08/04/26
Por Juan Ciudadano
La primera alimentadora
Saltillo lleva décadas postergando la modernización de su movilidad. Hemos vivido años con rutas parchadas, horarios a capricho, unidades maltrechas y concesionarios empoderados. En ese contexto, hay que reconocerlo, la administración que encabeza Javier Díaz le puso el cascabel al gato con el arranque de las rutas troncales. Fue un movimiento político y operativo, y para que caminara tuvo que volver gratuitos esos recorridos.
Pero el sistema quedó incompleto. Un esquema moderno de transporte no vive solo de troncales, necesita alimentadoras. Es la lógica básica de cualquier red que pretende funcionar: las troncales son el esqueleto; las alimentadoras son la sangre que lleva pasajeros de colonias hacia ese esqueleto. Sin alimentadoras, las troncales se convierten en corredores bonitos para quien ya vive cerca, y en una promesa lejana para quienes viven en los rincones más recónditos de las colonias
Ayer el alcalde anunció que el 20 de abril, en menos de dos semanas, iniciará la primera ruta alimentadora. Incluso ya se divulgó su trazo: de extremo a extremo, de la Mirasierra más lejana hasta Saltillo 2000. En el papel suena ambicioso, casi épico, pero, el problema es que una alimentadora no se evalúa por lo larga, sino por lo útil.
En una primera mirada la alimentadora deja una duda incómoda: el recorrido huele más a arreglo para el transportista que a solución basada en las necesidades del usuario. Puede ser impresión. Puede ser malicia. Puede ser que el estudio exista y no lo conozcamos. Pero para que las alimentadoras realmente sirvan tiene que probar tres cosas muy concretas:
- Conexión real con troncales. ¿Con cuántas paradas troncales conecta? ¿Dónde conecta? ¿Conecta en puntos que permitan transbordo rápido o obliga a caminar cuadras?
- Cobertura de núcleos habitacionales. ¿A cuántas colonias densas sirve de verdad? ¿Cuántos usuarios potenciales quedan dentro de una distancia razonable de acceso?
- Frecuencia y horarios. Una alimentadora sin frecuencia es un castigo. Si pasa “cuando se puede”, la gente no se sube: se resigna y vuelve al taxi, al carro prestado o a caminar.
Los concesionarios han tenido la ciudad tomada demasiado tiempo como para entregarles, de nuevo, la llave del sistema “modernizado”.
Fracking: la promesa del gas y la amenaza del agua
El banderazo de salida al fracking trae una buena y una mala noticia para Coahuila. La buena es tentadora: en el subsuelo hay yacimientos importantes de gas, particularmente en la lógica de la Cuenca de Burgos, y eso podría traducirse en derrama económica, empleo, servicios, contratos, movimiento. En teoría, algo que le caería como anillo al dedo a la Región Centro y a la Carbonífera, que traen años de golpes y economía encogida.
Pero la mala noticia es la que debería estar en letras grandes antes de aplaudir: el fracking carga un historial serio de señalamientos por riesgo de contaminación de mantos acuíferos, por manejo de químicos, por disposición de aguas residuales, por fugas, por alteración de suelos. Y si algo no se puede jugar en Coahuila —ni en el norte, ni en el centro, ni en el sureste— es con el agua. Ya vivimos sobreexplotación, estrés hídrico, y pozos cada vez más profundos.
Así que cuidado: en una de esas sale más caro el caldo que las albóndigas. Podemos terminar perdiendo los pesos por ganar los centavos: una derrama hoy y un daño irreversible mañana. Antes de darle la bienvenida con trompetas y fanfarrias al fracking, hay que hacer lo que casi nunca se hace cuando hay negocio: estudiar a fondo.
Un estudio de verdad: línea base de calidad de agua, monitoreo independiente, transparencia total, reglas estrictas, mecanismos de responsabilidad, sanciones que no sean de risa y, sobre todo, decisión política de parar si el daño aparece.
Minosa: reconocen la huelga cuando ya no hay empresa
El tercer tema parece chiste, reconocen la huelga de Minosa ahora que la empresa prácticamente no existe. Minosa es filial del Grupo Acerero del Norte, el mismo conglomerado ligado a AHMSA y a Alonso Ancira Elizondo.
¿Por qué importa? Porque AHMSA está en un proceso donde cada movimiento legal o laboral puede convertirse en obstáculo o en herramienta. Y si el nuevo proceso de venta incluye a Minosa junto con AHMSA “de coleada”, entonces una huelga reconocida puede afectar valuaciones, tiempos, condiciones y, sobre todo, la narrativa: no es lo mismo vender un activo “libre” que venderlo con pasivo laboral activo.
El riesgo es doble. Primero, que el reconocimiento se use como ficha en el tablero: para presionar, para negociar, para reacomodar ventajas en el proceso. Segundo, que termine pagando —otra vez— el eslabón más débil: trabajadores y regiones que dependen del movimiento económico de esas empresas. En el expediente de AHMSA, cada “novedad” suele traer el mismo aroma: alguien gana tiempo, alguien gana margen.
Por eso conviene revisar a fondo qué significa este reconocimiento, qué obligaciones genera, qué derechos activa y cómo impacta el esquema que pretende vender “minas + acero” en paquete. Porque si el plan es vender la mina con el acero amarrado, y ahora la mina trae huelga reconocida, entonces la oferta cambia y el pleito también.
Amanecerá y veremos.
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