Acapulco, 06/06/25 (Más).- A más de un año y medio del paso del huracán Otis y tras los nuevos estragos provocados por John, madres y padres de familia de la escuela primaria Rafael Ramírez Castañeda, en la colonia La Sabana del puerto de Acapulco, promovieron un amparo ante la justicia para exigir a las autoridades estatales la reconstrucción del plantel, cuyas instalaciones continúan deterioradas y en condiciones que docentes y activistas califican como riesgosas para el alumnado.
La escuela, que atiende a cerca de 600 estudiantes en ambos turnos, presenta severos daños estructurales. Las aulas tienen techos de lámina corroídos, muros con cuarteaduras, ventanales sin cristales ni protección, escombros en el piso y mobiliario roto. Algunas aulas carecen incluso de techo, electricidad o suministro regular de agua potable. En una de ellas, las botellas vacías de cerveza y las pintas de pandillas en las paredes evidencian el acceso libre de desconocidos al recinto escolar.
Frente a esta situación, madres y padres de 56 alumnos del turno vespertino se acercaron a las organizaciones civiles Toma tu Remo y Perteneces, las cuales promovieron un amparo que fue concedido por un tribunal en diciembre de 2024. La resolución instruyó a la Secretaría de Educación de Guerrero (SEG) y al Instituto Guerrerense de Infraestructura Física Educativa (IGIFE) a realizar las reparaciones necesarias para garantizar un entorno seguro para los menores.
Sin embargo, hasta el mes de mayo de 2025, docentes y activistas denunciaron que las autoridades no han cumplido con la orden judicial. “Se están tirando la bolita entre ellos. La SEG dice que la aseguradora Agroasemex debe responder, y el IGIFE dice que no tiene competencia porque el contrato fue con la SEP”, señaló Raquel Álvarez, abogada de la organización Perteneces.
Durante una visita reciente, maestros confirmaron que solo se ha avanzado un 20% en las obras de reconstrucción. La energía eléctrica proviene de una línea saturada y defectuosa, mientras que el agua llega apenas tres veces por semana. El resto del tiempo, los docentes deben dar clases en patios al aire libre por el estado de las aulas.
A esto se suma la destrucción de la barda perimetral desde el paso del huracán Otis, lo que ha dejado a los menores expuestos a riesgos de seguridad. “Una vez vimos a un hombre merodeando por el baño de las niñas durante una reunión de padres. No sabíamos si estaba bajo el efecto de drogas o qué, pero fue alarmante”, explicó un maestro bajo anonimato.
En el mismo sentido, otro docente relató que hombres armados han huido por el patio de la escuela tras realizar disparos en la zona. “Aquí no hay protección. Nos exigen cuidar la integridad de los alumnos, pero también está en juego nuestra vida”, enfatizó.
La falta de atención contrasta con las promesas realizadas por autoridades estatales y federales de reconstruir los centros educativos afectados por desastres naturales. Según testimonios, personal de la aseguradora Agroasemex acudió durante las vacaciones de Semana Santa, abrió una zanja para iniciar obras y después se retiró sin explicación ni avance.
El investigador Fernando Aragón, especialista en riesgos por desastres naturales, visitó la escuela en febrero de 2024 y constató el estado de abandono. “A cinco meses del huracán Otis, la escuela seguía sin bardas, sin techos, sin luz ni agua. No tenía las condiciones mínimas para operar”, aseguró.
Al ser consultada por medios, la Secretaría de Educación de Guerrero no ofreció una postura concreta. Mediante su área de comunicación social, justificó su silencio señalando “problemas internos con la CETEG” y dejó abierta una posible entrevista futura.
Las organizaciones civiles que promovieron el amparo reiteraron que el incumplimiento de la sentencia judicial vulnera los derechos fundamentales de los menores, y advirtieron que continuarán con acciones legales para garantizar su cumplimiento.
Docentes, madres y padres insisten en que la situación se ha vuelto insostenible. “Esto no es una escuela, es un espacio en ruinas”, resumió uno de los maestros entrevistados. Mientras tanto, cientos de niños y niñas en Acapulco siguen recibiendo clases entre escombros y techos colapsados, a la espera de que el gobierno cumpla su promesa de reconstrucción.

