EL CASO LEOCADIO

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Piedras Negras está muy lejos de Saltillo. No solamente estamos hablando de la distancia física, que pese a todo, teniendo que hacerlo, se cubre en cinco horas en carro o camión, y si le pisa mucho, hasta en menos, sino en que poco reconocemos de lo que ocurre en aquella ciudad fronteriza, como parte de la realidad de la capital. Para el caso, es lo mismo que sucede con cualquier otra ciudad, municipio o región de nuestra entidad, muchos somos los saltillenses que jamás hemos puesto un pie en sitios como Cuatrociénegas, Viesca, Sierra Mojada, o la misma Piedras Negras, pese a que esta tiene el atractivo de ser puerto fronterizo, e invitar a cruzar a los Estados Unidos, pero aun con esto y solo cuando la inseguridad está de a peso en las ciudades fronterizas de Tamaulipas, es que cedemos a “irnos por Piedras”, lo cual también implica que del municipio, de su gente, de sus problemas, como de todo lo demás, nos enteramos entre poco y nada.

Pero ahora Piedras Negras ha de repente adquirido una notoriedad importante, y no es por la detención o recepción de tantos más cuantos inmigrantes centroamericanos o de cualquier otra parte del mundo, sino porque ha visto caer en prisión a un líder obrero, y todavía más importante, un líder de la CTM, la otrora poderosísima, y que algo le queda todavía, Confederación de Trabajadores de México, eje de lo que se dio en llamar el “movimiento obrero organizado”.

En efecto, puesto así, no recordamos cuándo fue la última ocasión en la que un líder de la CTM, de la estructura central o de los poderes en los estados y las ciudades, se vio enfrentado a la justicia, y eso ya es algo decir.

Sí, en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el mandatario que había llegado al poder con fuertes cuestionamientos a la legitimidad del proceso electoral, usted recuerda, la caída del sistema a cargo del señor chu-chu-chu, Manuel Bartlett Díaz, luego reconvertido en petista y más recientemente en funcionario y soporte ideológico de la cuarta transformación. Salinas de Gortari consideró que para que México pudiera aspirar a ser parte del club de los ricos, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, a la Organización Mundial de Comercio y en general al proceso globalizador de la economía, tenía que deshacerse de algunos de los más pesados lastres que venía arrastrando, por lo menos desde cuarenta o cincuenta años antes, si no es que más, los sindicatos blancos, aquí conocidos como charros.

Salinas no se lanzó directamente contra la CTM, que por aquellos años todavía era gobernada con puño de hierro por el eterno Fidel Velázquez Sánchez, quien la dirigió hasta el día mismo de su fallecimiento. ¿Para qué había de hacerlo?, Don Fidel era un hombre que sabía para qué era el poder y cómo negociar con él, y no porque no tuviera cola que le pudieran pisar, sino que supo mantenerse al margen del tornado que echó a andar el presidente contra líderes que se sentían completamente autónomos de cualquier poder público, algo que caía gordo a los presidentes, pero que también les resultaba de cierta utilidad para no hacerse responsables de ciertos problemas. Así Carlos Salinas de Gortari se lanzó contra los dos sindicatos más fuertes en el momento, ambos relacionados con el gobierno: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana. En el primer caso, desbancó a Carlos Jonguitud Barrios, y en el segundo a Joaquín Hernández Galicia “La Quina” y Salvador Barragán Camacho; todavía la colita del tornado le tocó a Venus Rey, líder que era del Sindicato de Filarmónicos, de poca monta por comparación, pero que sirvió de advertencia a todos los líderes sindicales de que el presidente le tenía el ojo puesto a todos ellos, y podía seguirse con cualquiera.

En el sexenio de Carlos Salinas la CTM comenzó a perder el poder que detentó durante las décadas anteriores, no fuera a ser que el presidente o algún personero suyo decidiera que suficiente había sido suficiente, como dicen los norteamericanos. ¿Qué había que aceptar un incremento salarial menor?, claro, señor presidente, lo que sea por la economía y la salud del país. ¿Qué había que sacrificar este o aquel contrato?, pues ni modo, a veces se gana y a veces se pierde, y mejor perder poco que arriesgarse a perderlo todo. En aquel sexenio y los que le siguieron, la CTM siguió siendo la cabeza del movimiento organizado, pero aquella y este, e incluso el Congreso del Trabajo que los congregaba para presentar un frente unido ante lo que fuera, a saber gobierno y patrones, comenzaron a ver mermado su poderío.

En este esquema se inscribe la carrera, si es que se le puede llamar así, de Leocadio Hernández Torres, quien cumplía con la función de líder regional de la CTM, auténtico señor de horca y cuchillo en Piedras Negras, donde ejerció el poder absoluto sobre la clase trabajadora y presionó al sector empresarial a grados de escándalo.

La caída de Leocadio se da en las condiciones más vergonzosas posibles, la empresa VU Manufacturing, que tiene la característica de no ser de capital mexicano, sino norteamericano, por lo tanto, no está hecha al ajo, no le sabe ni le quiere saber a los usos y costumbres de los sindicatos mexicanos, como si no tuvieran ellos sus propios problemas con los sindicatos de su propio país. VU Manufacturing de por sí se había visto en un conflicto que alcanzó las más altas esferas del poder y la diplomacia, al presentar una queja por prácticas, digamos que no éticas, en el marco del T-MEC, si no fue la primera, sí fue la segunda o la tercera, siendo que el gobierno mexicano, la 4T hubiera querido llevar la relación comercial con Estados Unidos y Canadá como sedita, pero no se pudo, la culpa, de Leocadio. No tenemos el dato de si la denuncia por extorsión presentada por la empresa ante la justicia estatal se corresponde con aquel asunto, o si es otro nuevo, pero quedó claro que los gringos no se andan con chiquitas, lo denunciaron por allá en marzo y es hasta noviembre que fue a dar con su osamenta a prisión.

Ni que decir que en Piedras Negras casi declaran fiesta nacional por la entrada de Leocadio al penal, son muchas, demasiadas las que debe. Pero eso no es lo que más importa, sino que desde la alejada frontera coahuilense llegó el aviso a todos los liderazgos de la CTM en todo el país: aguas, que se acabó el manto de impunidad que nos protegía.

Luego se supo de presiones al más alto nivel para que lo soltaran… seguro ocurrieron a nivel de fiscal y de gobernador, pero Miguel Ángel Riquelme Solís lo que menos le interesa es meter la mano en un asunto bastante cochino, si no es que algún desplante tuvo Leocadio con él, aparte de la renuncia al PRI y alinearse con el PT por allá en mayo de este año.

Lo interesante es, sería, que la antes intocable CTM, de repente se mostró en toda su vulnerabilidad, y más, porque los líderes, impunes por tantos años, se habían vuelto descuidados, y ahora comienzan a pagarlo, para bien o para mal, ocurrió en Coahuila, ojalá estemos en presencia del desmoronamiento de una de las peores lacras que han baldado este país por casi un siglo. Muchos líderes cetemistas han muerto sin pagar las que deben, ojalá y esto cambie, y a las que deben, le abonen con prisión, como al simpático Leocadio.


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