Por Horacio Cárdenas Zardoni
¿Se imagina cómo va a ser la etapa poselectoral del proceso, valga la redundancia, electoral que estamos viviendo, y que llegará a su culminación el día primero de junio? Aquello va a ponerse de lo más interesante, al menos esa es nuestra predicción.
Sí, la lógica indicaría que todo va a ser paz y tranquilidad. Después de todo, esta es una elección que se dirime entre profesionales, o cuando menos entre profesionistas, personas que ostenten un título de abogado, aunque sea uno fabricado al vapor por el Instituto Universitario Cúspide, ese que tiene entre sus egresados a uno que fue fiscal general de la Ciudad de México el sexenio pasado, y de muchas otras instituciones educativas, a cual más de ellas prestigiada… por lo menos en ciertos círculos cada una.
Hacemos la distinción de profesionales y profesionistas, porque queremos suponer que entre profesionales, entre colegas, todos ellos de la rama del derecho, la jurisprudencia y las, hasta eso no tantas, acepciones que hay en torno a la convivencia humana a través de las leyes, su espíritu y su interpretación, el entendimiento debe ser lo que prive.
O sea que la elección judicial no es, no debe ser como las generales, las de los poderes legislativo o ejecutivo, para las cuales se inscribe cualquier hijo de vecino, y si nos apegamos al principio de que a la política no van precisamente a dar las mentes más brillantes de cada familia… nos topamos a cada paso con que hay diputados analfabetos, que los hay apenas con la primaria terminada, con carrera trunca, o por el contrario, con sobrados estudios universitarios, que van a desperdiciarse en debates que nadie escucha ni a nadie importan, pues las cosas están decididas antes que el primero se trepe a la tribuna y el último se baje, pues no hay en los anales del congreso de la unión antecedentes de que el discurso de alguien haya convencido a nadie de votar de una manera distinta a la que ya traía decidida, o a la que le ordenaron desde el partido, desde palacio, o desde la presidencia de la bancada, y al que se sale del huacal, la ley del hielo y el ostracismo.
Y sí, en las elecciones generales se da de todo, catorrazos, atentados, secuestros, asesinatos, extorsiones, eso durante la campaña, y luego a la hora de la calificación, los partidos y los propios candidatos recurren a cuanta maña, truco o marrullería tengan en su repertorio para que la elección, independientemente de cuántos votos tenga a su favor, y cuántos el contrario, se incline hacia ellos, aquí echando mano del otro principio de la democracia a la mexicana, aquel de que el que tiene más saliva, traga más pinole.
Recuerde la elección que guste, rara es la que se va como sedita, la mayoría tiene sus bemoles, algunos que la hacen peligrar verdaderamente. O no, permítanos desdecirnos, porque por ejemplo las elecciones presidenciales de Claudia Sheinbaum, la de López Obrador o Vicente Fox, sí se fueron como seda, en cambio algunas como las de Felipe Calderón, o en lo estatal como la de Miguel Riquelme, hasta el último momento no se supo quien era el triunfador… no de la elección, sino de la negociación o de lo que resolvieran las autoridades electorales primero y los tribunales electorales después.
Regresando a lo de ahorita, bueno a lo que se viene, y tratándose de pura gente de leyes… los “más mejorcitos” de entre los tinterillos y leguleyos, la cosa va a ser de antología.
Porque ahora lo que está en juego no es que les pague un cliente poco o mucho dinero por sacar una sentencia. No, lo que está en la mesa es su futuro, y más que su futuro, su habilidad como abogados, que otra vez, de eso sí que depende su futuro, sea como funcionarios del poder judicial en la calidad a la que aspira cada uno de ellos, o si no ganaron, como litigantes en contra de ese mismo poder judicial… y de las personas que les ganaron la elección.
Por demás está decir que desde el primero hasta el último de ellos hará gala de sus mejores argumentos, de sus mejores estrategias, para hacer valer lo que a su interés muy particular convenga. Si pueden exhibir, así sea el más mínimo elemento de prueba de que el sistema, que el otro aspirante, que el clima, que los partidos, o quien sea, metió la mano a favor del otro y en su contra, hará un escándalo monumental. Eso del lado del que pierde.
Del lado del que gana las cosas serán iguales, echará mano de todo lo que pueda con tal de demostrar que su triunfo fue legal y legítimo, que a las pruebas, a las actas, a la ley se remite, y sáquelo de allí.
¿Cuántos casos de los mil y feria de puestos en contienda se pueden ir a examen, litigio, solución en tribunales?, en el mejor de los escenarios, ninguno, todos de acuerdo porque son profesionales, los mejores en materia legal, en el peor… todos, y allí le encargo, esto puede eternizarse, con los casos apilándose uno sobre otro en espera de trámite y dictamen, ¿y mientras? Mientras ¿qué justicia le espera al país, mientras se dirime lo ocurrido en todas las instancias que se puedan movilizar para cada asunto?
Lo dicho, pinta interesante.
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