Entre PISA y el espectáculo electoral

El problema de la polarización es que las tribus son incapaces de ver soluciones a los problemas nacionales desde sus perspectivas. Sería un error que México saliera de PISA, pero también hay que reconocer que han fallado las políticas educativas de gobiernos de todos los partidos.

Por: Raúl Zepeda Gil

Hoy por hoy, las noticias sobre las candidaturas presidenciales son esencialmente una narración de una carrera de caballos o de un campeonato de futbol. Confieso, he sido un adicto a la política como espectáculo deportivo y telenovela dramática. Desde que tengo uso de razón leo las noticas mexicanas como un infinito y jugoso drama. ¿Quién se peleó con quién? ¿Quién va arriba en la encuesta? El problema de fondo es que la polarización ha agudizado esta narrativa y, a su vez, ha oscurecido la de por sí flaca discusión de los problemas nacionales. Peor aún, el debate público en código tribal ya va a velocidades francamente desorientadoras.

Les doy un ejemplo. Hace unos días fueron revelados los resultados del  Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes PISA (el instrumento para evaluar conocimientos escolares desplegado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Por primera vez tenemos una medición amplia de los aprendizajes después de la pandemia, confirmando lo que mis colegas Monroy Gómez Franco, Vélez y López Calva estimaban: una agresiva caída.

Leí el reporte, seguí con mis actividades cotidianas, e inmediatamente la discusión en X escaló a sospechadas conclusiones en menos de unas horas. Por un lado, PISA era una herramienta contra el gobierno y la coalición en turno (cosa extraña porque el gobierno actual aceptó el levantamiento de PISA en las escuelas mexicanas). Por otro lado, según los detractores del actual gobierno, PISA era una prueba irrefutable del fracaso de la coalición gobernante. Pero si revisamos los datos, la historia es mucho más compleja. Efectivamente, hubo un declive en este sexenio, pero México ha tenido declives antes (2003 y 2015), y ha estado estancado en los tres indicadores principales desde que inició a levantarse esta medición. En esencia, gobiernos de todos los partidos mexicanos han presidido sobre el estancamiento educativo mexicano.

Sería claramente injusto atribuir todo el declive en 2022 al actual gobierno sin reconocer que la pandemia le puso condiciones extraordinarias. Pero como dicen mis colegas Monroy Gómez Franco y Vélez, las medidas del actual gobierno son insuficientes. Ampliar la jornada escolar sin atender el diferencial entre quienes perdieron más en la pandemia no servirá de mucho. Si nada cambia, el próximo PISA confirmará esto.

El problema de la polarización es que las tribus son incapaces de ver soluciones a los problemas nacionales desde sus perspectivas, sin necesidad de cuestionar la mera existencia del problema. Un ejemplo es llamar a la salida de México de PISA, lo cual me parece un error: necesitamos esa información. ¿Puede haber otras fuentes y evaluaciones sobre otros aspectos valiosos del sistema educativo mexicano? Por supuesto. Pero debemos reconocer que este no ha mejorado. Y que han fallado las políticas de gobiernos de todos los partidos.

Sugiero a tirios y troyanos un respiro antes de reaccionar exageradamente a cualquier mala noticia sobre el país. Del lado de la actual oposición, a sabiendas que la coalición gobernante tiene la tendencia de pedir la eliminación de lo que sea, quizás deberían reconocer que son corresponsables en lo que ha sucedido en PISA. Por ejemplo, ellos han sido los grandes promotores de reformas educativas que no han dado ningún resultado tangible. Por el lado de los partidos gobernantes, sobre todo porque siguen arriba en las encuestas, no pueden justificar perpetuamente la falta de resultados en el pasado. Ya pasaron seis años, y si gobiernan seis más, al menos deben tener un plan diferente.

De hecho, la batería de políticas que actualmente se usa -aunque valiosa por su rol en la ampliación de derechos sociales- no parece que tendrá grandes efectos. Cambiar currículos, dar becas y poner programas de subsidios a las escuelas es parte de un menú que no ha cambiado el panorama. Luego entonces, culpar al pasado del problema haciendo cosas similares es un sinsentido.

Sin duda, yo apoyo que haya más becas y con mayores montos porque necesitamos fortalecer la capacidad financiera de las familias mexicanas y su acceso al derecho a la educación. No dudo de la necesidad de integrar conocimientos multiculturales en las aulas. Y seguimos arrastrando el problema de la pésima infraestructura educativa. Pero a estas políticas se debe adjuntar mucho más en formación docente, atender los problemas del mercado laboral que enfrentan los padres, y desplegar una política de atención infantil temprana. Y PISA nos puede ayudar a evaluar cómo un combo de políticas sin grandes estridencias, pero con hilado fino, pueden por fin sacarnos del estancamiento en aprendizajes.

Mi llamado a finales de este año es que los interesados en los problemas nacionales, no importando si simpatizan o no con algún polo electoral, se comprometan a evadir la telenovela y la carrera de caballos. Ya habrá candidatos. Todo estará repartido. Lo que importa es cómo las personas que están en esa carrera o drama resolverán o atenderán los problemas nacionales. En particular, el problema educativo no puede esperar otro sexenio. Echarle porras a nuestro equipo y denostar al rival no ayudará a ningún maestro a enseñar mejor matemáticas.


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