DAR LA CARA    

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Cuenta la historia, más bien la leyenda negra, que siendo presidente de la república Porfirio Díaz, se enfrentó a los deudos, principalmente viudas pero también muchos hijos, de los mineros atrapados en la Mina de San Felipe y El Hondo, allá en el  municipio de Sabinas, en la Región Carbonífera de Coahuila. Cuentan las escasas crónicas del hecho, que Don Porfirio se bajó del tren presidencial, y allí dialogó con la gente, que con sobrada razón, estaba preocupada de que luego de la explosión en la mina de carbón, sus familiares hubieran fallecido, o en el mejor caso, que todavía estuvieran vivos, pero permanecieran atrapados, sin agua, sin alimentos, y con el peligro de que se les acabara el aire para poder seguir respirando, además, de la posibilidad de que en cualquier momento ocurriera otro derrumbe.

Como buen gobernante que era “El Llorón de Icamole”, Don Porfirio prometió todo lo que se suele prometer en esos casos: el envío de ayuda inmediata, destinar recursos ilimitados, salvar a los vivos y rescatar a los muertos, y ya muy moderno, pensiones para las viudas y becas para los huérfanos, y ya de pasada, un monumento memorial para que no se olvidara aquella tragedia, y por supuesto, enviar al congreso de la Unión iniciativa de ley para que se garantizara la no repetición de los hechos…

No es mentira pero exageramos, como dice la señorita Vilchis, esa que no sabe leer, pero que tiene su sección en las mañaneras de los miércoles. Don Porfirio sí se entrevistó con la gente, sí hubo promesas, pero las del momento, todavía no se inventaba el catálogo larguísimo de ofrecimientos, que se ha ido perfeccionando sexenio tras sexenio, hasta llegar al momento presente. Pero la verdadera razón de que Porfirio Díaz anduviera por la Región Carbonífera en enero de 1902, fue que había ido a Piedras Negras, imagínese, viajar desde la Ciudad de México hasta Piedras Negras, Coahuila, a recoger a su señora esposa, que venía, también por tren, desde Nueva York, de no haber sido por eso, se hubiera enterado del asunto “por los medios de comunicación”, básicamente los de San Antonio Texas, que documentaron lo sucedido, o en la reunión matinal del gabinete de seguridad… o sea que no se hubiera enterado, ni interesado, ni nada.

Según algunas cuentas más o menos fiables, en el mineral del Hondo murieron 141 mineros, aunque es probable que hubieran sido muchos más, porque en aquel tiempo la zona estaba llena de migrantes, principalmente chinos y japoneses, que laboraban en las minas en calidad de ilegales, luego de haber trabajado en el tendido del ferrocarril en los Estados Unidos, encontraron colocación en la Carbonífera. Mire qué curioso, desde entonces ya había migrantes en una región bastante agreste de nuestro estado, y del norte de México.

¿Cuántas veces un gobernante ha dado la cara a los problemas, sobre todo cuando hay mucha gente, con los ánimos exaltados, enfrente?, pues no, no muchas. Sabemos que, por ejemplo Miguel Alemán no recibió a los mineros de Nueva Rosita que emprendieron en 1951 la Caravana de la Dignidad, caminando desde Nueva Rosita hasta la Ciudad de México, allí les mandó un subalterno o varios a decirles que nada, que se regresaran al pueblo, y que no había nada para ellos. Lo que son las cosas, solo recordamos a Ernesto Zedillo enfrentando a una asamblea de víctimas de un huracán que afectó, qué raro, Acapulco, y donde hubo muchísimas víctimas que se llevó el agua o el deslave de los cerros, allá andaba el presidente y hasta se agarró a gritos con los afectados; pero ni Miguel de la Madrid con el terremoto de 1985, ni él mismo en San Juanico un año antes, ni Díaz Ordaz en 1968, ni Luis Echeverría en 1971, ni Salinas de Gortari en 1994, ni López Obrador en 2023, no, a los gobernantes no les gusta que nadie venga a incomodarlos, a hacerlos enojar o pasar un mal rato. Para eso existe toda la jerarquía de gobierno, desde secretario de estado hasta barrendero, para ponerse entre el mandatario y los mandantes.

Ni que decir que México enfrenta en estos momentos, bueno, la viene padeciendo desde hace décadas, pero el asunto se ha tornado crítico, con el asunto de la migración. Antes era un tema exclusivamente mexicano, y muy esporádicamente, involucraba a ciudadanos de otros países, eran nuestros conciudadanos los que buscaban migrar a los Estados Unidos en busca de una mejor forma de vida que la que podían encontrar en el país, pero aunque se movían por decenas de miles, siendo ciudadanos mexicanos, podían moverse libremente por el territorio sin ser vistos como un problema. Todo fuera que México comenzara a ser visto como un país de tránsito, el país de tránsito por excelencia, para que personas provenientes de cualquier parte del mundo, y por esto entienda lo que usted guste, usaran al país como trampolín de sus intenciones.

Dicen los sociólogos y los antropólogos, que la migración siempre ha existido, que es algo inherente a los seres humanos, como lo es para muchas especies de animales. Sí, nada más que el “hombre que es el lobo del hombre”, es la única especie, hasta donde sabemos, que busca impedir activamente que la gente venga y se instale aquí, o siquiera que la gente pase por aquí mientras busca llegar a donde sea que vaya.

Los periódicos, los noticieros, los portales, están llenos de noticias sobre la crisis migratoria. Están aquellas notas que tratan la cuestión de una manera descarnada, estrictamente numérica, dando cuenta del número de detenciones, el de incidentes, el de visas solicitadas u otorgadas, hay otras que tratan el aspecto humano, ¿Quiénes son, de dónde vienen, a quiénes dejaron atrás, con quién viajan, a qué aspiran?, son mucho más estrujantes, y también hay noticias, o debería hacerlas, sobre lo que está haciendo el gobierno para resolver un problema que no deja de crecer y complicarse. Estas, ni que decir, son las menos.

Sí, sabemos por ejemplo que hay un director del instituto nacional de migración, fulano que está demandado por su responsabilidad sobre el incidente en Ciudad Juárez en el que murieron 40 migrantes al quemarse la estación migratoria. Sabemos que Joe Biden visitó la frontera, Brownsville si no recordamos mal, como antes estuvo su antecesor Donald Trump, que este sí, lo mismo anduvo por El Paso que por San Diego y el mismo Brownsville. También vimos una escena espeluznante de Mr. Elon Musken Mc Allen, disparando un fusil Barret calibre 0.50, allí con el río Bravo al lado, no quedando claro si disparaba para acá o a quien.

¿Pero quien del gobierno mexicano se apersona en la frontera, y cuando llega a hacerlo, es para qué?, el presidente cuando mucho va a Cd. Juárez, y eso a la zona militar, lo mismo a Tijuana, a la zona caliente de Tamaulipas hace mucho que no viene, ni a Coahuila. La situación está de miedo, y cada vez más. Llegan migrantes por miles a diario desde el sur, desde el norte repatrían miles más, mexicanos, venezolanos, hondureños, haitianos, y más ¿y quien da la cara?, nadie. Lo último escandaloso que nos enteramos es que Migración había cesado las operaciones de repatriación porque se le había acabado el presupuesto… ai’ a ver si el año entrante y para qué mes… Y luego dicen que porque extrañamos a Don Porfirio… era el único que daba la cara, aunque fuera por casualidad.


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