Ciudad de México, 02/02/26 (Más).- El desarrollo de dispositivos capaces de activar el llamado “reflejo inflamatorio” marcó un punto de inflexión en el tratamiento de enfermedades autoinmunes. Este fenómeno fue descrito por el investigador Kevin J. Tracey, presidente de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica, tras un experimento fortuito en el que se observó que una señal transmitida por el nervio vago podía frenar la inflamación sistémica. “Nos dimos cuenta de que la señal viajaba por el nervio vago, y este nervio era como las líneas de freno de un coche. Era el freno de la inflamación”, explicó el especialista al relatar el hallazgo que, desde finales de la década de 1990, abrió la posibilidad de diseñar terapias que activaran este mecanismo natural.
A partir de ese descubrimiento, se desarrolló un pequeño dispositivo implantable que estimula eléctricamente el nervio vago durante un minuto al día mediante un sistema colocado en el cuello. La tecnología demostró disminuir citocinas inflamatorias y frenar el deterioro articular en pacientes con artritis reumatoide que no respondían a tratamientos convencionales. La autorización para su uso clínico fue concedida en julio de 2025 por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, con base en un ensayo aleatorizado y controlado con placebo cuyos resultados fueron publicados en diciembre del mismo año en Nature Medicine.
El estudio evaluó a 242 personas con artritis reumatoide de difícil control. Después de tres meses de seguimiento, 35.2% de quienes recibieron la estimulación alcanzaron una mejoría clínica significativa, frente a 24.2% del grupo control. Los beneficios se mantuvieron durante un año, con reducción del daño articular, elevada satisfacción de los pacientes y un perfil de seguridad favorable, sin eventos graves inesperados. De acuerdo con Tracey, la cirugía para implantar el dispositivo dura aproximadamente una hora.
En un episodio reciente del pódcast conducido por Eric Topol, el investigador detalló que la intervención es apenas perceptible para la mayoría de los pacientes y que basta un minuto diario de estimulación para activar el mecanismo antiinflamatorio. Durante la conversación, Topol subrayó la relevancia del nervio vago al señalar que “el nervio vago es como el cable de internet del cuerpo”, en alusión a su papel como vía de comunicación entre el cerebro y el resto de los órganos.
El nervio vago conecta directamente el cerebro con estructuras como el corazón, los pulmones, el hígado y el sistema digestivo. De acuerdo con la Cleveland Clinic, constituye la principal vía del sistema parasimpático, encargado de regular funciones automáticas como la digestión, la frecuencia cardiaca y la respuesta inmunitaria, además de facilitar la recuperación del organismo tras el estrés. Por su parte, el Massachusetts General Hospital ha documentado que este nervio también participa en la modulación del estado de ánimo, la presión arterial y el control de la inflamación, a través del denominado “tono vagal”, indicador de su nivel de actividad.
La relevancia clínica de este avance se enmarca en la alta carga mundial de la artritis reumatoide. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2019 cerca de 18 millones de personas vivían con esta enfermedad, de las cuales alrededor de 70% eran mujeres y 55% tenían más de 55 años. Se trata de una patología autoinmune crónica que afecta el tejido de las articulaciones y provoca dolor, inflamación y deformidades, además de poder comprometer órganos como el corazón, los pulmones y los ojos, de acuerdo con la Mayo Clinic.
Más allá de la artritis reumatoide, la estimulación del nervio vago se estudia actualmente como opción terapéutica para otras enfermedades autoinmunes, entre ellas la esclerosis múltiple y la enfermedad de Crohn. La red de atención médica sin fines de lucro Northwell Health ha informado que este campo, conocido como medicina bioelectrónica, integra la neurociencia, la inmunología y la ingeniería eléctrica para diseñar terapias que modulan la respuesta inmunitaria sin recurrir a fármacos. Paralelamente, se exploran dispositivos portátiles de estimulación no invasiva y estrategias complementarias, como el ejercicio, la meditación y la exposición al frío, con el objetivo de potenciar la función vagal y ampliar las alternativas para el tratamiento de procesos inflamatorios crónicos.
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