Por Horacio Cárdenas Zardoni
La nota apareció hace algunos días en alguno de los medios de comunicación citando una fuente ubicada allá lejos, en la frontera norte. Si no recordamos mal, era una entrevista o más bien, reproducían una declaración del fiscal general del estado, en la que informaba que se estaba montando un operativo importante para la atención de los migrantes repatriados que estaban llegando por los puertos fronterizos de Coahuila con el estado norteamericano de Texas.
Por un lado se hablaba del número creciente de elementos que se estaban concentrando en las ciudades de Acuña y Piedras Negras, hasta donde estaban llegando provenientes sobre todo de la Región Centro, que para su fortuna o su desgracia, se estarían quedando sin personal para las labores de vigilancia que tienen asignadas normalmente. Pero había otro punto todavía más importante en la declaración del Fiscal, la de que se estaba montando un operativo de disuasión.
La palabra fue lo que más nos llamó la atención. Disuasión.
A como están las cosas en la relación entre los Estados Unidos y México, la disuasión no dudaríamos que se pretenda que opere en dos sentidos, de ida… y de regreso.
Durante los primeros días del sexenio pasado, Andrés Manuel López Obrador había mantenido el discurso ideologizante de que los migrantes eran nuestros hermanos, que deberíamos abrirles nuestras puertas y brindarles todo el apoyo, tanto si querían continuar con su viaje hacia los Estados Unidos, como si preferían quedarse en México. Todo fue que Donald Trump amenazara con imponer aranceles a todos los productos mexicanos, que el gobierno mexicano ‘se doblara’, comprometiéndose en los hechos a pagar el hermoso muro que impediría el paso a los ilegales, nada más que no se trató de un muro físico, de metal o de hormigón, sino de soldados, guardias nacionales y marinos, que impedirían la llegada de las caravanas de migrantes que salían de Chiapas con rumbo a los distintos puntos fronterizos del norte de México.
Fue aquella famosa ‘doblada’ de Marcelo Ebrard ante el presidente de los Estados Unidos y su secretario de estado, Mike Pompeo, y la fuerza de tarea que se prometió fue de 26 mil hombres de armas. Durante todo el sexenio se dedicaron a la disuasión, pero al parecer, la situación la ven tan complicada, que están procurando la coordinación con las policías estatales, para que el esfuerzo sea más productivo, y es que por más que hicieron, se siguieron colando por decenas de miles de ciudadanos extranjeros que pretendían llegar a la frontera y cruzarla a como diera lugar.
En eso es lo que suponemos consiste la disuasión que estará poniendo en marcha la policía estatal contra los migrantes que van al norte. De hecho hay una declaración que complementa este planteamiento del fiscal general de Coahuila, Federico Fernández Montañez, el de que aquellos migrantes que fueran detenidos por los cuerpos policiacos coahuilenses, serían entregados sin más trámite al Instituto Nacional de Migración…
¿Qué fue de aquel principio constitucional que garantizaba la libertad de tránsito en el territorio nacional?, era firmemente respetada hasta hace pocos años, los migrantes aquí mismo en Saltillo, y en todos lados, no podían ser molestados por ninguna autoridad, salvo en los casos en los que se hubiera cometido un delito o fueran detenidos en flagrancia. Ahora no, los van a detener y los van a entregar a migración, para que haga lo que sabemos que hace, repatriarlos a sus países. Antes de lo que tenían que cuidarse era de un secuestro o una extorsión, ahora será de ser detenidos para ser expulsados, y esto en todos los puntos de la geografía nacional, pero será peor en los estados fronterizos, como Coahuila, pues ya están a la puerta, del patio trasero, de los Estados Unidos.
Ahora pasamos a la otra parte de la disuasión, la de los migrantes repatriados. Todavía están llegando por goteo, pero presumiblemente en cualquier momento podría convertirse en una oleada de paisanos y de extranjeros entre los que no distinguieron mayor cosa.
Imagínese, o vea, compruebe la situación en la que llegan estos paisanos y no paisanos. Los agarraron en una redada, los que tuvieron suerte, fue en sus domicilios. Allí los detuvieron sin nada más que lo que traían encima, sin documentos, con poco dinero, escasa ropa que no fuera adecuada a todo clima, etc. habiendo dejado a sus hijos, conyugue, familia, casa, vehiculos, empleo, lo que se le ocurra. Y ser depositados de este lado de la frontera, piense en el grado de frustración, de enojo con la autoridad, con cualquier autoridad, no solo con la de los Estados Unidos, y se encuentran con la policía mexicana, que está advertida que no quieren broncas de ningún tipo… y mucho menos, pleitos, broncas, grescas, motines, a los que esta población de desesperados, su estado mental es el de la desesperación.
El gobierno federal ha dicho que los recibirá con los brazos abiertos… y con una tarjeta paisano bienestar dotada de dos mil pesos… que no le sirven para nada, y menos si han estado ganando en dólares, bastantes si cubren jornadas extraordinarias, que hasta les permiten enviar las famosas remesas que los han elevado a nivel de héroes de la cuarta transformación.
¿qué harán una vez que se acaben los dos mil pesos? ¿aceptar los entre 20 y 35 mil empleos que ofrece la iniciativa privada?, ¿y después?, después se verán las caras con los policías, los de Coahuila, la guarida Nacional, la Marina y el Ejército, que es donde las cosas pueden ponerse feas.
¿De qué tienen instrucción de disuadirlos? ¿de robar, de asaltar, de saquear comercios, atacar el ferrocarril, intentar cruzar el puente en masa? La disuasión nos imaginamos no será platicándoles y con un brazo en el hombro, será a toletazos y disparos, de gas, de goma, o de acero, y eso irá a la cuenta política de los gobiernos estatales, a los que les están encargando la ingrata tarea.
Disuadiendo estamos…
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