06/10/25
Por Juan Ciudadano
Alianza
Recién iniciado el sexenio, Manolo Jiménez Salinas atravesó por una prueba de fuego, Marko Cortés, entonces dirigente del PAN, detonó un escándalo en la prensa nacional cuando reveló el incumplimiento de un acuerdo político con el PRI.
Los acuerdos entre las fuerzas políticas siempre han existido, pero en lo oscurito, lejos de los reflectores y de la atención mediática, por eso causó estupor la revelación que dejaba al descubierto la negociación con el Revolucionario Institucional.
En el acuerdo el tricolor se comprometió a entregar posiciones en diferentes áreas desde espacios en el poder judicial, hasta notarías públicas, pero pasó el tiempo y nada, o más bien muy pocas posiciones fueron cedidas a los azules de tal suerte que Cortés optó por hablar.
En esa alianza el PRI esperaba un aporte de votos muchísimo mayor del PAN, pero al recibir tan pocos sufragios azules, seguramente los negociadores del tricolor sintieron que era entregar demasiado, así que decidieron ceder solo lo que a su criterio era justo.
La inconformidad en el PAN de Coahuila corrió a cargo de Guillermo Anaya y Marcelo Torres Cofiño, fueron ellos quienes lograron que la dirigencia nacional hiciera público el acuerdo.
No se necesita haber leído muchas veces a Maquiavelo para saber que, una vez obtenido el triunfo y ya con el poder en la mano, el príncipe, es decir el gobernante, no está obligado a cumplir sus compromisos. Después de tantos años en la política Anaya y Cofiño deberían saber bien ese principio del poder.
En resumen esa alianza con el PRI fue el peor negocio que pudo haber hecho el PAN, de todos es sabido que en una elección de gobernador es precisamente esa candidatura la que jala los sufragios, y era lógico y previsible que disminuyera considerablemente la votación a favor del PAN al no contar con un candidato propio, además, si a nivel nacional existe un partido en peligro de extinción ese es el PRI, no Acción Nacional, es decir, a mediano y largo plazo para los azules era mejor competir solos que en alianza, el tiempo demostró que incluso en el corto plazo les hubiera resultado mejor.
El PAN perdió como organización y solo algunos de sus militantes ganaron en lo particular al obtener cargos públicos de poca importancia.
Fue tan malo el trato con el PRI que es sorprendente e ilógico el anuncio de que nuevamente irán en alianza para la elección local del 2026. Gerardo Aguado, diputado local panista, adelantó el nuevo acuerdo con una declaración a la prensa.
Se entiende la posición de Aguado, su actuación política lo ha convertido en una buena mascota para el PRI, es como si fuera un perro fiel, le dices ataca y lo hace, le dices échate y obedece, claro que nunca debe faltar una buena dosis de croquetas, para que no mengue la fidelidad del dogo político.
Es en este punto en el que la dirigencia nacional del PAN debería tomar en sus manos la decisión de una posible alianza y evitar que ese partido llegue al destino que, por ese camino parece ineludible, la pérdida del registro estatal y es que la votación azul ha disminuido tanto que ya está cerca de la línea inferior al 3% del total.
Ahí síganle, como decía mi abuela: el que por su gusto es buey, hasta la coyunta lame.
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