Por Marco Campos Mena
No es la primera vez que lo decimos, ya estamos acostumbrados a ver golpeteos entre los miembros de la 4T; eso no sorprende tanto… Al igual que ocurría en el PRD, las tribus internas terminan peleándose entre sí, y ese, sin duda, es uno de los males heredados de ser un partido hecho de todos los colores, las facciones tienden a pelear todavía más fuerte.
Lo que vimos esta semana ya subió de nivel a uno que no puede dejar que se difumine en el silencio y las distracciones. Pasar de señalamientos y disputas de discurso a los golpes que vienen con acusaciones graves: lavado de dinero, huachicol, corrupción, cohecho y hasta vínculos con el crimen organizado. Y no lo dice la oposición ni la “comentocracia” (como suelen decir); lo señalan ellos mismos.
Estamos tan acostumbrados a ver desobediencias abiertas a la postura presidencial y a señalamientos entre funcionarios que solemos normalizar a estas alturas, pero esta vez no pueden minimizarse. Lo que parecía una disputa interna de poder, se volvió acusaciones de carácter penal y moral entre miembros del propio movimiento.
Uno de los hechos que más llamó la atención, y por el que prácticamente muchos celebramos, fue el despido de Marx Arriaga, ese personaje que destruyó los libros de texto gratuito al ideologizarlos y llenarlos de información falsa, equivocada y propagandística. El video se viralizó inmediatamente y pudimos apreciar cómo fue sacado de las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública de la manera más humillante posible. Intentó victimizarse, buscó llamar la atención y pintarse como perseguido; pero lo que quedó claro es otra cosa con su video posterior es que la corrupción está por toda la 4T.
Y aunque él quiso darle vuelta a su salida, se dedicó a acusar. Señaló que existe una corrupción profunda dentro de la Secretaría de Educación Pública y responsabilizó tanto al titular actual, Mario Delgado, como a la anterior secretaria, Leticia Ramírez Amaya. Esa es una acusación directa de corrupción entre los propios. Ese tipo de señalamientos no se borran con una disculpa en redes sociales ni con discursos oficiales.
Todos estos señalamientos que hemos visto, y no solo por la SEP, sino por otros miembros del partido, nos hacen ver una sola cosa y nos recuerdan esa famosa frase del propio Andrés Manuel López Obrador: “Todo acto de corrupción tiene el visto bueno del presidente”. Fue una frase con la que se atacó a gobiernos pasados y se usó para proyectar una supuesta superioridad moral, pero hoy esa misma frase regresa como un espejo que refleja la putrefacción del movimiento.
Si el nivel de corrupción que describen los propios integrantes es real, si las acusaciones tienen sustento, y vaya que eso ya ni siquiera está en duda, entonces estamos frente a un problema que no pudo haber pasado desapercibido para quien estuvo al frente del país. Y si, hipotéticamente hablando, no supo de ello, entonces estaríamos ante el presidente más rebasado e inepto de la historia por no darse cuenta de lo que ocurría justo en frente de él. En ningún panorama sale bien parado.
Con la publicación del libro ‘Ni venganza ni perdón’, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, se destapa una cloaca aún más grande en la que se evidencian todos los fraudes, financiamientos ilegales y abusos de poder del mismo López Obrador.
Lejos de que lo desmientan los partidarios, han tomado posturas de acusación en las que el adjetivo más común es el de “traidor” por hacer público todo lo que trataron de ocultar por años.
La 4T nació con una narrativa de cambio moral, de ruptura con prácticas corruptas del pasado, una narrativa que se fue construyendo a base de críticas a la gestión anterior y de promesas de una nueva forma de hacer política. Hoy, esa narrativa se enfrenta a sus propias contradicciones cuando los golpes vienen desde adentro, cuando las acusaciones cruzadas involucran aspectos graves que no pueden desestimarse con una frase oficial.
El silencio de la presidenta ante todo esto ha sido un golpe contundente para el movimiento, habla de complicidad, de no querer hacer nada en contra de los suyos por más graves que son las acusaciones y mientras tanto, al calor de las discusiones ha comenzado a circular en redes sociales una importante cantidad de contenido haciendo comparaciones entre los presidentes anteriores y los de la 4T.
Quizás lo más destructivo para la 4T es que ahora mucha gente ve a Enrique Peña Nieto como un gran presidente por su acción en contra de los gobernadores corruptos, incluso de su mismo partido, por delitos que palidecen ante todas las acusaciones de los actuales guindas.
Los megadesfalcos de la morena no tienen precedente, incluso la estafa maestra se ve pequeña contra todo lo que han estado robando y en tan poco tiempo… y estos desfalcos son ya de conocimiento popular por todo lo que están sacando a la luz los mismos que se decían obradoristas.
Ahora solo queda ver como todo lo que construyeron a base de mentiras, engaños y traiciones se está desmoronando y queda el temor de lo que pueda pasar cuando todo esto llegue a oídos de Trump, quien no se tienta el corazón cuando se trata de narco políticos.
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