Redacción Más / IA
En el tramo 5 del Tren Maya, ubicado en Quintana Roo, se ha registrado un nuevo y preocupante daño ambiental. Activistas, incluido Guillermo D’Christy, han documentado el derrame de diésel y concreto dentro del sistema Aktun T’uyul de cavernas y cenotes. Este incidente ha generado escurrimientos de cemento y combustible, así como un persistente y fuerte olor a diésel en la zona afectada, donde el agua de los cenotes aparece turbia y contaminada.
D’Christy ha hecho un llamado urgente a Alicia Bárcena, próxima titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en el gobierno de Claudia Sheinbaum, para que visite personalmente el lugar y pueda constatar los daños causados. La necesidad de remediación es evidente, especialmente considerando las fallas en la Manifestación de Impacto Ambiental, que no ha logrado mitigar adecuadamente los efectos negativos del proyecto. La información fue publicada por la agencia Animal Político.
A pesar de las suspensiones judiciales otorgadas por un juez en Yucatán para detener las obras, estas continúan avanzando en el Tramo 5 del Tren Maya. La documentación previa ya había evidenciado el cierre de la cueva Oppenheimer, así como contaminación del agua y daños severos a los cenotes debido a múltiples perforaciones.

El impacto ambiental en la biodiversidad local es grave, con pérdida de hábitat para especies nativas y riesgo de extinción para especies endémicas. Además, existe preocupación por la afectación a acuíferos subterráneos y la invasión de áreas naturales protegidas, incumpliendo normativas ambientales vigentes.
Este proyecto ha generado opiniones divididas entre pobladores y autoridades, con manifestaciones de ambientalistas y comunidades locales en contra, argumentando daños irreversibles al patrimonio natural y cultural. A nivel internacional, hay crecientes preocupaciones por la conservación ambiental en México y desafíos legales enfrentados por los defensores del medio ambiente ante evaluaciones de impacto insuficientes.
Expertos han propuesto alternativas sustentables que han sido rechazadas por el gobierno, mientras que comunidades locales enfrentan presiones económicas para apoyar el proyecto. Se han organizado campañas de concienciación ambiental y se ha recibido apoyo internacional a movimientos contra el Tren Maya, subrayando la preocupación por la integridad de los cenotes como recursos hídricos y señalando informes científicos que advierten sobre consecuencias irreparables.
Finalmente, el debate continúa sobre la soberanía energética y la conservación del medio ambiente, con organismos de derechos humanos oponiéndose al desplazamiento forzado y abogando por la protección de las comunidades afectadas.