EL FUTURO DE LA PLAZA


Por Horacio Cárdenas Zardoni


En esto tiempos políticos que corren ¿Quién se pone a escribir sobre plazas comerciales?, pues precisamente por ser los tiempos que son, y que normalmente no se piensa en esa clase de detalles, es que luego nos encontramos con que los problemas que eran pequeños en tiempos políticos, crecieron hasta hacerse irresolubles en tiempos que no lo son, y como los económicamente poderosos apoyaron a los políticos… pues menos posibilidad hay que se atiendan como se deben.


De la que queremos hablar en esta ocasión es de la Plaza Galerías Saltillo, centro, más que comercial, de reunión para muchísimos saltillenses que siguen la tradición de ir a pasar las tardes, o los ratos en los fines de semana, no comprando, sino nomás dando la vuelta y ya si es demasiado el antojo, cediendo a alguna que otra compra de la que luego se sentirán culpables, porque a qué más que la verdad, los saltillenses no son de la gente que más dinero tiene disponible, y sí muchas ganas de entretenerse, divertirse y pasar el tiempo en los sitios de moda.
No sabemos si los diseñadores del proyecto de Galerías, y para el caso de todas las plazas comerciales ubicadas en Saltillo, calcularon bien sobre sus expectativas de ganancias en relación con la inversión realizada, pero si de veras fueran saltilleros de toda la vida, sabrían que sus paisanos tienen generaciones mudándose de un lado a otro, pero todos ellos con una característica común, que se pueda estar allí gastando lo menos posible. Así pasaron de la Plaza de Armas a la Alameda, y de la Alameda a un parque que está en la colonia República, sobre la calle Veracruz, luego se movieron al “Quicli”, pasaron por los Cinemas Hoyts, por el estacionamiento y el vestíbulo, no por las salas, y bueno, en su momento por Plaza Real, por Sendero que luego se volvió Patio, por la Nogalera, y el caso que nos ocupa, Galerías. Todos estos espacios han visto llegar y luego irse oleadas de adolescentes, jóvenes, adultos mayores, que si cada uno dejara diez o veinte pesos en consumo, les hubiera ido de lujo, pero es el caso que no, van a estarse, a caminar, a platicar, a hacer bola y amigos, y se van. De los sitios mencionados, varios terminaron quebrando y otros con ingresos magros, tan magros como el poder adquisitivo de la población, ni más ni menos.


Malo es cuando por fallarles el cálculo, suponiendo que lo hubieran hecho, sus costos de operación y mantenimiento si no son superiores a sus ingresos, faltaba más, sí se comen más de sus ganancias de lo que consideran adecuado, y es allí donde las cosas comienzan a complicarse, no solamente para los empresarios, sino también para los usuarios y a los que tienen la mala fortuna de ser vecinos del lugar.


En el mes de diciembre, mes de compras, gastos y despilfarros por excelencia, se hizo notorio un detalle que incomodó a mucha gente, tanto de los que iban a comprar a la plaza Galerías como quienes nomás pasaban por el boulevard que lleva el mismo nombre. En vez de tener la infraestructura lista y dispuesta para recibir a muchos más clientes de lo que es normal en cualquier otra temporada del año, más o menos la mitad, o más de las famosas plumas de estacionamiento estaban descompuestas. Las que de a tiro no funcionaban, bueno, el personal de vigilancia les corría la reja que tienen allí, o les ponían uno de esos tambos color naranja, para indicar que no estaba disponible, que usaran otro, pero luego estaban las otras, que se formaba uno y no le entregaban el boleto, allí tiene al presunto cliente haciendo maniobras para salirse de allí y buscar otra que sí sirviera, pero mientras, ya se había hecho una fila de otros que también querían ingresar, y otras de vehículos que solo pasaban por allí.


No que se nos hiciera sospechoso, más bien nos pareció indicativo que las cosas no le estaban funcionando bien a la plaza comercial, hoy por hoy la más grande de Saltillo, aunque amenazada por ser superada por otras en el futuro próximo. En pocas palabras, a la plaza Galerías no le está alcanzando lo que le ingresa para darle mantenimiento y tener funcionando todas las plumas. Sí había ocurrido en años anteriores, por las navidades, que los estacionamientos estaban a reventar, pero ahora había filas para entrar y se veían amplios espacios libres dentro. Eso respecto de las plumas de entrada, luego nos tocó ver como las de salida también estaban fallando, y tanto que de plano habían puesto a varios empleados, no a vigilantes, a recoger los boletos y dar la salida a los clientes, algunos se habrán dado cuenta y habrán salido sin pagar, pero la mayoría se portó bien, y sí cubrió el importe de su estancia, pero el hecho persiste, las máquinas no se dieron abasto para permitir salir a todos los clientes, así que de plano los administradores prefirieron levantarlas, de lo perdido, lo que aparezca, dice el viejo dicho, ya los de contabilidad se hagan garras para cuadrar los números.


Eso en diciembre, enero, de cualquier año desde hace muchas décadas que porta el sufijo de “la cuesta de”, por la cual todos entendemos que la gente no tiene dinero para afrontar todos los compromisos económicos que se le vienen con el principio de año, para el caso de establecimientos como Galerías, dedicados casi en su totalidad a la venta de artículos suntuarios, es mala época. ¿qué quiere decir esto?, pues sencillo, que si en diciembre no había dinero para el mantenimiento de los equipos, menos lo habrá en enero y meses subsiguientes, hasta que regrese una buena época, que coincidirá ya no con el calendario, sino con que la gente tenga dinero para gastar.


Podríamos pensar que esto es un caso más de mala planeación urbana y empresarial, pero es una que tiene repercusiones en la seguridad de la gente que acude allí y de la gente que pasa por allí. Baste recordar el incidente sucedido también en diciembre, en el que de repente una nube de taxistas se dejó venir a Galerías, bloqueando accesos de entrada y salida, porque se dio un caso, hasta donde sabemos, de una fardera que agarraron, pero que antes pudo avisar a su pareja, un taxista, que activó a su gremio con la clave de lo que usted quiera, pero que funcionó para que se dejaran venir a la plaza, provocando inquietud, miedo y deseo de retirarse, sin que pudieran hacerlo. Tuvo que intervenir la policía para solucionar un asunto para el que el personal de la plaza comercial no estaba preparado, otro indicativo de su debilidad.


Y bueno, el famoso boulevard Galerías, desfogue único de la plaza, salvo una salida por donde estaba el Hospital del Niño, lo será también del conjunto que presume de tan premiado, de Parque Centro y sus prospectivos 900 departamentos. Si ahorita se arma una pelotera cada vez que se descompone una pluma de Galerías, imagínese lo que será cuando salgan empleados de los edificios, habitantes de los departamentos, trabajadores de unos y otros, más la gente que tiene que pasar por allí para ir de Carranza a Nazario Ortiz o viceversa.


Una pesadilla, ese es el futuro de Plaza Galerías, una inversión de cientos y tal vez miles de millones de pesos, convertidos en una pesadilla para todos los que creían que allí la iban a pasar bien, un rato bien o una vida bien, pero resultó ya ahorita que no.


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