Por Horacio Cárdenas Zardoni
Para quienes crecimos pegados a la pantalla de la televisión, o todavía mejor, a la pantalla cinematográfica, la vida se regía conforme a un guion, a un libreto.
De tanto ver programas elaborados por los estudios Disney, luego de cierto tiempo comenzamos a tener un saborcito un tanto desagradable, que se fue confirmando con cada nuevo programa. No importaba si era de caballos, de leones, de perros, de gaviotas, todos tenían una misma secuencia en la historia. Obvio el personaje principal era una especie de inadaptado que tenía problemas con su familia, no tenía amigos, todo le salía mal, y sin embargo el programa trababa de él o ella, de cómo lograba sobreponerse a sus circunstancias, porque tenía un gran corazón, aspiraciones, sueños… Como eran programas de una hora, llegamos a cronometrar al minuto no solamente los cortes comerciales, sino los momentos en los que iba a tener su clímax la historia, su anticlímax, los momentos de triunfo, de desolación, todo lo cual conducía irrevocablemente a un final feliz.
Lo malo es que al siguiente día se repetía el guion, pero lo peor es que el programa de la siguiente hora también tenía uno muy parecido, y así prácticamente todos. Los únicos que se salvaban eran programas españoles, o de otras naciones europeas o de Japón, los cuales también tenían su propia progresión de situaciones, hechos y finales muy identificable.
No es extraño entonces que viéndonos expuestos a esto desde pequeños, tuviéramos, es más, seguimos teniendo la idea de que nuestra vida se apega a un libreto cinematográfico, el cual para nuestra desgracia no tenemos a la mano, pero aun las escenas más emotivas o impactantes en nuestra existencia, nos las imaginamos con un cierto juego de cámaras, acercamientos, paneos, oscurecimientos, y no falta quien tiene elegida hasta música de fondo para cada escena. De hecho conocemos a un cínico que dice que él sabe perfectamente cuando terminará su vida, en el momento en el que comiencen a aparecer los créditos en la pantalla,..
Pero bueno, sirva esto para plantear que cada quien en su vida, tiene momentos particularmente importantes, otros definitorios, bastantes dramáticos que quisiera uno brincarse, ¿qué le puedo yo decir?, seguro usted tiene sus películas favoritas, de las cuales habrá sacado frases, actitudes, miradas, diálogos completos, que ha aplicado lo mismo a situaciones amorosas que laborales, o del tipo que sea.
Los políticos también se ven expuestos a esta clase de cosas, de hecho muchos hombres y mujeres que se dedican a la grilla tienen su vena histriónica, parecen personajes salidos de la pluma de algún guionista. Solo así nos podemos explicar a alguien como Diego Fernández de Ceballos, barba y habano incluidos, Vicente Fox Quesada con el bigote, hebilla del cinto y botas, está por supuesto, o estaba Porfirio Muñoz Ledo y hasta María Clemente García Moreno, sin faltar por supuesto Gerardo Fernández Noroña o el mismo Andrés Manuel López Obrador, quienes se sospecha que cultivan la imagen con la que se han dado a conocer, a admirar y a detestar por la gente, esto porque nadie puede ser así en la vida real… aun tratándose de México.
Y bueno, así como hay imágenes, también hay momentos, recordamos uno de los más elaborados de la política reciente, en la persona de Alonso Lujambio, quien fuera secretario de educación pública en el sexenio de Felipe Calderón, quien había sido electo senador de la república, allí lo tiene acudiendo en silla de ruedas y un estado de salud desastroso, al senado, dando una imagen del político que se sobrepone a lo que sea con tal de cumplir con su encomienda. Lujambio falleció al poco tiempo de cáncer, pero a nadie se le quita esa escena de entereza, a pesar de todo.
Nada que ver con la protagonizada por Miguel Ángel Riquelme Solís la semana pasada, cuando la versión oficial es que sufrió un desvanecimiento, que puso en alerta a sus colaboradores, quienes para pronto se lo llevaron a hospitalizar, mientras se dejaban correr versiones de que había sufrido un infarto, que no, que no era tan grave, que le iban a hacer un “cateterismo diagnóstico”, si es que esas cosas existen en los hospitales caros, normalmente cuando a uno lo someten a algo así no es para ver que tiene, sino para destaparle lo que tiene tapado, ya si se necesita otra cosa, por allí se siguen los médicos y los que elaboran las facturas.
A Miguel Riquelme se la pusieron a nivel más que comprensible: necesitamos un senador que se doble, como dicen los norteamericanos, alguien que se raje, alguien que chaquetee, ¿te apuntas?
La cosa estaba bien clara, MORENA, entre sus senadores y los de sus partidos paleros del Verde y del Partido del Trabajo, todavía estaba a tres senadores de tener la mayoría calificada, el 75%, para aprobar las reformas constitucionales, según la propia constitución, que se halla como el son, en las últimas carcajadas de la cumbancha. Dos senadores del difunto Partido de la Revolución Democrática se habían pasado a MORENA, dicen que a cambio ella, Araceli Saucedo, de la candidatura a gobernadora de Michoacán, y faltaba uno, ¿y quien mejor que Riquelme, crítico acérrimo de la cuarta transformación, la cual seguramente le tendrá un expediente gordísimo de sus manejos como gobernador de Coahuila?
Así nos estamos imaginando el libreto: vas tu ¿yo?, no yo no, yo soy priísta hasta mi ADN como dice mi cuate Manlio Fabio Beltrones, agarren a otro de su puerquito, vas tú, el supremo emperador de la 4T demanda que seas tú, o caerá sobre ti todo el peso de la justicia ya con la reforma al poder judicial, hasta prisión preventiva oficiosa te van a recetar, no pues así, sí le entro, nomás no sean gachos, déjenme infartarme. Ándale, infártate, eso le da más dramatismo y credibilidad a la escena.
Habían dicho, Claudia Sheinbaum había ordenado, y se ve que nadie la pela, en eso de que no se iba a actuar con prisas para aprobar la reforma, y tómala, que no fue un domingazo, pero para el miércoles salió aprobada por mayoría calificada en sede alterna, la Magdalena Mixuca, sitio inmenso en donde hasta un millón de manifestantes parecerían pocos.
¿Se imagina que Miguel Riquelme hubiera llegado en avión privado ¿hay de otros?, bueno en ambulancia aérea, que lo trasladaran en ambulancia hasta la pista de carreras, que hiciera su entrada en camilla, y allí vestido en su batita hospitalaria votara en contra de la reforma al poder judicial… tumbándole la mayoría calificada a MORENA, a la 4T y al mesías tropical, para finalmente expirar allí delante de todos sus compañeros senadores por una placa inamovible de grasa pegada en las arterias de tanto Rib Eye que se refinó en su sexenio?
Un guion magistral… lástima que el actor no estuvo a la altura. Ni modo, a veces hasta los mejores actores pierden la oportunidad de pasar a la historia. Nos imaginamos que con esta, todo quedó perdonado.
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