Lo ocurrido en Coahuila es un montaje para ocultar que las injusticias de la minería de carbón siguen y este Gobierno, al igual que los anteriores, las facilitan
REDACCIÓN MÁS / IA
El artículo original fue escrito por Javier Garza Ramos en https://elpais.com/mexico/opinion/2024-06-18/la-justicia-que-nunca-llego-a-pasta-de-conchos.html
El hallazgo de restos humanos en la mina de carbón Pasta de Conchos en Coahuila, donde hace 18 años 65 trabajadores murieron atrapados, le dio al presidente Andrés Manuel López Obrador la oportunidad de presentarse como cercano al pueblo, empático con quienes viven una tragedia y como un corrector de injusticias del pasado. Este hecho también marcó la primera gira con la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, quien compartió las luminarias de un triunfo de la Cuarta Transformación: la justicia a víctimas de una tragedia provocada por gobiernos del viejo régimen, estimó el periodista Javier Garza Ramos en su artículo publicado por diario EL PAÍS.
No obstante, la presidenta electa debe considerar los otros datos. Lo ocurrido en Coahuila puede interpretarse como un montaje para ocultar que las injusticias en la minería de carbón continúan y que este gobierno, al igual que los anteriores, las facilita.

La recuperación de los restos es una de las pocas exigencias que López Obrador pudo cumplirle a los deudos de Pasta de Conchos, donde solo los cuerpos de dos de los 65 mineros pudieron ser rescatados en los días posteriores al derrumbe del 19 de febrero de 2006.
Los otros 63 cuerpos han permanecido decenas de metros bajo tierra durante más de 18 años. El primer hallazgo podría ser de hasta 13 cuerpos. Es una esperanza, pero apenas una fracción del trabajo que queda.
La realidad es que este gobierno no ha hecho nada significativo para mejorar las condiciones de la minería de carbón en Coahuila. Los mineros exigen que tragedias como la de Pasta de Conchos no ocurran de nuevo, demandando que las autoridades sean más estrictas en garantizar la seguridad en las minas y que se castigue a quienes las tienen en condiciones inseguras.

Aunque no ha ocurrido un accidente de la magnitud de Pasta de Conchos, esto no significa que no haya muertes. Después de Pasta de Conchos han muerto 116 trabajadores en minas de carbón, ya sea en derrumbes, inundaciones, explosiones o accidentes de maquinaria, casi el doble de los fallecidos en ese solo hecho de 2006.
De esos 116, 25 han ocurrido en el actual sexenio. Esto lo debe saber muy bien la secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, quien hoy se ufana de coordinar la recuperación de restos en Pasta de Conchos, pero fue secretaria del Trabajo cuando ocurrieron 22 de esas 25 muertes debido a pobres condiciones de seguridad.



Algunas de estas muertes ocurrieron en minas que estaban en situación irregular. A Alcalde nunca le interesó la seguridad en las minas, pues los accidentes en la región carbonífera de Coahuila no cesan. En su trato con mineros y familiares de víctimas, fomentó la división, cerrándose a dialogar con quienes criticaban las nulas medidas de seguridad.
Manuel Bartlett, el director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), tampoco ha mostrado interés real en la seguridad minera. Aunque hoy se cuelga la medalla porque la CFE es la encargada de las excavaciones en Pasta de Conchos, durante cinco años y medio ha permitido que la empresa compre carbón a minas sin condiciones de seguridad, en muchos casos los llamados “pocitos” donde apenas cabe una persona sin equipo protector.
La CFE, siendo el principal comprador de carbón, podría fijar reglas que incentiven las medidas de seguridad, pero prefiere hacer negocios que beneficien a benefactores de Morena.

El gobierno de López Obrador tampoco ha cumplido la exigencia de justicia. Al igual que sus predecesores, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, el actual presidente nunca procedió contra Grupo México, el gigante minero propiedad de Germán Larrea, uno de los hombres más ricos del país, que era propietario de la mina.
Tras la tragedia, Larrea cerró sus operaciones de carbón en Coahuila sin ninguna sanción y se fue a explotar otras áreas del país, causando otros escándalos de los que ha salido impune.
Esto es lo que hay detrás del montaje en Pasta de Conchos el fin de semana pasado en Coahuila. No es solo la tragedia de hace 18 años, sino la que se vive todavía en la región carbonífera cuando las autoridades voltean a otro lado. López Obrador no ha rectificado las injusticias de décadas, por más que crea que sí lo hizo. Ahora, Sheinbaum tiene la oportunidad de enfrentar esta realidad y actuar en consecuencia.
Con información de EL PAÍS
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