El deseo no es cuestión de números

Nueva York, 05/03/25 (Más / IA).- En una sociedad que mide el éxito en cifras, el deseo y el placer sexual no han escapado a la tendencia de ser evaluados en términos de cantidad. Sin embargo, especialistas en sexualidad advierten que centrarse en números, como la frecuencia de las relaciones o la cantidad de orgasmos, puede generar presión y alejar a las personas de una vida sexual plena y satisfactoria.

“La mayoría de veces que la gente va a terapia de parejas, en todo tipo de combinaciones de género y relaciones, es por una diferencia en el deseo”, explica la doctora Emily Nagoski, sexóloga y autora de libros como ‘Come as You Are’ y ‘Come Together’, ambos incluidos en la lista de bestsellers de The New York Times. Según la experta, muchas parejas buscan cumplir expectativas externas sobre su vida sexual en lugar de explorar qué las estimula realmente.

“Describen sexo por un sentido de obligación. Sexo según las reglas que creen que deben seguir y aquí yo propongo una idea loca: el no querer el sexo que tienes disponible en tu relación no te hace disfuncional si el sexo que tienes disponible no es el que te gusta”, sostiene Nagoski. Para ella, el placer debe ser espontáneo y no una meta impuesta por normas externas.

A pesar de que diversos estudios muestran una disminución en la frecuencia de las relaciones sexuales, el interés por el tema sigue siendo alto. No obstante, Nagoski recalca que contar el número de veces que tenemos relaciones no es la forma correcta de determinar si nuestra vida sexual va bien. En su experiencia, muchas personas intentan alcanzar ciertos estándares de actividad sexual sin cuestionar si realmente están disfrutando de esos encuentros.

La especialista recuerda el caso de una pareja que decidió establecer una frecuencia semanal de relaciones porque habían leído que era el promedio recomendado. Sin embargo, uno de los miembros se sentía obligado a cumplir con esa cifra sin desearlo realmente, lo que generó resentimiento y afectó la relación. “No se trata solo de la cantidad, sino de qué tan satisfactorio resulta para todos los involucrados”, enfatiza.

La clave del placer: comunicación y libertad

Para Nagoski, una vida sexual saludable se construye sobre tres pilares: el agrado y la admiración mutua entre las parejas, la prioridad que le dan al sexo dentro de la relación y, especialmente, la capacidad de liberarse de normas impuestas para explorar qué les funciona realmente. Sin embargo, advierte que muchas personas evitan hablar del tema por miedo a incomodar a su pareja.

“Muchos hemos crecido con la idea de que si necesitas hablarlo, es porque algo anda mal”, señala. No obstante, asegura que las parejas que disfrutan más su vida íntima son aquellas que conversan con naturalidad sobre sus experiencias, deseos y límites. Para superar el temor a estos diálogos, sugiere comenzar con lo que llama “la conversación sobre la conversación”, en la que se establezcan acuerdos para comunicarse con respeto y apertura.

En su análisis, Nagoski observa que las parejas LGBTQIA+ suelen cuestionar con mayor facilidad los mandatos culturales sobre la sexualidad, lo que les permite una mayor flexibilidad en la comunicación y en la exploración del deseo. En contraste, señala que las parejas heterosexuales tienden a seguir guiones más rígidos, lo que a menudo las lleva a encuentros sexuales menos satisfactorios.

“A menudo siguen guiones muy rígidos, no hablan con franqueza de lo que les gusta y terminan teniendo sexo más por obligación o rutina que por genuino deseo”, indica la especialista, subrayando que esta falta de comunicación y flexibilidad puede afectar la calidad de las relaciones íntimas.

Otra de las cuestiones que aborda Nagoski es la relación entre el placer y la percepción del dolor, señalando que ambos procesos son gestionados por el cerebro. Explica que, en algunos casos, experiencias traumáticas pueden llevar a que el cuerpo asocie la intimidad con una sensación de amenaza, lo que requiere un trabajo emocional y físico para restablecer la seguridad en el acto sexual.

Asimismo, enfatiza que el sexo no debería doler nunca y que, en caso de molestias, es fundamental buscar apoyo profesional. “Si duele, hay que hablar con un profesional de la salud”, advierte.

El mensaje final de la especialista es claro: cada persona debe permitirse descubrir qué le gusta y qué no, sin sentirse obligado a seguir normas externas. “El sexo satisfactorio es aquel donde ambas partes (o todas las que participen) están igual de contentas de estar ahí”, concluye.

Más allá de las cifras y los estándares impuestos, la clave de una vida sexual plena parece residir en la autenticidad, la comunicación y la libertad de explorar el deseo sin presiones externas.


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