Ciudad de México, 10 dic.- Vivir en los alrededores de una mina de cobre incrementa de manera significativa el riesgo de partos prematuros extremos y de malformaciones fetales en los sistemas circulatorio y osteomuscular, de acuerdo con un estudio al que tuvo acceso El País México y que analiza el impacto sanitario de la minería asociada a los llamados minerales críticos para la transición energética y la electromovilidad.
La investigación, titulada Riesgos perinatales asociados a la minería de cobre en México y elaborada por la asociación civil CartoCrítica, examinó datos de 76.000 nacimientos registrados en comunidades cercanas a grandes explotaciones mineras de cobre en 11 estados del país. El análisis reveló que los recién nacidos cuyas madres vivían a menos de 10 kilómetros de una mina presentaron un 56 por ciento más de probabilidad de nacer en un parto prematuro extremo, es decir, antes de las 28 semanas de gestación, una condición que representa un riesgo grave para la supervivencia infantil.
Según la Organización Mundial de la Salud, las complicaciones derivadas de nacimientos prematuros constituyen la principal causa de mortalidad en menores de cinco años a nivel global, lo que agrava la relevancia de los hallazgos para el contexto mexicano, donde la prevalencia de partos prematuros ya es elevada.
El estudio también encontró que los bebés gestados en zonas cercanas a minas de cobre tienen un 366 por ciento más de posibilidades de presentar malformaciones del sistema circulatorio. En comunidades ubicadas hasta a 20 kilómetros de distancia de estas explotaciones, el riesgo de malformaciones osteomusculares aumenta en 126 por ciento.
México produce alrededor de 750.000 toneladas anuales de cobre y ocupa el décimo lugar entre los productores mundiales. No obstante, el estudio advierte que la presión sanitaria podría intensificarse en los próximos años, ya que la demanda de cobre y otros minerales críticos, como el cobalto, el grafito y el níquel, podría multiplicarse casi por cuatro hacia 2030 debido a la transición energética y la expansión de la electromovilidad.
Manuel Llano, director de CartoCrítica y autor del estudio junto con Carla Flores Lot, explicó que la contaminación derivada de la minería de cobre tiene un alto nivel de toxicidad y puede afectar directamente al feto. Señaló que el polvo, las partículas suspendidas y el drenaje ácido liberan metales pesados como plomo, arsénico y cadmio, los cuales pueden ingresar al organismo materno a través del aire, el agua o los alimentos y atravesar la placenta.
Llano subrayó la necesidad de fortalecer la regulación minera en México y prohibir prácticas como la minería a cielo abierto. Indicó que cuatro de cada diez minas metálicas en el país carecen de una evaluación de impacto ambiental y que, incluso entre las que sí cumplen, la mayoría no reporta sus emisiones contaminantes a la Administración Pública, lo que deja a las comunidades cercanas sin monitoreo adecuado y expuestas a riesgos significativos para su salud.
El estudio analizó específicamente las poblaciones que viven alrededor de 17 minas de cobre en operación desde 2017, con una producción mínima de 1.000 toneladas anuales. Entre ellas se incluye Buenavista del Cobre, la mina de Grupo México en Sonora, responsable de casi la mitad de la producción nacional del mineral.
En esa explotación ocurrió en 2014 el peor derrame tóxico en la historia del país, cuando la ruptura de una presa de desechos contaminó los ríos Bacanuchi y Sonora, afectando la salud, los medios de vida y el entorno de unas 22.000 personas. Más de una década después, las comunidades afectadas denuncian que la empresa no ha cumplido con las promesas de remediación ambiental.
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