Atacama, Chile, 13/03/25 (Más / IA).- En el árido paisaje del desierto de Atacama, donde la vida parece imposible, los cactus Copiapoa han logrado prosperar contra todo pronóstico. Con más de 30 especies endémicas de Chile, estas plantas han evolucionado para absorber la humedad de la niebla conocida como camanchaca. Sin embargo, su resistencia y rareza han despertado el interés de coleccionistas alrededor del mundo, convirtiéndolos en el blanco de un lucrativo tráfico ilegal de especies.
El reciente juicio en Italia contra Andrea Piombetti, un comerciante y coleccionista de cactus, ha puesto en el centro del debate la necesidad de una legislación más estricta contra los crímenes ambientales.
Piombetti, autoproclamado ‘rey de los piratas de los cactus’, fue condenado a 18 meses de prisión y una multa de 26 mil dólares por su papel en el contrabando de más de mil ejemplares de Copiapoa. Su cómplice, Mattia Crescentini, recibió una pena de 12 meses y una multa de 19 mil dólares.
El caso se remonta a 2013, cuando las autoridades del aeropuerto de Milán Malpensa interceptaron un cargamento de 143 cactus con documentación falsificada, destinados a la residencia de Piombetti en Senigallia, Ancona. Al profundizar en la investigación, la policía descubrió más cajas con especies sustraídas ilegalmente del desierto chileno. A pesar de las pruebas, el proceso judicial inicial se vio truncado por la prescripción del caso.
No obstante, en 2020, una nueva denuncia llevó a la policía italiana de vuelta a la casa de Piombetti, donde hallaron más de mil ejemplares de Copiapoa. El análisis del suelo confirmó que las plantas habían sido extraídas de Chile, y las pruebas digitales revelaron una red de al menos 10 comerciantes ilegales y compradores frecuentes, incluyendo un cliente en Japón que le enviaba hasta 2,600 dólares mensuales.

El valor del contrabando fue estimado en 1.1 millones de dólares, lo que impulsó al gobierno italiano a abrir un nuevo proceso legal bajo la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES). Como parte de la Operación Atacama, 840 cactus fueron repatriados a Chile y actualmente se encuentran bajo custodia de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) en un invernadero del desierto de Atacama.
Sin embargo, la historia no terminó ahí. En septiembre de 2024, Piombetti fue arrestado en el aeropuerto de Santiago tras ingresar nuevamente a Chile, donde fue sometido a un juicio rápido y condenado a una multa de cinco millones de pesos chilenos (aproximadamente 5,300 dólares), además de recibir una prohibición de ingreso al país por 10 años.
El juicio en Italia marcó un hito al reconocer no solo el daño legal, sino también el perjuicio ambiental. La Associazione per la Biodiversità e la sua Conservazione (ABC) fue incluida como parte civil afectada, logrando que los condenados paguen 21 mil dólares en reparaciones para financiar la conservación de cactus. “Estamos dando a las plantas un derecho, un derecho a no ser destruidas porque son seres vivos”, afirmó Andrea Cattabriga, fundador de ABC.



A pesar del fallo, la amenaza contra los Copiapoa persiste. En Chile, voluntarios como los Caminantes del Desierto intentan proteger estas especies, escondiendo ejemplares de los cazadores furtivos y organizando expediciones para regarlas en medio de la sequía. Sin embargo, el cambio climático también pone en riesgo su supervivencia: temperaturas extremas, alteraciones en la niebla costera y la expansión minera afectan gravemente su hábitat.
Según estudios recientes, el 76% de las especies de Copiapoa están en peligro de extinción. “Están en un declive muy rápido. Algunos se extinguirán en estado salvaje pronto, es muy dramático», advirtió el investigador Bárbara Goettsch.
Mientras tanto, la Operación Atacama y el precedente judicial en Italia han abierto una nueva vía para combatir el tráfico de especies en peligro. Para los expertos, este caso podría sentar las bases para que los delitos ambientales sean tratados con mayor rigor en tribunales internacionales, estableciendo un sistema de compensación por los daños causados a la biodiversidad.
En el desierto de Atacama, mientras los Caminantes del Desierto recorren las colinas áridas en busca de Copiapoa, la incertidumbre sobre el futuro de estos cactus persiste. Pero entre la bruma costera, entre flores que aún logran florecer en condiciones extremas, queda la esperanza de que la justicia y la conservación puedan marcar la diferencia antes de que sea demasiado tarde.
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