Por Horacio Cárdenas
Uno de los principios fundamentales de la ciencia jurídica mexicana, suponiendo sin conceder, que algo así pudiera existir en este país, es aquel que reza algo así como que el desconocimiento de la ley no exime de la obligación de su cumplimiento.
Decía Boogie el Aceitoso, aquel personaje del caricaturista Fontanarrosa, refiriéndose a un cadáver, que estaba blanco, frío y duro como un lavabo, pues la descripción casa que ni mandada a hacer, como anillo al dedo como dicen los clásicos contemporáneos, con los profesionales dedicados al derecho, que no necesariamente a la justicia, tanto del lado de los que encierran como del lado de los que tratan de impedirlo, o que liberan al ciudadano que ¡chispas!, no sabía que estaba cometiendo un delito al incurrir en tal o cual conducta que pensaba que tenía derecho a realizar libremente.
En efecto, sabemos de infinidad de casos en los que, sea delante del juez o ante el encargado de devolverlo al mundo de los que están del lado correcto de las leyes, el ciudadano confiesa ingenuamente “es que yo no sabía…” instante en que todos los legistas, del lado que se hallen, se voltean a ver para comunicarse con solo la mirada su sentencia, ah… estos ignorantes… no saben que el estado de derecho bla-bla-bla. Ellos se hermanan, en contra de uno, que si es como un servidor, todo lo que tenga que ver con leyes me da repelús, y ya allí hay un principio de condena, por ignorante, por no ser como ellos, porque unos lo quieren castigar y los otros quieren sacarle toda la lana que puedan.
El otro día tuvimos un ejemplo clásico de esto, no a manos de un abogado, pero sí de un burócrata, que nos recetó una de esas que dejó a todos los que lo oían con el ojo cuadrado y preguntándose ¿en manos de estos fulanos estamos?
Resulta que un grupo de vecinos solicitó la presencia del Director de Desarrollo Urbano del Municipio de Saltillo, quien como buen jefe, no le gusta exponerse a tratar con los gobernados, y menos si no está parapetado detrás de su escritorio blindado nivel 7, así que mandó a un subordinado, su subdirector, que tampoco tenía demasiadas ganas de dar la cara, pero ni modo, ya no había más en el área, más que al pobre cuate que tienen cuidando “el árbol”, el nogal ubicado en la Calle Sauce de la Colonia Jardín, y el cual está cumpliendo la función de cuidarlo, para lo cual lo habilitaron con una cubeta, una cubeta de pintura vacía en la que se sienta, para no aventarse toda la guardia de pie. El infortunado fue el arq. Juan Fernando Pérez Charles, y allá se presentó a, supuestamente, dialogar, recibir las inquietudes, preocupaciones y quejas de los representantes de los habitantes de las colonias Parques, Jardín Oriente, Jardín y Ángeles, y en el momento en el que le exigieron los embravecidos vecinos tomar alguna decisión, se rajó como los meros machos, él iba igual, en representación de la autoridad, pero sin ninguna de esta.
Bueno, pues siendo gente disciplinada, la representante de la Colonia Parques, que fue la primera en exponer la situación que le ha venido a significar a la colonia la construcción primero de Plaza Galerías y más reciente el proyecto Parque Centro, todavía en desarrollo, y ante vecinos de ese fraccionamiento y de los otros señalados, la vecina dijo que desde el año 1994 habían hecho saber al Ayuntamiento la inconformidad de los colonos con la autorización de multifamiliares en la zona, toda vez que el uso del suelo indicaba que este era para unidades unifamiliares de baja densidad. Allí fue donde el funcionario, barriéndosela como su de abogado se tratara soltó, no bueno, eso de 1994 carece absolutamente de validez, porque los planes de desarrollo urbano tienen una vigencia de seis años, luego de transcurridos los cuales, se dan por cancelados, dando pie a la elaboración de otros. Ah bueno…
Fíjese como es la ley, esta disposición en concreto, en ningún lado dice que los planes de desarrollo urbano se tengan que cumplir como se aprueban, no por nada, más dan la apariencia de catálogo de buenas intenciones de parte de la autoridad que los aprueba, a sabiendas que transcurrido el plazo, perentorio como allí le llaman, ellos ya no serán funcionarios y si lo llegaran a ser, como el caso del arquitecto Pérez, se la sacan alegando que ellos forman parte del municipio, pero no deciden y no hacen.
En el año de 1994 los vecinos de Parques se quejaban que les estaban construyendo departamentos en terrenos destinados a casas unifamiliares, de que no contaban con área verde, y otros problemas que lejos de resolverse o aminorarse, han crecido exponencialmente gracias a los proyectos ya mencionados, Galerías y Parque Centro. En estos casi treinta años ¿qué se imagina que ha pasado?, pues sí, hay más departamentos, los terrenos que eran para el área verde… durante veinticinco años permanecieron en greña, hasta que el propietario, el fraccionador dijo, al fin que ya nadie se acuerda, y para pronto construyó un montón de localitos comerciales para los cuales no dejó más que dos cajones de estacionamiento para cada uno, para el del propietario del negocio, para el empleado, y los clientes que se vayan a estacionar a las calles del fraccionamiento Parques ¿total a quien le importa que estorben?
Las quejas se repitieron a lo largo de 30 años, más o menos cada cambio de administración ¿y usted cree que Desarrollo Urbano hizo algo en alguna de ellas?, nada de nada, nunca. Ahorita están esos departamentos ilegales, o no para que no nos acusen de ignorar la ley, dejémoslo en fuera de especificación, les falta el agua, se llenan de carros ajenos, y sus áreas verdes se perdieron para siempre…
O no… a lo mejor no, ¿y que tal si en el último, último plan de desarrollo urbano se contemplaba lo que dicen todos, lo del 15% del área verde, y se considerara omisión y violación a la autorización del fraccionamiento, ¿qué tal si se obligara al fraccionador a tirar sus mugres locales, por los cuales ni la inversión ha de haber sacado pues la mitad está permanentemente vacíos?, sí, que los tire, y no solo eso, sino que retire el escombro y construya el área verde que cada comprador adquirió junto con su terreno. Eso, eso sería lo justo, lo correcto, y si le escarbamos un poco, hasta lo legal.
Lo más grave de todo, amén de lo que pasa en Parques, es el precedente. Viene a resultar que como cada seis años se cambia el plan de desarrollo urbano, se haya cumplido o no el anterior, deja de obligar a los involucrados, cuyo único trabajo es sentarse a no hacer nada y estar pendiente de la redacción del siguiente para que no los obligue a nada, para lo cual están dispuestos a aceitar lo que haya menester.
¿De eso se trata la convivencia?, ¿de que si no estamos al alba de lo que pasa a nuestro alrededor, cada seis años haya que pelear para que no nos quiten lo poco que tenemos, ya que lo que merecíamos, pedíamos y se autorizó, se dejó morir sin que nadie moviera un dedo?, al rato nos van a tumbar las casas para hacer departamentos en los que nadie va a querer vivir por que no hay vialidades suficientes, ¿ah que no las incluye el plan de desarrollo urbano?, no importa, el próximo tampoco, estén seguros.
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