GUARDIAS POR TODOS LADOS    

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Si no recordamos mal, fue en la época en que Felipe Calderón Hinojosa fue presidente de la república, que se planteó la necesidad y conveniencia de crear un Sistema Nacional de Seguridad Pública. Lo que son las cosas, la tarea de implementar esta idea, que no era nueva en sí misma, pero que en las ocasiones anteriores que se había planteado, no había pasado de ser una buena intención de parte del gobierno, pero con pocas trazas de llevarlo a la práctica, recayó en Genaro García Luna, uno de los enemigos favoritos de Andrés Manuel López Obrador y de la cuarta transformación en pleno.

Aquella idea se articulaba en gran cantidad de vertientes, ninguna de ellas descabellada, al contrario podríamos decir. Sí, la columna vertebral era un registro nacional policiaco, del cual se venía hablando por no menos de tres sexenios, pero a la hora de apuntar en una hoja de papel los nombres y los datos generales de los policías de todo el país, los nombres de los bien portados y de los mal portados, nomás los burócratas de gobernación no le encontraban la redondez al cuadro, se iban los seis años de la gestión, se gastaban millones o cientos de millones de pesos, y nomás nada, un policía del cual se supone que habría de seguirles la pista a donde fuera que fueran, aparecía por cualquier lado y se empleaba de nuevo sin mayor problema.

Otro punto crítico del Sistema Nacional era el del establecimiento de los controles de confianza. Paralelo a lo anterior, nomás que no solo se trataba de ubicar físicamente a cada policía o expolicía registrado, sino que había que conocerlos por adentro y por afuera, conocerlos mejor que ellos mismos, que sus múltiples novias y novios y hasta que su mamá. Se trataba de tener un perfil sicológico de cada policía, pero no solo uno inicial, sino irlo actualizando periódicamente, de tal manera de que se debería poder saber quienes estaban al puro tiro, quienes pasaban de panzazo, y quienes deberían retirarse del servicio activo por estar al borde de la locura, en sus distintas variantes.

Y por supuesto estaba el mínimo detalle del control de su patrimonio, que es donde más policías chuequeaban a la vuelta de unos pocos años. Ganando más o menos bien, o bien, porque se procuró cubrir salarios como para que no cayeran en tentación, sobre todo los policías federales, había un sistema para cotejar si con lo que ganaban, menos lo que gastaban, les alcanzaba para tener los carros, casas, tren de vida, viajes, joyas y demás de los que hacían ostentación. Muchos policías fueron sujeto de investigación y procesados por ese solo hecho, el de que con lo que ganaban legalmente, no podían darse esa vidaza de envidia.

No era mala idea lo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de hecho todavía sigue existiendo, no lo ha matado la cuarta transformación, pero no funciona ni remotamente como debería. Si a esas fuéramos, el tal sistema debería ser la base de datos que alimentara buena parte de las tareas de la Guardia Nacional, cuerpo creado por el presidente López Obrador, como medida de supuestamente acabar con la corrupción, que según él, campeaba en la policía federal, misma que por lo demás, no ha terminado con ningún exfuncionario procesado y sentenciado, luego de cuatro años de intentarlo por todos los medios.

A raíz de lo que ha venido sucediendo en los pasados meses, semanas y días en las carreteras del norte del país, la gente, los mismos gobiernos de los estados, han comenzado a cuestionar si el modelo seguido por la administración pública federal ha sido el correcto, siendo la conclusión inicial que no. las carreteras, autopistas, por no hablar de los caminos y brechas están convertidas en tierra de nadie, al menos por lo que toca a la vigilancia de policías federales, o para no confundir, de guardias nacionales, cuya presencia es casi nula.

Es cierto que se ven, por aquí y por allá, retenes del Ejército, se ven rondines de soldados en algunos sitios bastante apartados, pero lo que la gente estaba acostumbrada a ver, patrullas de caminos, esas han prácticamente desaparecido del mapa, solamente cuando ya ocurrió un accidente, allí se aparecen para abanderar y hacer los trámites que les competen a ellos, pero así que alguien diga que están allí para prevenir, nomás no.

Cada vez que hay un percance en el tramo Los Chorros de la carretera 57, se renuevan los llamados de las autoridades, de los conductores y de los habitantes de la zona, para pedir una mayor presencia de patrullas de la Guardia Nacional, rara vez les hacen caso, y cuando mucho es por algunos pocos días, luego se vuelven a replegar a lo que sea que sean sus otras actividades, de las que el común de la población, esos mismos que los mantienen mediante el pago de sus impuestos, no tiene noticia.

Pero eso es lo de los accidentes, lo de la inseguridad es otra cuestión, una que se ha venido agudizando al paso de las semanas, llegándose a los extremos que nos tenemos más que sabidos. Lo del empresario Lorenzo Mario González, secuestrado y ultimado sobre la carretera 57, viniendo de su rancho ubicado en Nuevo León, marcó el inicio de un año sangriento. Luego más cerca se dio el asalto a un par de camiones del colegio Don Bosco, y en plena semana santa el secuestro de dos camionetas en un caso de lo más nebuloso, que solo pone de manifiesto la falta de control de la autoridad sobre quienes transitan por las carreteras.

Luego del incidente de los migrantes en Matehuala, el gobernador de San Luis se aventó el palomazo de decir que va a crear una Guardia Civil potosina, esto ante la obvia incapacidad de la Guardia Nacional de guarecer a los viajeros. Mal cuento, no por la decisión política, burocrática del gobernador, que lo hace con intenciones marcadamente políticas, sino por lo que es un hacer a un lado una decisión que se había vendido como la panacea al tema de la inseguridad, que no ha hecho más que aumentar en este sexenio federal.

Nuevo León hace tiempo que tiene sus propias corporaciones policiacas, de hecho allí se comenzaron a llamar Fuerzas y Guardias antes que las federales, y bueno, está Coahuila, donde hay varias corporaciones con tareas propias, más el respaldo del ejército Mexicano, el cual se logra mediante un contrato y un pago nada económico, pero que funciona en el mantenimiento de la seguridad.

¿A qué nos lleva todo esto?, a que el sistema nacional de seguridad, que debería servir, no sirve, a que la Guardia Nacional que tantas expectativas generó, se quedó corta y a que de nueva cuenta estén los estados recurriendo a crear policías cada vez más costosas, cada vez más violentas para responder violentamente al crimen organizado y al desorganizado también, sin el debido control que debería existir sobre ellos. Todo porque como siempre, se hacen las cosas de dientes para fuera, sin ganas, y se pacta con los criminales, antes que con las fuerzas de seguridad del propio gobierno.


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