Ciudad de México, 17/06/2025 (Más)— Para cientos de médicos recién egresados en México, ejercer su profesión comienza no en hospitales públicos ni en clínicas especializadas, sino en los consultorios adyacentes a farmacias, donde la precariedad laboral es la norma y no la excepción.
Uno de ellos es Brian Cejudo, médico general egresado de la UNAM, quien desde hace tres años trabaja en un consultorio en la colonia Santa María la Rivera. “Entrar en una institución es difícil. Aquí por lo menos uno empieza a generar ingresos y experiencia”, dice mientras se alista para una jornada en la que, si tiene suerte, atenderá hasta 20 pacientes a cambio de 60 pesos por consulta. Si no llegan, simplemente no gana.
La fórmula parece funcional: la farmacia le proporciona espacio y pacientes; él, a cambio, recomienda la compra de medicamentos en el mismo sitio. Sin embargo, no hay salario base, contrato, seguridad social ni prestaciones. Aunque el esquema ofrece libertad de horario, esa “flexibilidad” implica también inestabilidad: si no trabaja, no hay ingreso.
Estas condiciones son comunes en un modelo que ha crecido sin regulación durante más de 15 años. Según el estudio del Instituto Nacional de Salud Pública, la precarización del empleo médico se ha extendido al punto de formar parte del sector informal, con impactos en su bienestar, desarrollo profesional y la calidad del servicio.
Gandhy Salgado, internista de 37 años, también vivió esa realidad. Antes de especializarse, trabajó en farmacias tanto en Ciudad de México como en Guadalajara. En 2012, hacía hasta 40 consultas por día por apenas 30 pesos cada una. Aunque los ingresos eran mayores a los de un médico general en el sector público, las condiciones eran “todo menos dignas”.
Incluso tras ingresar al Hospital General de Zihuatanejo durante la pandemia, la experiencia fue frustrante: sin pagos durante cuatro meses, sobrecarga laboral y promesas de plazas incumplidas. “No iba a permitir que pisotearan mis derechos laborales ni soportar un trato indigno”, afirma Salgado, quien ahora ejerce de forma privada.
Casos como el suyo explican por qué el número de médicos en el sector privado creció 6 % entre 2018 y 2024, de acuerdo con el Sexto Informe de Gobierno de AMLO. Hoy hay al menos 95 mil médicos en ese ámbito, frente a los 89 mil de hace seis años.
El problema estructural persiste: México genera más médicos de los que el sistema público puede absorber. Cada año egresan cerca de 17 mil 500 médicos generales y 9 mil 300 especialistas, pero no hay suficientes plazas. Mientras tanto, el país enfrenta un déficit: hay solo 2.4 médicos por cada mil habitantes, por debajo del promedio de la OCDE (3.5).
Aunque el IMSS duplicó la oferta de plazas médicas en los últimos cinco años, el rezago es profundo. El desmantelamiento del Seguro Popular y el fallido reemplazo con el Insabi profundizaron la incertidumbre laboral, especialmente en el sistema que atiende a población sin seguridad social.
La protesta reciente de personal médico frente a la presidenta Claudia Sheinbaum en Puebla, el pasado 8 de junio, ilustra el hartazgo: salarios de apenas 3 mil 200 pesos, sin prestaciones ni certeza laboral. “Nos dijeron que va a llegar, pero no nos dicen cuándo”, reclamaron.
Ante este panorama, especialistas del INSP recomiendan una política integral de recursos humanos en salud que articule formación, regulación del mercado laboral y atención a las necesidades poblacionales. Por ahora, miles de médicos siguen “ahí por necesidad”, prestando un servicio esencial, pero bajo condiciones que nadie debería normalizar.
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