Saltillo, Coahuila, 06/04/26 (Más).- En Coahuila, más de mil 500 personas permanecen sin identificar pese a que sus restos han sido recuperados por autoridades y colectivos, mientras que únicamente 169 han logrado ser identificadas, lo que evidencia la profunda brecha entre el hallazgo de víctimas y la capacidad institucional para devolverles un nombre.
El proceso de identificación en la entidad combina exhumaciones, análisis forense y cruces genéticos; sin embargo, los avances son limitados frente al volumen de restos humanos recuperados en los últimos años.
Datos del Centro Regional de Identificación Humana (CRIH) indican que existen al menos mil 500 individuos recuperados en exhumaciones masivas, además de más de 125 mil fragmentos óseos, producto en gran parte de la violencia extrema ejercida por el crimen organizado en la región. A un ritmo aproximado de 50 identificaciones por año, el proceso completo podría tardar hasta tres décadas.
En ese contexto, la Fiscalía de Personas Desaparecidas reportó la identificación de 169 personas, de las cuales 127 son originarias de Coahuila y el resto corresponden a otras entidades del país e incluso a 18 personas migrantes. No obstante, esta cifra contrasta con los más de mil 117 cuerpos recuperados tan solo en intervenciones realizadas en panteones municipales como parte de un programa estatal implementado en los últimos dos años.

La región Laguna concentra buena parte de esta crisis. Actualmente, existen 27 puntos de intervención activa, donde autoridades y colectivos realizan búsquedas semanales. Entre ellos destaca el ejido Patrocinio, en San Pedro de las Colonias, considerado uno de los principales sitios de hallazgo de restos humanos.
En este lugar, identificado como un campo de exterminio utilizado por el crimen organizado, particularmente por el grupo de Los Zetas, se han recuperado miles de fragmentos óseos desde 2015. Tan solo en ese predio, se estima que se han extraído más de 3 mil kilos de restos humanos, muchos de ellos calcinados o altamente degradados, lo que complica su identificación.
Los colectivos de búsqueda han documentado que los hallazgos continúan de manera constante.
La complejidad del proceso forense radica en el estado de los restos. Muchos fueron expuestos a fuego, combustible o condiciones extremas, lo que dificulta la obtención de perfiles genéticos. A esto se suma la falta de registros completos y la limitada participación de familiares en la entrega de muestras de ADN.
Además, el subregistro y las omisiones institucionales agravan el problema. En numerosos casos, las muertes no son investigadas como desaparición forzada o no se realizan estudios completos, lo que retrasa aún más la identificación.
Pese a los avances, autoridades reconocen que el ritmo es insuficiente frente a la magnitud del problema.

Mientras tanto, para miles de familias, la espera continúa. Cada identificación representa un cierre parcial, pero también evidencia el rezago: cientos de restos siguen acumulándose en laboratorios y centros forenses, en una crisis que podría prolongarse por décadas si no se incrementan los recursos técnicos, humanos y científicos destinados a esta tarea.
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