10/02/26
Por Juan Ciudadano
Una foto no se le niega a nadie
Nadie sabe con quién se está tomando la foto. Sabemos que los políticos se sienten muy bien cuando alguien les pide una foto y acceden sin saber con quién se están inmortalizando. En otros casos, cuando los políticos son de medio pelo y andan queriendo subir en el escalafón, se retratan con quienes después se convierten en impresentables; ahí te hablan, Adán Augusto.
Algo así le pasó a Antonio Attolini, diputado local por Morena, quien fue inmortalizado en una foto con Diego Rivera: no el pintor y amante de Frida Kahlo, sino el ferviente admirador y militante del crimen organizado. Entrevistado al respecto, Attolini prefirió no hacer comentarios; aunque a veces no es necesario: una imagen dice más que mil palabras.
Lo peor es que el virus no se queda en una selfie. El “narco alcalde” Rivera también se tomó foto con la presidenta Claudia Sheinbaum. La política es también un bazar donde todos presumen cercanía, aunque luego resulte que la cercanía era con el problema.
Y si de coleccionistas de mal timing hablamos, ahí está Luis Fernando Salazar: ex panista, ahora morenista, y al parecer víctima de una maldición fotográfica. Se fotografió con Francisco García Cabeza de Vaca cuando eran “superamigos”, luego el tamaulipeco cayó en desgracia, fue perseguido por López Obrador por sus presuntos vínculos con el narco. Después, Salazar se tomó foto con Adán Augusto López, hoy convertido en patito feo del morenismo, como si el destino le estuviera diciendo: “compadre, suelte el celular”. A estas alturas, Salazar no necesita operador político, necesita una limpia… nomás que no se la hagan con la barredora, porque capaz que también sale retratado con el brujo y luego lo investigan por asociación mística.
Video de la discordia
Pero si Attolini guardó silencio en el tema de la foto, donde no se calló fue en el caso de la muerte del joven Chris Pérez, el muchacho que salió a celebrar su cumpleaños y terminó muerto tras pasar por celdas municipales. El diputado asegura que a la víctima le cayó un pedazo de concreto en la cabeza. Qué conveniente: una tragedia explicada por la gravedad, como si la física se hubiera afiliado a la burocracia para redactar coartadas.
Nada más que la versión de Attolini no sólo suena inverosímil: además se estrella con la de la mamá de Chris, quien sostiene otra cosa: que su hijo se resbaló. Y aquí la ironía se escribe sola, porque con ese “resbalón” ya van varios… pero no precisamente en el piso de una celda. Se resbalan funcionarios, se resbalan dependencias enteras y gacho.
Porque seamos serios: para que “se caiga” un pedazo de concreto hace falta algo más que el aire acondicionado del separo. O hubo un mazazo, o hubo un movimiento, o hubo un golpe… pero que “se desprendió solito” suena a esa clase de versión que redacta alguien que cree que la gente es tonta y que el concreto es de papel. Lo delicado, además, no es sólo la explicación de caricatura: es lo que se desprende de sus dichos. Si Attolini habla del hecho entonces ¿quién le mostró ese material? ¿Por qué él sí y la sociedad no? ¿Por qué se administra el video como si fuera un secreto de Estado, cuando debería ser evidencia pública para garantizar transparencia?
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