Pedro Cárdenas Casillas
En la región latinoamericana plagada de desigualdades estructurales y ante la omnipresencia del imperio estadounidense, Cuba se perfiló como un estandarte, o más bien como el estandarte, de resistencia. Los grandes logros de las autoridades cubanas en materia de educación y alfabetización, así como salud en la isla no han pasado desapercibidos en las últimas décadas. El histórico de Cuba, su supervivencia ante las intervenciones y el bloqueo de los Estados Unidos por casi 70 años, ha provocado, sin embargo, que discutir la situación de derechos humanos del país sea una imposibilidad.
A esto hay que agregar que, desde México, la política exterior y el sentimiento de hermandad han convertido a Cuba en un escenario excepcional frente al resto del continente. Hoy, dialogar sobre Cuba implica más bien una disputa ideológica y simbólica, en vez de un análisis de políticas, indicadores y hechos sobre la protección de los derechos de su población.
La argumentación desde algunos grupos es contundente; los Estados Unidos llevan casi 70 años ahorcando al pueblo cubano en un desenfrenado proceso para forzar a Cuba a convertirse en un lacayo de su imperio. El embargo y bloqueo son contrarios a los derechos de la soberanía de los pueblos, y junto con sus intervenciones y guerras en Venezuela, Irán y por supuesto, Palestina, estamos siendo testigos del núcleo desnudo de la política colonial estadounidense: la imposición del capitalismo neoliberal por la fuerza. Ante esta oleada de ataques, no queda más que cerrar filas, aliarse, donar, movilizarse, llevar provisiones a la isla y convertirse en una voz más en la lucha contra el facsimo.
Quienes se oponen a esta visión, argumentan desde un lente diametralmente opuesto. En su visión, Cuba es una dictadura cuyo despiadado régimen, queriendo imponer el comunismo a pesar de sus fallas, ha ahogado cualquier posibilidad de pluralismo político y crecimiento económico. Violenta las libertades y derechos sociopolíticos de la ciudadanía cubana, silencia a la oposición, y restringe cualquier posibilidad de cambio. Para los que observan este escenario es entonces claro el camino: la comunidad internacional debe intervenir, presionar al autoritario gobierno cubano a ceder y liberar.
Aunque ambos posicionamientos políticos se diferencian en el espectro ideológico y se presentan como verdades absolutas, estamos ante falsas dicotomías. Múltiples hechos pueden ser verdad, a pesar de presentarse como contradictorios:
- Es un hecho que los EE.UU. ha tirado por la borda la diplomacia y está arrastrando a los promotores del multilateralismo al abismo. El discurso de Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Munich, confirma un anhelo por el retorno al colonialismo blanco heteropatriarcal del occidente.
- Ningún país intervenido por los EE.UU. desde la Guerra Fría se encontró en una mejor posición económica o política a nivel global post intervención. El gobierno norteamericano toma como pretexto las liberties, pero extrae meramente comodities.
- Cuba es un país donde se violan derechos humanos, particularmente la libertad de expresión y acceso a la información, el derecho a la reunión pacífica, a la manifestación y a la participación cívica de manera sistemática. Desde 2019 hasta 2025, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria (WGAD) de las Naciones Unidas ha adoptado 93 casos de detención arbitraria en Cuba. Cubalex reporta que al menos hay 55 detenidos por las recientes protestas en marzo. ARTICLE 19 hemos estado en comunicación con periodistas dentro y fuera de la isla, y hemos documentado violaciones sistemáticas al ejercicio periodístico, a la libertad artística y a la protesta.
- Cuba está en una situación precaria. Hay apagones que superan las 20 horas diarias, incluyendo limitaciones en el suministro de agua, falta de alimentos y problemas de conectividad a internet. Resaltando una crisis humanitaria provocada tanto por las sanciones y embargos, como por políticas públicas internas.
Curiosamente, la bipolaridad de la discusión tiene un encuentro. Ambos bandos profesan el mismo mantra maquiavélico: el fin justifica los medios. Por un lado, la liberación de Cuba es un objetivo que justifica una intervención unilateral. En contraparte, se justifica generar asociaciones civiles y cuentas bancarias express, sin debida revisión administrativa y de transparencia, así como visitar la isla para justificar que todo está bien, ignorando a la diáspora cubana exiliada y a los propios prisioneros políticos en la isla.
Hace falta sincerarnos. La crisis en Cuba es multifactorial. Debemos rechazar el neocolonialismo norteamericano, exigiendo a la comunidad internacional plantarse frente a las intervenciones. Pero al mismo tiempo, quienes creemos y defendemos los derechos humanos no podemos darle el lujo de la excepcionalidad al gobierno de la isla. En Cuba se censura a la prensa, se arresta a los artistas y se silencia toda posibilidad de pluralidad política y democrática. Pero, ¿podemos lograr esto? ¿Podemos aceptar una discusión más compleja? ¿Podemos hablar de Cuba?
Pedro Cárdenas Casillas es oficial del programa de Protección y Espacio Cívico para ARTICLE 19 México y Centroamérica
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