En las grandes metrópolis, los barrios con mayor poder adquisitivo suelen concentrar más árboles, una mayor presencia de aves y, en general, un acceso superior a espacios verdes. Este patrón, conocido como “efecto lujo”, evidencia una marcada desigualdad ambiental observable en ciudades como Nueva York, Londres, Pekín o Ciudad del Cabo, donde el contacto con la naturaleza también está condicionado por el nivel socioeconómico.
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