El fenómeno migratorio

Lic. Marco Campos Mena

Mucho se habla sobre los derechos de los migrantes, de como ellos tiene el mismo derecho que todos para poder cambiar el lugar donde hacen su vida y, claro que tienen razón, pero lo que no se toma en cuenta es la capacidad de una ciudad o país para soportar ese incremento demográfico cuando es repentino.

En ocasiones pasadas hemos hablado de cómo es necesario tener una planeación estratégica para el crecimiento de una ciudad a fin de mantener la calidad de vida de la que gozamos y no ver los problemas de las grandes ciudades a corto plazo.

Recientemente, escuché que alguien de Nuevo León dijo “Saltillo está a tiempo para evitar los mismos errores de Monterrey” hablando del crecimiento y convertirse en una metrópolis.

¿Qué tendríamos que hacer para no cometer los errores?

Quizás lo más importante sea medir las consecuencias de un incremento demográfico por causas ajenas a la natalidad y en ese sentido, es de destacarse que dicho índice ha ido a la baja en años recientes dado que los millenials y los centennials no tienen intenciones de dejar de lado su vida, muchos prefieren no tener hijos o máximo uno.

Sin embargo, el reciente incremento en la población ya no está ligado a la natalidad, sino a la migración en busca de oportunidades y es aquí donde tenemos que fijar nuestra atención.

Por un lado, con el nearshoring y las nuevas oportunidades que se están dando en la región, muchas personas están migrando a ciudades como Saltillo y Ramos Arizpe por cuestiones laborales, la promesa de un mejor trabajo es atractiva.

Por otro lado, las crisis humanitarias que vemos en Honduras, Venezuela, Nicaragua y Ecuador han sido causa de la migración masiva que hemos estado experimentando.

Analicemos ambas:

Quienes buscan mejores oportunidades laborales son quienes suelen ser llamados “migración deseable” pues suman a la capacidad técnica de una ciudad respecto a su fuerza laboral.

Es común que veamos que para migrar a Estados Unidos lo que pidan sea cierto nivel de estudios para así poder garantizar que van a sumar a dicho país, mas esto no garantiza que les vayan a dar fácilmente la residencia.

Lo cierto es que esta migración “deseable” que si bien, muchas veces es la que cuenta con cierto “estándar de valores” no siempre es así y trae consigo un problema que por lo general no es abordado, la plaza que ocupan.

Año con año en nuestro país se gradúan miles de profesionistas en buscan incorporarse a la vida laboral aportando los conocimientos recién adquiridos; La ilusión que caracteriza a los recién egresados va de la mano con las expectativas de la familia que espera que tenga éxito, en otras palabras, un buen trabajo y bien pagado.

La realidad es que muchas empresas importan su capital humano ya conocido para que trabaje en las empresas que se instalan en la región y ocupe esos puestos que bien podrían ser para los recién egresados locales.

Esta migración “deseable” es la que merma las oportunidades para que los habitantes de la región puedan acceder a un buen trabajo, incluso quienes ya tienen años de experiencia y grandes conocimientos rara tiene las oportunidades para obtener un buen trabajo.

En este mismo particular, los sueldos que se pagan por traer las empresas a nuestra región son inferiores para quienes son oriundos, a diferencia del capital importado que puede estar recibiendo su sueldo en dólares y estar mucho mejor pagado.

El capital importado no es malo, por el contrario, brinda mayor solidez a la región al garantizar dar variedad y nuevas perspectivas, pero hay que medirse, pues, como todo, el exceso es lo malo.

Respecto a la migración “no deseable” como muchos la llaman, encontramos que en su mayoría son personas de bajo nivel educativo que busca cualquier cosa que sea mejor a lo que tenían en sus lugares de origen, por lo general no cuentan con los papeles para su estadía legal y aportan únicamente su mano de obra en la mayoría de los casos.

También, muchos de ellos, son refugiados de catástrofes políticas/ humanitarias, por lo que al solicitar su asilo político, buscan regularizar su estancia en el país y así quedarse de manera permanente.

Este rubro representa a la mayor parte de la población migrante, es el ancho de números que marca una diferencia entre lo sustentable y la escasez de recursos.

Basta recordar que en los años 50 la población en Saltillo era de tan solo 80 mil habitantes, cifra que en tan solo 70 años se incrementó exponencialmente hasta alcanzar el millón de habitantes.

El problema viene al hacer esos números parte de una ciudad, pues, los recursos, tanto económicos, naturales y urbanos, no están planeados para dar calidad de vida y satisfacción a un incremento no planeado de población adulta.

La cantidad de alimentos disponible será insuficiente, la vivienda no está construida y los recursos naturales serán desgastados con mayor velocidad que aquella con que se reponen.

El fenómeno migratorio nos hace crecer desorganizadamente y al no haber las oportunidades suficientes para darles la vida que esperan, pronto comenzarán a buscar su sustento de donde sea posible, incluso si es necesario delinquir.

Hubo un tiempo en el que la migración fue parte del desarrollo de las sociedades humanas, pero la sobrepoblación es el reto por vencer ahora.

Como todo, es necesario que haya orden y planeación para garantizar la calidad de vida de los habitantes de un país o región, mas, como sabemos, esto no será posible tan fácilmente dada la gran cantidad de sesgos ideológicos que ponderan el populismo para prevalecer en el poder antes que la calidad de vida del ciudadano, orillándolos a tomar la decisión de migrar.


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