Tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes resurgió la versión sobre un supuesto hospital privado que habría financiado en la sierra de Jalisco para atender su salud y la de su círculo cercano. Los señalamientos ubican la clínica en Villa Purificación, en una zona asociada al Cártel Jalisco Nueva Generación, aunque no existen pruebas públicas que acrediten su construcción con fines exclusivos para el capo
Redacción Más
Tras confirmarse el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), volvió a cobrar fuerza la versión de que el capo habría ordenado construir un hospital privado en la sierra de Jalisco para atender su salud y la de su círculo cercano.
De acuerdo con información publicada por Infobae, los señalamientos sobre el supuesto “hospitalito” se remontan a 2020, cuando comenzaron a difundirse relatos sobre un centro médico edificado en la comunidad de El Alcíhuatl, en el municipio de Villa Purificación, a menos de 50 kilómetros de zonas consideradas bastiones del CJNG. Según esas versiones, el inmueble habría sido financiado por Oseguera Cervantes para garantizar atención médica tanto para él –ante reportes de una presunta insuficiencia renal– como para colaboradores cercanos e incluso habitantes de comunidades rurales.
Algunas narrativas señalaban que la clínica formaba parte de una red logística destinada a mantener un refugio seguro en la región, donde el grupo criminal ejercía control territorial. Sin embargo, estas afirmaciones no han sido respaldadas con pruebas públicas concluyentes.

Autoridades municipales de Villa Purificación han negado que exista evidencia oficial de un hospital privado construido por la delincuencia organizada con fines exclusivos para su líder. Funcionarios locales han rechazado que se trate de una clínica de uso criminal, aunque reconocen la existencia de instalaciones médicas que brindan atención a la población civil en la zona.
Especialistas y periodistas han advertido que la confusión podría derivar de documentos de inteligencia no verificados y de la mezcla entre servicios de salud existentes, la atención médica que pudo haber recibido el capo y la percepción social de que los grupos criminales construyen infraestructura paralela en regiones bajo su influencia.

La persistencia de esta versión ha reavivado el debate sobre la capacidad de las organizaciones delictivas para desarrollar redes propias de apoyo logístico y social en áreas rurales con limitada presencia institucional.
Aunque no hay confirmación oficial de que “El Mencho” contara con un hospital exclusivo, la narrativa refleja el peso simbólico que el líder criminal llegó a tener en algunas comunidades y cómo su figura alimentó rumores que trascendieron al imaginario popular y mediático.
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