiciones laborales abusivas que violan sus derechos
Por Héctor García Álvarez
Saltillo, Coahuila. 02/05/25 (Más).– Durante la marcha por la reducción de la jornada laboral a 40 horas este 1 de Mayo, se alzó la voz por un horario más humano, y con esto salieron a la luz denuncias que retratan una crisis profunda en los entornos laborales que afecta principalmente a jóvenes entre 17 a 25 años.
Casos de sobreexplotación, acoso, incumplimiento de leyes laborales y deterioro en la salud mental se exhibieron en un tendedero de denuncias, donde los testimonios se convirtieron en eco de una realidad silenciada.
Para muchos jóvenes, el reto no solo es cumplir con jornadas extensas y mal pagadas, sino también sostener su educación en paralelo. “Entro a clases a las siete de la mañana y salgo del trabajo a las nueve de la noche. No descanso, no vivo, pero si me quejo, me corren”, se lee en uno de los mensajes colgados durante la protesta.
Esta doble carga —académica y laboral— está empujando a cientos de jóvenes a una espiral de agotamiento físico y emocional. La imposibilidad de rendir plenamente en ambas áreas provoca que abandonen sus estudios o enfrenten crisis severas de ansiedad, mientras las empresas se deslindan de cualquier responsabilidad.
“Escucho que personas más grandes dicen que siempre ha sido así, que es algo normal, pero no entiendo por qué debemos normalizar esto en jóvenes que sólo deberían estudiar”, mencionó un estudiante y trabajador.
En Coahuila, pese a la existencia de leyes que regulan los derechos laborales, la práctica en muchas empresas va en sentido contrario. Los jóvenes son contratados sin prestaciones, obligados a realizar horas extra sin pago, asumir tareas fuera de contrato y aceptar condiciones abusivas con la amenaza constante de perder su empleo.
A esto se suma el acoso laboral —tanto psicológico como sexual—, otro de los puntos más recurrentes entre los testimonios. Varias jóvenes relataron haber sido acosadas por supervisores o compañeros sin que existan protocolos para protegerlas. “Me dijeron que si denunciaba, iban a cambiarme de área, pero él seguiría ahí”, escribió una trabajadora de 19 años.
Estas condiciones están generando un impacto profundo en la salud mental de la juventud trabajadora. Según reportes del Instituto Coahuilense de Salud Mental, han incrementado los casos de ansiedad, insomnio, ataques de pánico e incluso ideación suicida en jóvenes que enfrentan cargas laborales extremas.
“Lloro en los baños del trabajo, luego finjo estar bien en la universidad”, compartió una estudiante-trabajadora durante la manifestación. Este deterioro psicológico avanza sin atención, pues en la mayoría de los centros de trabajo no hay apoyo psicológico ni mecanismos de acompañamiento. “No puedo quejarme con nadie porque es el jefe, me dice y me hace cosas indebidas, sigo ahí por el dinero”, agregó.
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