Por Marco Campos Mena
Coahuila vive un momento decisivo. El crecimiento económico ha superado la media nacional, pero la brecha tecnológica y de infraestructura frente al primer mundo sigue siendo amplia. Para alcanzar ese nivel, el estado necesita inversiones estratégicas, inteligentes y sostenibles que eviten caer en endeudamiento, pero garanticen desarrollo, competitividad y calidad de vida.
Coahuila necesita una gran cantidad de inversiones para estar al nivel del estado que queremos que sea. No solamente porque hemos crecido a mayor velocidad que el resto del país, sino porque el rezago tecnológico nacional frente a los países desarrollados es considerable. Si aspiramos a competir con ciudades de primer mundo, necesitamos inversiones profundas y bien dirigidas, evitando caer en endeudamientos que comprometan el futuro.
La inversión más urgente es la infraestructura vial. Hoy es el problema más señalado por los ciudadanos: Saltillo tiene alrededor de 500 mil vehículos circulando, una cifra que rebasa por mucho la capacidad de las vialidades actuales.
Los traslados que antes tomaban 10 o 15 minutos hoy tardan media hora o incluso una hora en hora pico. Esto deteriora la calidad de vida, afecta la productividad y limita el potencial económico de la ciudad.
Saltillo no puede seguir siendo solo una potencia obrera e industrial. Tiene condiciones únicas, particularmente su ubicación estratégica cerca de Estados Unidos y las conexiones con distintos puntos del país, con lo cual pudiera convertirse también en un centro de negocios y servicios de alto nivel. Pero para eso, necesitamos vialidades internas y externas que agilicen la movilidad, conecten mejor con Monterrey, con el aeropuerto y con los futuros polos de inversión.
Esto atraerá no solo empleos operativos, sino talento especializado y perfiles ejecutivos que eleven la calidad de vida y diversifiquen la economía.
Es cierto, esto implica riesgos: la gentrificación es uno de ellos, pero si se planifica adecuadamente, Saltillo puede desarrollar zonas de alto valor sin desplazar a quienes viven en zonas más accesibles. La clave es la diversificación y el equilibrio.
Un crecimiento sostenido requiere necesariamente de recursos naturales, y el primero es el agua, liquido sin el cual, no se puede siquiera pensar en crecer, o por el contrario, se tendría que pensar en reducir el tamaño de la ciudad.
Saltillo y gran parte del estado reciben muy poca lluvia. Es obligatorio analizarlo desde al menos dos ejes y comenzar con modelos de captación de agua, infraestructura pluvial y sistemas de almacenamiento que permitan atender el crecimiento futuro sin depender exclusivamente de aguas fósiles que ya han provocado daños, como el exceso de sarro en tuberías y electrodomésticos.
El segundo eje es el medio ambiente urbano. Las ciudades del estado, especialmente Saltillo, Monclova y Torreón, necesitan recuperar áreas verdes, árboles y pulmones urbanos. El exceso de pavimento ha elevado las temperaturas, agravando el efecto “isla de calor” y disminuyendo la permeabilidad del suelo. Además, sin árboles, se limita la atracción natural de lluvia.
Si no resolvemos el tema del agua y el equilibrio ambiental, cualquier proyecto de crecimiento será simplemente insostenible.
Otro punto crucial es la inversión en vivienda vertical. Aunque ya se han dado pasos, todavía es insuficiente y es un tema al que se tiene que comenzar a invertir pronto.
Saltillo requiere complejos habitacionales accesibles para clase media y media baja que permitan vivir en zonas bien conectadas sin necesidad de grandes extensiones de zonas habitacionales ni largos traslados. Existen ejemplos exitosos en Monterrey: edificios de tres a cuatro plantas, con áreas verdes, estacionamiento suficiente, y espacios compartidos con albercas y zonas recreativas, todo dentro del tamaño de un fraccionamiento pequeño.
La vivienda vertical bien planificada mejora la calidad de vida, reduce los tiempos de traslado y optimiza el uso del suelo urbano. Para la población de menores ingresos, también deben existir alternativas verticales cerca del transporte público y de las rutas troncales, que han demostrado ser un desahogo significativo para el tráfico.
A esto debemos sumar la planeación para aprovechar el tren suburbano o regional, pensando en quienes se trasladan diariamente desde Ramos Arizpe, Derramadero o incluso Monterrey. Saltillo debe pensar en movilidad del siglo XXI, no del siglo pasado.
Toda ciudad que crece experimenta un incremento en ciertos tipos de inseguridad. Aunque Coahuila mantiene uno de los modelos más efectivos del país, es indispensable reforzarlo.
El aumento visible de personas en situación de calle, por ejemplo, no puede ignorarse. Requiere atención social, política pública, prevención y espacios de apoyo. Un crecimiento urbano sin orden ni seguridad termina replicando los problemas de las grandes ciudades que tanto queremos evitar.
Necesitamos asegurar que Saltillo crezca de manera ordenada, segura y con reglas claras para todos. El ejemplo lo tenemos. El conocimiento también. Lo que falta, como siempre, es planeación para una ejecución exitosa.
Coahuila tiene todo para ser una ciudad modelo, un referente no solo nacional sino internacional sobre cómo crecer con orden, sostenibilidad y visión de futuro. Pero esto solo será posible si hacemos las inversiones correctas, en el momento correcto y con una estrategia clara.
Es momento de pensar en grande, y sobre todo, de pensar a largo plazo.
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