Ciudad de México, 30/06/25 (Más).- La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta dificultades para consolidar un control político efectivo sobre los gobernadores emanados de su propio partido, Morena, quienes, en distintas entidades del país, han adoptado posturas o promovido acciones que contradicen los principios ideológicos del movimiento en el poder, la Cuarta Transformación. Esta autonomía ha reavivado comparaciones con prácticas del pasado priista y ha llevado a analistas a considerar que Morena enfrenta una fragmentación interna, pese a su hegemonía territorial.
Uno de los casos más visibles es el del gobernador de Nayarit, quien ha sido objeto de críticas por su intención de demoler la Ciudad de las Artes para construir un estadio. Otro ejemplo es la iniciativa legislativa en Puebla sobre ciberasedio, que ha generado cuestionamientos en conferencias matutinas de la presidenta, al igual que los ataques desde el gobierno de Campeche contra periodistas y usuarios de redes sociales.
En Baja California, la ciudadanía ha manifestado inconformidad por presuntos actos de corrupción, mientras que la propuesta presidencial contra el nepotismo enfrenta resistencia de varios gobiernos estatales, lo que evidencia fisuras entre la presidencia y los mandatarios locales. Esta serie de actos ha sido interpretada como una señal de debilidad en el liderazgo central del partido gobernante.
El analista político Khemvirg Puente, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señaló que ni uno solo de los gobernadores morenistas le debe su cargo actual a la presidenta. “Todos fueron postulados con el visto bueno del anterior, Andrés Manuel López Obrador, y eso les da un margen de autonomía que pone en aprietos a Sheinbaum en ocasiones”, explicó. Esta autonomía se manifiesta cuando las decisiones estatales se alejan de los principios de austeridad republicana promovidos desde el Ejecutivo federal.
Para Puente, la raíz del comportamiento independiente de estos gobernadores no solo está en la cultura priista de la que muchos provienen, sino también en el poder territorial que ejercen, tanto en términos de control electoral como de influencia sobre las oposiciones locales. Esta circunstancia impide que el partido rechace o margine a estos liderazgos, aun cuando se desvíen de la línea política nacional.
La analista Paula Sofía Vásquez sostuvo que Morena llegó al poder en 2018 con un líder visible, López Obrador, y con principios claros, pero el poder que ha conseguido después ha obligado a alcanzar acuerdos con el priismo en desbandada, incluso con el panismo. A su juicio, esta situación ha desembocado en una paradoja: la presidenta ha alcanzado un poder electoral significativo, pero no un control efectivo del partido.
Vásquez agregó que las divisiones internas del partido quedaron evidenciadas durante las elecciones judiciales, en las que todos los candidatos electos pertenecían a Morena, pero no todos compartían los mismos intereses o lealtades. Esta diversidad interna ha dificultado la gobernabilidad dentro del propio partido.

Puente destacó que Morena carece de la cultura de disciplina que caracterizaba al priismo. Comparó este fenómeno con el gobernador priista de Durango, Esteban Alejandro Villegas, quien, aunque marca distancia con Morena, no genera fricciones con la presidencia, a diferencia de varios mandatarios morenistas. “Se diría que todos los aprietos llegan de parte de los jefes de su propio partido”, dijo.
Ante la dificultad para ejercer un control político directo, la estrategia de Sheinbaum podría centrarse en el uso del poder económico para centralizar ciertos recursos a través del presupuesto federal, según explicó Puente. Recordó que los gobernadores adquirieron mayor autonomía con Vicente Fox y Felipe Calderón, mientras que con Enrique Peña Nieto se centralizaron algunos recursos. “Creo que Sheinbaum tratará de centralizar el poder económico”, afirmó.
Aunque Morena prohíbe formalmente las tribus políticas, estas divisiones persisten en la práctica. La ley contra el nepotismo promovida por Sheinbaum reveló resistencias de liderazgos que buscan preservar redes de poder familiares. Vásquez observó que, a diferencia del PRD, donde las facciones eran visibles, en Morena estas se ocultan, lo que genera un panorama incierto. “No hay tribus de jure, pero sí de facto y eso genera un panorama incierto en la Corte morenista. Sheinbaum pide que ciertas cosas no sucedan, pero suceden”, indicó.
Para algunos observadores, la falta de control de Sheinbaum sobre los gobernadores podría interpretarse como una señal de consolidación democrática. Sin embargo, otros consideran que esta desarticulación interna puede debilitar al partido de cara a los próximos procesos electorales. Morena mantiene el control de la mayoría de las gubernaturas del país, pero su unidad interna enfrenta tensiones crecientes.
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